EL DESTAPE DE URRUTIA

EL DESTAPE DE URRUTIA

Apareció de improvisto. Una llamada repentina, una cita inmediata, un día apacible en la redacción de Deportes y, sin que lo imagináramos, camiseta roja y sudadera gris, María Isabel Urrutia llegó a EL TIEMPO dispuesta a responder sobre lo divino y lo humano. Y el dopaje, tan humano, aunque no estuviera en su lista, era inevitable.

09 de febrero 2002 , 12:00 a.m.

Apareció de improvisto. Una llamada repentina, una cita inmediata, un día apacible en la redacción de Deportes y, sin que lo imagináramos, camiseta roja y sudadera gris, María Isabel Urrutia llegó a EL TIEMPO dispuesta a responder sobre lo divino y lo humano. Y el dopaje, tan humano, aunque no estuviera en su lista, era inevitable.

Qué curioso. En tiempos de la sanción de la Federación Internacional de Pesas, en septiembre del año pasado, María Isabel Urrutia nunca quiso contestar el teléfono y se limitó a responder ruedas de prensa emotivas y evasivas. Era Diego Palacios, director de Coldeportes, quien daba los reportes oficiales. Pero ahora que la pesista busca un cupo en la Cámara, como por arte de campaña, decidió hablar en una entrevista publicada el martes pasado.

Hay que apuntar que habló claro, sin importar sus razones. Y que respondió sin tapujos cada uno de los cuestionamientos que se le hicieron en estas mismas páginas por su silencio y por los pasajes oscuros de sus testimonios. Su respiración se fue acelerando, la vehemencia reemplazaba su estilo tranquilo del comienzo y su tono era cada vez más fuerte.

Accidental o no, sin embargo, el dopaje de la única campeona olímpica de este país sigue siendo grave y no se puede apelar al cariño de los colombianos para que el asunto, como tantos otros, quede en el olvido.

María Isabel Urrutia se reconcilió con su imagen frentera, la de una deportista que se hizo a pulso. Eso no limpia su responsabilidad en el caso del dopaje, que la tiene aún si fue involuntario, pero ella la acepta. Quienes no han aceptado su responsabilidad en esto son Coldeportes y el Comité Olímpico Colombiano, que se han quedado en las peticiones de clemencia de Diego Palacios a la Federación Internacional de Pesas.

Por qué una campeona olímpica resulta dopada, por accidente según ella, intentando cuidar su propia dieta? Dónde están, entonces, la asesoría científica que deben recibir los deportistas de elite y la orientación mínima para todos los deportistas? Dónde, el rigor que evite dopajes involuntarios de una persona que compite con la camiseta de un país?.

El mundo, con sobradas razones, persigue al dopaje y Colombia no puede darle a esto la espalda. Son muchos, lamentablemente, los casos de dopaje en el planeta. Pero no todos por accidente. Cuál será, sin embargo, el próximo deportista de colombiano de elite que resulte dopado por accidente , mientras cuida su dieta?.

torale@eltiempo.com.co

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