LA MENTALIDAD DEL DEPORTISTA COLOMBIANO I CONFORMISMO: GRAN LIMITANTE

LA MENTALIDAD DEL DEPORTISTA COLOMBIANO I CONFORMISMO: GRAN LIMITANTE

Junio 23 de 1990: El aire que se respiraba tenía un olor a incertidumbre. A vaguedad. La Selección Colombia de fútbol escuchaba la charla técnica de Francisco Maturana en todo el centro de la cancha del estadio de Nápoles, pero había algo que incomodaba. Un no sé qué, que se extendía en el ambiente. El partido frente a Camerún, con todos los visos de favoritismo para Colombia, no lo cubría aquel halo de optimismo que sí se tuvo frente a Alemania.

15 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Y vino la derrota y consigo, de la mano, trajo toda clase de cuestionamientos. Que los premios, que la selección había menospreciado al equipo africano, que con la clasificación a la segunda ronda ya se había cumplido con el país. Pero además se culpó a René Higuita y a Luis Carlos Perea.

Qué faltó? Qué pasó?....

Mayo de 1990: En el imponente auditorio de levantamiento de pesas de Bulgaria y ante unas tribunas atiborradas de gente, el colombiano Heini Acevedo corrió emocionado a abrazar a sus paisanos. Acababa de ganar la medalla de bronce en el Campeonato del Mundo.

Cuando se dirigió hacia su entrenador, el búlgaro Mitrov Gancho, a la espera de una felicitación, éste, con su rostro rígido, le dijo: Ahora vaya llame a su mamá y dígale que quedó de tercero, que no pudo ganarle a los grandes, vaya .

Acevedo se retiró entristecido porque nunca esperó esa respuesta. En verdad, Gancho, el técnico que prestó sus servicios a la Federación Colombiana de Pesas hasta junio pasado, había trabajado a Acevedo para que quedara campeón y no tercero. Y pudo haber ganado.

Agosto 6 de 1980: Por primera vez Colombia consigue un título mundial en lucha. El pequeño Albeiro García, un niño que vivía en una casa de madera en el barrio El Pedregal de Yumbo, Valle, escuchó el Himno Nacional ya no en los altoparlantes del parque de su municipio cuando iba algún político, sino en Suecia. Le regalaron casa y le abrieron una cuenta de ahorros que acabó su papá por culpa del trago.

Su entrenador, el japonés Norio Okada, se lo llevó para su casa, lo alimentó bien, lo disciplinó y lo llevó al estrellato. Nunca pudo repetir más la hazaña porque consideró que tenía todo; además, la fama lo acabó, se retiró y el tiempo se encargó de enterrar al ídolo de la lucha. El 5 de marzo de 1990, en pleno centro de Cali, fue asesinado a puñal. Según pudo establecer la Policía, fue una venganza.

Noviembre 6 de 1988: En el coliseo El Campín de Bogotá, el país entero fue testigo del título mundial de hockey que por primera vez conseguía Colombia en la categoría mayores B y de paso el derecho para competir en el Mundial A de Argentina.

Cuando la selección, vanagloriada, llegó a Argentina, estalló un problema entre los jugadores y el técnico, al que se le agregaron una serie de exigencias que la rectora colombiana no podía cumplir. Resultado, la selección terminó en el último puesto de la tabla general, y ni siquiera salvó su mística y su compromiso con el país.

Estos son solo algunos ejemplos, de los muchos que reposan en los anales deportivos, que ilustran la mentalidad del deportista colombiano.

No es un asunto de manejo de fama. Es un algo, llámese agrandado , humos subidos o más bien falta de verraquera , como dicen algunos dirigentes y entrenadores, que se le mete en la sangre y no le permite alcanzar grandes metas, sino conformarse con resultados inmediatos y pequeños.

El conformismo es un mal de todo el país y no exclusivo del deporte. Pero en este último influyen la sociedad, los técnicos, los dirigentes, la familia y hasta la prensa. Es cuestión de hambre El futbolista colombiano se conforma con poquito , afirma Alexis García, capitán del Atlético Nacional. El deportista sale de un medio en el cual aguantó hambre y tiene complejos porque le tocó ir a la escuela con los zapatos rotos o el pantalón remendado. Desde niño siente un rechazo social. Pero de pronto sale del ostracismo para ser alguien .

La derrota frente a Camerún, en su concepto, obedeció a la mentalidad conformista con que se forma al colombiano. Somos felices con pocas cosas. Después del empate frente a Alemania, el equipo se relajó porque pensó que ya había cumplido .

