BUSH Y LA CUMBRE

Nada novedoso salió de la publicitada cumbre entre los presidentes de Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, en Lima, si nos atenemos a las informaciones de prensa que sólo hablan de un pacto antiterrorista.

28 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

Nada novedoso salió de la publicitada cumbre entre los presidentes de Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, en Lima, si nos atenemos a las informaciones de prensa que sólo hablan de un pacto antiterrorista.

Del citado pacto ya se ha venido hablando desde la creación de la Iniciativa Regional Andina, una especie de compensación a los débiles vecinos de Colombia, ante el reclamo de que serían afectados con la aplicación del Plan Colombia.

El presidente Bush parece no extraer lecciones del pasado e insiste en aplicar las solas fórmulas represivas para luchar contra las drogas ilícitas, pero esta vez elevadas a la categoría terrorista, en cabeza de los grupos guerrilleros y de los paramilitares.

Fracasada la descertificación del Congreso norteamericano como arma de presión contra los países productores y ante la frustración por la poca eficiencia para controlar la oferta de las drogas, el gobierno de Washington parece decidido a emplear a fondo su capacidad tecnológica y militar, olvidándose del deterioro económico de los países andinos, de su inestabilidad política en aumento, de la agudización de sus conflictos internos, lo que ha llevado a diversos analistas a sugerir que la democracia en los mencionados países puede estar en peligro.

En un libro que acaba de aparecer del especialista Ibán de Rementería, llamado La guerra de las drogas, dice que "El conflicto por los usos alternativos de los recursos naturales de Colombia y de toda la región andino amazónica, respecto de sus finalidades lícitas e ilícitas, no será resuelto por medio de la violencia. En una economía mundial de mercado, donde la asignación de recursos se resuelve por medio de la concurrencia, el mercado mundial de las drogas es mucho más perfecto que los mercados lícitos de producto agrícolas y sus derivados. Allí no hay fronteras ni barreras aduaneras, ni tasas arancelarias, controles sanitarios, cuotas de importación, etc.".

El ex presidente Clinton afirmó hace unos días que seguramente él morirá antes de que en el mundo se legalice el consumo de drogas. Y seguramente Clinton tenga razón, mientras no se rompan los tres axiomas que rigen la economía: 1) que mientras persista la demanda mundial siempre habrá oferta de drogas; 2) que mientras subsista la crisis agrícola habrá producción de drogas y 3) que mientras persista la guerra de las drogas, el negocio de la provisión de narcóticos tendrá cubiertos sus riesgos.

Nadie le puede negar al Estado el legítimo derecho de combatir sus enemigos, de declararles la guerra, pero en materia de cultivos ilícitos es muy difícil ganarla mientras no existan estrategias de desarrollo alternativo con gran apoyo de comercialización. Sin ambiciosas soluciones económicas la sola represión seguirá generando más violencia.

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