TRES FOTÓGRAFOS AL FILO DE LA MUERTE

TRES FOTÓGRAFOS AL FILO DE LA MUERTE

Esposados y con los ojos vendados, tres fotógrafos occidentales que fueron detenidos por soldados iraquíes, quienes los acusaban de espionaje, vivieron el sábado en Bagdad ocho horas de angustia. Se trataba del francés Laurent Van der Stockt, quien trabaja para la agencia Gamma; Patrick de Noirmont, de Reuter, y Thomas Kern, de Contact.

22 de enero 1991 , 12:00 a. m.

La aventura comenzó cuando salían del Hotel Rachid en un vehículo hacia Jordania, luego de que las autoridades de Bagdad pidieron a todos los periodistas extranjeros abandonar el país.

A la salida, un vehículo con soldados iraquíes obligó a nuestro chofer a detenerse. Nos hicieron bajar y nos acusaron de haber tomado fotos a través de las ventanillas .

De Noirmont cuenta: Fui arrojado al interior de un jeep, por militares que corrían en búsqueda de refugio durante una incursión aérea de los aliados sobre Bagdad.

Fuertes explosiones que se escuchaban en las cercanías sacudían el vehículo. Las baterías antiaéreas abrieron fuego. Pero ni Van der Stockt ni yo podíamos hacer nada para buscar protección.

Cuando terminó el bombardeo, la situación era aún peor. Nuestros captores volvieron a aparecer para golpearnos nuevamente en la cabeza y el cuello.

Pero quizá el peor momento llegó cuando un oficial nos acusó de espionaje y amenazó con hacernos ejecutar . Hubo alerta por un ataque aéreo.

Los guardias permanecieron unos 20 minutos en una trinchera y nos llevaron luego a una habitación. Un oficial comenzó a preguntarnos qué habíamos estado haciendo en Bagdad. Tomó nuestros pasaportes y los documentos que nos había proporcionado el Ministerio de Información para facilitar nuestra partida.

Esposaron entonces a Laurent y Thomas. No tenían otro juego de esposas para mí, de modo que me ataron las manos a la espalda con una tela blanca, el mismo material que usaron para vendarnos los ojos.

Me llevaron a un automóvil y me obligaron a sentarme con la cabeza sobre las rodillas. Mis colegas fueron conducidos a otro vehículo.

Poco después me trasladaron, a empujones, a lo que parecía ser un jeep militar. Laurent también fue introducido allí. No había signos de Thomas. Con puñetazos, los hombres se aseguraron de que mantuviéramos la cabeza inclinada sobre las rodillas.

Antes de que el vehículo se pusiera en marcha, comenzó otro ataque aéreo. Los militares buscaron protección. Nosotros permanecimos allí sentados.

Después del bombardeo, comenzamos finalmente el viaje, con los ojos todavía vendados. En la última parada, Thomas se reunió con nosotros.

Dos oficiales comenzaron a interrogarnos, mientras afirmaban que nosotros no éramos lo que decíamos. Usted es un mentiroso , me dijo uno de ellos, después de golpearme en la cabeza. Está acusado de espionaje y debe saber que se encuentra bajo la ley de la guerra .

Dos horas después nos introdujeron en lo que nos pareció nuestro automóvil. Se detuvieron en el camino y nos sacaron las esposas antes de llevarnos hasta la puerta del hotel.

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