DIABESIDAD : OTRO ENEMIGO MÁS

DIABESIDAD : OTRO ENEMIGO MÁS

Kilos y azúcar. Un matrimonio muy infeliz. Kilos, o sinónimo de sobrepeso y obesidad. Azúcar, es decir glicemia en la sangre, o sea, diabetes.

25 de septiembre 2002 , 12:00 a.m.

Kilos y azúcar. Un matrimonio muy infeliz. Kilos, o sinónimo de sobrepeso y obesidad. Azúcar, es decir glicemia en la sangre, o sea, diabetes.

Es allí donde estamos: de acuerdo con las investigaciones más recientes, la obesidad y el mismo exceso de peso deben ser considerados hoy como uno de los factores de riesgo más determinantes para la aparición de una diabetes. Se habla de la diabetes tipo II, antes llamada del adulto, y que las autoridades sanitarias mundiales clasifican como una de las grandes epidemias de estos comienzos de siglo.

Y sí es una epidemia la diabetes, al igual que lo son la obesidad y el sobrepeso. Miremos las cifras, de las cuales Colombia no está exenta: se calcula que hay hoy, en el mundo, algo más de 150 millones de personas diabéticas. De éstas, el 90 por ciento sufre de la diabetes tipo II. Si esta cifra no le impresiona, mire entonces el siguiente dato: en el transcurso de los próximos 25 años, y siempre de acuerdo con las proyecciones mundiales, la cantidad de personas diabéticas se habrá duplicado.

En cuanto a la obesidad y el sobrepeso, los porcentajes son aún más alarmantes: en Estados Unidos, por ejemplo, más de la mitad de la población sufre de algún grado de sobrepeso. De ellas, más del 20 por ciento son consideradas como obesas.

Lo grave en todas estas cifras es que ambas epidemias han tocado también las puertas de la infancia. En Francia, por ejemplo, cerca del 15 por ciento de los niños son vistos con algún grado de obesidad.

Y esta observación lleva a los investigadores a lanzar un llamado de alerta: precisamente la diabetes tipo II, la misma que hasta hace unos años se presentaba casi de manera exclusiva en la población adulta, está siendo diagnosticada a edades cada vez más tempranas. Es decir, en niños y adolescentes.

Usted se podrá preguntar porqué se han juntado, como una pareja infeliz y muy poco afortunada, la diabetes y la obesidad?.

Precisamente porque se observa, con cada vez mayor frecuencia, la altísima incidencia de diabetes en las personas que sufren de sobrepeso. Es más, algunas investigaciones llegan a afirmar que entre el 80 y el 95 por ciento de los diabéticos tipo II son obesos. Una investigación difundida por laboratorios Roche indica, además, que un obeso entre los 20 y 44 años tiene 3,8 veces más de riesgo de diabetes que una persona de peso normal. Y un sobrepeso de más de 15 kilos equivale a un riesgo casi nueve veces mayor de tener diabetes.

Aún sin relacionarlas la una con la otra, es menester recordar que tanto la diabetes como la obesidad predisponen a quienes las sufren a adquirir complicaciones graves. Entre otras, se mencionan los accidentes cardio y cerebrovasculares, los niveles altos de lípidos (colesterol y triglicéridos entre ellos), la hipertensión arterial, la arteriosclerosis.

Si hablamos de la diabetes, por sí sola, acarrea complicaciones tan serias como la disfunción renal, la destrucción del nervio óptico con la consecuente pérdida progresiva de la visión, las infecciones en el llamado pie diabético debidas entre otros motivos, a los daños en los nervios periféricos. Estos daños se extienden no solo a través de los miembros inferiores sino, además, y con el tiempo, a los órganos internos.

Se habla, entonces, de que un diabético que desconoce su enfermedad y/o que no se encuentra bajo control permanente, tiene 15 años menos de expectativa de vida. Se confirma, además, que los diabéticos tienen cuatro veces más riesgos de morir por enfermedades cardiovasculares.

En Colombia, al igual que en otros países del mundo, el Ministerio de Salud aprobó la Guía de Diagnóstico y tratamiento de Diabetes.

El programa, oficializado en agosto, incluye entre los medicamentos aptos para el tratamiento integral, el producto Xenical, investigado y comercializado por laboratorios Roche. El medicamento, aprobado en más de 149 países del mundo, es considerado hoy como el único medicamento que contribuye de manera eficaz a la pérdida de peso y al mantenimiento del peso adecuado.

Alto riesgo.

El factor hereditario y la edad (mayores de 40 años) han sido vistos como dos de los principales factores de riesgo cuando se habla de diabetes. También lo son la raza (en los negros hay mayor predisposición) y el sexo (mayor incidencia entre mujeres).

Estos son factores que no se pueden modificar pero que, a un mismo tiempo, ayudan a que la persona se mantenga alerta y bajo control médico con el fin de detectar la aparición o la presencia de una diabetes de manera muy temprana.

Ahora bien, también existen factores de riesgo que se pueden modificar, de manera muy concreta cuando se habla de la diabetes tipo II. Estos factores son:.

La obesidad y el sobrepeso.

El sedentarismo o inactividad física.

La malnutrición en la etapa fetal o intrauterina.

De ellos, la obesidad es quizá el más recurrente. Hasta el punto de que se ha acuñado hoy el término diabesidad ya que, como dicen los investigadores, no se puede hablar de la una sin mencionar la otra.

Enemigos implacables.

La obesidad no pasa inadvertida, como tampoco el marcado sobrepeso. En cambio, la diabetes sí es otro de los grandes enemigos sigilosos que, en silencio, y poco a poco, es capaz de llevar a su víctima a la muerte.

Sobretodo cuando se habla de la diabetes II. Que solo se detecta de dos maneras: cuando la persona acude, de manera regular y periódica, a un laboratorio clínico para practicarse las pruebas de glicemia en la sangre; o cuando la enfermedad ha avanzado tanto que comienzan a manifestarse los síntomas de la destrucción. Bien sea en los riñones, en los ojos o en cualquier otro órgano. Y, en este caso, es demasiado tarde.

Pero si volvemos a lo que se ha denominado la diabesidad, se pone de relieve la importancia de la prevención. Siendo el exceso de peso un factor de riesgo modificable, el tratamiento inicial consiste en emprender un programa de actividades físicas y una dieta alimenticia.

En esta primera etapa, no se ordenan dietas drásticas. Cuando se han perdido los primeros kilos de peso, de manera casi inmediata el riesgo comienza a decrecer.

Sin embargo, son numerosos los casos en que el ejercicio y la dieta no sean suficientes. Es entonces cuando el endocrinólogo ordena medicamentos que coadyudarán al tratamiento. El diabético, por su parte, deberá modificar sus hábitos de vida y comprometerse con un control permanente de los niveles de glicemia en su sangre.

Este es un compromiso obligatorio consigo mismo y, finalmente, con su vida.

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