FUNERARIAS CON FUNCIONES JUDICIALES

FUNERARIAS CON FUNCIONES JUDICIALES

Los de la funeraria buscaron el cuerpo por todo el sector de Belencito Corazón, en el occidente de Medellín. Nunca lo encontraron y solo pudieron recuperar la cabeza. Aunque se notificó a la Policía, ninguna autoridad competente subió hasta allá, como sucede desde hace más de diez años.

27 de septiembre 2002 , 12:00 a.m.

Los de la funeraria buscaron el cuerpo por todo el sector de Belencito Corazón, en el occidente de Medellín. Nunca lo encontraron y solo pudieron recuperar la cabeza. Aunque se notificó a la Policía, ninguna autoridad competente subió hasta allá, como sucede desde hace más de diez años.

Belencito Corazón es una de las múltiples zonas rojas urbanas de este país, en las que no entra nadie que no sea del barrio; mucho menos si es policía, investigador o fiscal. Además, es un campo de batalla para las milicias de la guerrilla en su lucha contra las células de las autodefensas, que han empezado a poblar el sector desde hace tres años.

Como nadie puede entrar, la mayoría de los muertos que produce esa confrontación deben ser recogidos por empleados de alguna de las 12 funerarias que en Medellín prestan ese servicio, que por ley debería proveer la Policía o el CTI de la Fiscalía.

En Colombia, gracias a la violencia del conflicto armado, las funerarias han terminado cumpliendo funciones casi de policía judicial. Además de la misión ordinaria de preparar y embalsamar cuerpos, y organizar honras fúnebres, también están efectuando tareas de identificación y de entrega de los cadáveres a las autoridades judiciales, para que estas hagan el levantamiento oficial.

Son más de 400 las funerarias que, en medio de la guerra, sobreviven recogiendo muertos de los dos bandos en puntos neurálgicos de Caquetá, Casanare, Bolívar, Chocó, Santander, Putumayo, Nariño, Antioquia, Huila y Cundinamarca, entre otros.

Ley del silencio.

Desde hace años, en las zonas de conflicto las funerarias son el principal apoyo en las labores de identificación, desinfección, preservación y embarque de los cadáveres , explica el profesor de la Facultad de Investigación Judicial del Tecnológico de Antioquia, Germán Antía.

Por ello, los dueños de las funerarias y sus empleados han empezado a adquirir códigos de comportamiento muy específicos. El primero de ellos es una especie de sigilo profesional que los hace sordos, ciegos y mudos acerca de las circunstancias en que encontraron un cuerpo.

Es que cualquier cosa que digamos puede ser usada en nuestra contra por alguno de los actores del conflicto , dice uno que trabaja en el Magdalena Medio y que pide reserva de su nombre.

Muchos inclusive temen que sus teléfonos estén chuzados . Conozco un caso de un funerario en Urabá al que los paramilitares tienen en la mira dizque por guerrillero. Y en el nordeste antioqueño, otro que está amenazado de muerte por las Farc, que creen que él es paraco . Ninguno de los dos se puede mover de su municipio , cuenta un empresario fúnebre de Medellín, que recoge muertos por encargo en diferentes partes del departamento.

Nosotros ya hemos puesto sangre en esta guerra , continúa. En Granada y El Peñol mataron a dos propietarios. Y eso que nosotros solo recogemos, sin preguntar qué hacía y mucho menos quién lo mató. Debería haber una norma que nos incluyera como neutrales en la guerra .

El investigador Antía dice conocer muchos casos de amenazas y extorsiones de guerrilleros y paras a las empresas fúnebres en los pueblos. Algunas furgonetas que se usan para recoger cuerpos han sido abaleadas, e incluso quemadas , asegura.

Transportar muertos por las carreteras colombianas es un riesgo que muchas veces se puede pagar con la vida. Una vez sapiaron que yo cargaba policías difuntos y me interceptaron unos guerrillos en el Carmen de Atrato. Les dije que no sabía quiénes eran, pero que si yo estaba haciendo algo malo, ahí mismo les descargaba los muertos. Me dejaron seguir pero me advirtieron que el día que cargara un policía era hombre muerto , relata un funerario del Chocó que se aventura por todo el Urabá antioqueño.