Las aspiraciones en materia de contrataciones también son cortas. Para muchos ir a Europa no es lo ideal, porque aunque en Colombia ganan menos plata, garantizan el sancochito, la salsa y el calor de su tierra. Por más plata no se sacrifican. Los dólares no le compran el afecto.

La sociedad tiene la culpa, porque nosotros hemos sido criados con una mentalidad negativa, o sea de muy poquito , dice García. Pero en medio de todo esto, el futbolista ha cambiado y ha adquirido categoría. Antes lo primero que compraba era una grabadora, seis cadenas de oro, tres anillos, sesenta larga duración de salsa. Hoy ya piensa en el rancho para su viejecita y en su propio apartamento .

No obstante, como dice García, el colombiano tiene una mentalidad inmediata y facilista, y eso hace que no tengamos más logros. El colombiano ha sido enseñado a vivir a corto plazo, nunca a presupuestarse más allá. El hecho de perder el hambre es lo que no nos deja ir más lejos .

Por eso el técnico Hernán Dario Gómez nos dice ya todos tienen Mazda y apartamento, ya no quieren más? El trata de prendernos el fuego que de pronto algunos deportistas dejan apagar cuando han ganado cosas . Falta preparación sicológica Higuita considera que el futbolista necesita una preparación de tipo sicológico para asumir la responsabilidad de un Mundial. En Colombia el futbolista está bien dotado, tiene condiciones, pero nos falta mentalidad para dar todo lo que podemos dar .

Considera que faltan estímulo y organización de equipo grande para hacer sentir a los jugadores importantes. No es cuestión de acudir a una sofróloga, porque según Higuita, nosotros como jugadores no la aceptaríamos, tal vez de niños sí, pero ahora no. La cuestión está en organización: por ejemplo los hoteles, los sitios de entrenamiento, algo similar al Milán de Italia . Usted no cree que menospreciaron a Camerún y se conformaron con haberle empatado a Alemania? A mí me gustan las cosas difíciles. Los partidos aparentemente fáciles no me llaman la atención ni un poquito, porque tiene uno mucho que perder. A mí la vida, mi barrio, mi país me enseñaron que las cosas fáciles a nada conducen.

A Italia viajamos no solo convencidos de clasificar a la siguiente ronda, sino de alcanzar a disputar el torneo. Pero llegaron las otras cosas: un equipo al que le faltó organización, apoyo y que lo hicieran sentir grande . Usted no estaba agrandado? Usted ha sabido manejar su fama? No sabría contestar. Uno es el agrandado, el picado, porque mucha gente lo está observando, pero si hablan con uno, eso no es así . Uno se crece mucho El boxeador y el deportista colombiano, en términos generales, no están preparados para la gloria. En nuestro medio no hay formación hacia ella, con gente profesional, y uno se crece mucho de verse todos los días en los periódicos , dice Mario Miranda.

Pero lo difícil es mantenerse. Yo llegué y alcancé la gloria, después traté de buscarla nuevamente y no pude. Nosotros somos conformistas y no le prestamos mucha atención a las cosas , explica el boxeador.

Para el triunfo, no solo es importante el estímulo organizativo y económico, sino el afectivo, ya que la soledad es un sentimiento que en otras tierras no contribuye con la victoria.

Por ese algo que le falta a nuestro deportista, Colombia entera se ha quedado vestida de gala, con el aguardiente servido y la papayera lista. Y ejemplos abundan en nuestro historial: Cuando al América solo le bastaba el empate para ganar la Copa Libertadores frente al Peñarol de Uruguay, pero justo en el minuto de reposición la perdió; cuando el Happy Lora, el 29 de octubre de 1988, perdió su corona en la división gallo; cuando Fidel Bassa cayó derrotado el 30 de septiembre de 1989, en Barranquilla; cuando Lucho Herrera, en la última etapa entre Cheyenne y Denver, perdió el título de la Coors Classic.

Por eso aún vivimos de los recuerdos: Del apoteósico triunfo sobre México y Estados Unidos, en 1973, en la Copa Davis de Tenis; del empate en el Mundial de Chile, frente a la Unión Soviética; del título en el Tour del Avenir, de Alfonso Flórez, en 1980; Del de Martín Ramírez en el Dauphiné Libéré, en 1987; del de la Vuelta a España de Lucho Herrera, en 1987. Del título suramericano de baloncesto femenino, categoría mayores.

Y quién sabe por cuánto tiempo vamos a recordar el histórico empate frente a Alemania, en el estadio de Milán. (Mañana: El hambre no alcanza a fabricar triunfos).

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