GUERRA Y NACIÓN

El enfrentamiento con las Farc es otro coletazo de guerra fría, anacrónico por la subsistencia atípica aquí de la opción soviética extinguida. Es además reafirmación de la guerra como identidad nacional y legitimidad del Estado. Engels atribuyó la organización social a la propiedad; otros a agresividad biológica, a hostilidad y defensa territorial. Schopenhauer, Nietzsche y luego Freud atribuyeron a instinto, a impulso vital, lo que el hombre siente de sí mismo y lo que le rodea. Sería irracional y no racional la motivación real de lo que Grecia y Roma promovieron como civilización, como lo muestra la dominante, que favorece más al rapaz que al sapiens.

30 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

El enfrentamiento con las Farc es otro coletazo de guerra fría, anacrónico por la subsistencia atípica aquí de la opción soviética extinguida. Es además reafirmación de la guerra como identidad nacional y legitimidad del Estado. Engels atribuyó la organización social a la propiedad; otros a agresividad biológica, a hostilidad y defensa territorial. Schopenhauer, Nietzsche y luego Freud atribuyeron a instinto, a impulso vital, lo que el hombre siente de sí mismo y lo que le rodea. Sería irracional y no racional la motivación real de lo que Grecia y Roma promovieron como civilización, como lo muestra la dominante, que favorece más al rapaz que al sapiens.

Estos países provienen del etnocidio colonial, de imposición armada de civilización aparente, porque la nación europea provenía ya a su vez de desplazamiento de pueblos arriados por violación y saqueo. El mayor genocidio de la historia se apoyó en cepo, mastín y hierro. El Estado colonial surgió de conquista criminal; el supuestamente independiente de otra guerra, cuando la barbarie tuvo actos cenitales como Boves o Morillo. El Estado belicoso criollo se reforzó en las guerras religiosas del siglo XIX, en un país roto étnica, administrativa y geográficamente, un Estado deforme, supuestamente nacional, amparado por poder militar excesivo. El estado de sitio actual se conforma desde la bestial guerra bipartidista del medio siglo y de su prosecución entre las ideologías de las superpotencias.

La atrofiada institucionalidad nacional se entiende mejor desde la conflictividad que desde la ilustración moderna. Luego de fracasar otro episodio de pacificación, dirigencia y Estado se reordenan alrededor de la guerra y expresiones suyas como legislación y tributación de emergencia y recurso a la tradición militar, ahora con asistencia extranjera. Las elecciones giran alrededor de la guerra, sus variantes y la ferocidad de los candidatos, porque el Estado se entiende como monopolio de fuerza, reafirmando la inercia represiva y destructiva de esta civilización bélica. La recuperación del Caguán se llama Tánatos, apelativo que saldría del inconsciente, porque ni la universidad de la productividad ni las escuelas militares saben griego.

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