Cuando se trata de policías o militares muertos, ni las funerarias se atreven a ir, y prefieren contratar a campesinos (a los que llaman chulos ) para que los lleven al pueblo. El riesgo es tan grande que uno de estos chulos puede cobrar más de 10.000 pesos por kilómetro recorrido, dependiendo del sitio y del riesgo.

A uno le toca disfrazarlos, cambiarles la ropa y echarles otros muertos encima para que cuando revisen no descubran que son policías. Una vez fui a recoger uno por los lados de Yopal (Casanare) y me pararon las Farc. Bajaron el cadáver y le pegaron tres tiros , refiere el propietario de una funeraria del oriente de Boyacá.

Con todo, en el país existen zonas donde ninguna funeraria se arriesga a prestar el servicio de levantamiento de cadáveres. En Tibú, Puerto Santander y algunos sitios de Pamplona (Norte de Santander), por ejemplo, ya ni los chulos se aventuran a esa misión.

Recuerdo que una noche fuimos a recoger un cuerpo a Urimaco, en la salida a El Zulia, y nos empezaron a disparar desde el cerro. Como pudimos echamos el muerto en el carro y salimos pitados , recuerda uno de estos personajes.

En Risaralda sucede lo mismo. Empleados de una funeraria en Puerto Rico, en los límites con el Chocó, sostienen que no volvieron a las veredas cercanas por miedo. En esta zona, los grupos armados inclusive han parado carros particulares y los han obligado a llevar cadáveres hasta la entrada de los pueblos, donde los deben tirar.

Un ejemplo de esta prácticase dio el martes pasado cerca de San Carlos (Antioquia) cuando un grupo armado montó un retén ilegal y obligó a los pasajeros de un bus de la empresa Transoriente a llevar hasta ese municipio el cuerpo de una mujer de 23 años, que había recibido tres impactos de bala. Aún conocen los móviles del crimen, ni hay sindicados.

Los precios de la muerte.

Las funerarias tampoco entran al corregimiento de San Antonio del Chamí ni a Mistrató. Allí, los familiares tienen que cargar con los restos hasta la inspección de policía del corregimiento.

Como es lógico, esta misión adicional en la que se han empezado a especializar las funerarias de las zonas rojas implica sobrecostos en el servicio de pompas fúnebres. En Ciénaga (Magdalena), en el año 2000, se produjo una serie de masacres en la zona bananera y en el pie de monte de la Sierra Nevada de Santa Marta. Entonces, el servicio costaba un millón de pesos, que se aumentaba en 20 y 30 por ciento si había que ir a sacar al difunto de un área peligrosa.

En Cúcuta, que es campo de lucha de las autodefensas y las Farc desde hace un año, esa cifra puede subir a 1.500.000 pesos. Por esa plata, casi semanalmente, suben los empleados de las casas fúnebres a buscar cuerpos en los barrios Toledo Plata, Trigal del Norte, La Ermita, Antonia Santos, Los Olivos y Cerro Norte.

HABLA EL CTI.

Según Guillermo Ortega, director del CTI de la Fiscalía General de la Nación, las funerarias no están reemplazando a la autoridad de investigación judicial, pues ellas solo cumplen la tarea de traer cuerpos y entregarlos a Medicina Legal.

Nunca se queda un cuerpo sin ser inspeccionado por una autoridad afirma . Hay que entender que en las áreas de orden público turbado es muy difícil llegar a ciertos sitios. Nosotros, el CTI, no somos un cuerpo armado. Hace pocos días un miembro de la institución llegó a hacer la inspección de un cadáver en una zona roja del Tolima, pero resultó ser una trampa y lo mató la guerrilla.

Pero el CTI siempre está disponible. A veces necesitamos del apoyo de la Policía o del Ejército para desempeñar con seguridad nuestras funciones. Sabemos que por este motivo hay demoras, pero siempre se le hace la inspección a cada cuerpo, incluso cuando son traídos a las cabeceras municipales por las funerarias, por sus familiares o por los habitantes de la región .

EL TIEMPO intentó hablar con la Policía Nacional y con personal del DAS para conocer sus posiciones sobre el tema, pero ambas entidades prefirieron abstenerse de dar alguna declaración.

FOTO/Edgar Domínguez EL TIEMPO.

En veredas como Pomesia y Buenavista (Risaralda) ni siquiera los chulos se atreven a ir por los cadáveres. En su lugar, los familiares se aventuran en busca de los restos de sus seres queridos.

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