LOS PÁRAMOS, DE UN HILO

LOS PÁRAMOS, DE UN HILO

Un grupo selecto de científicos nacionales y extranjeros ha lanzado desde la ciudad de Paipa (Boyacá) una angustiosa alerta ante lo que ya se vislumbra como una verdadera catástrofe ecológica si los colombianos no emprendemos con premura la protección de los páramos, uno de los sistemas más ricos en fuentes de agua potable. Este ecosistema, caracterizado por una variada vegetación, una fauna exótica y el privilegio de ser cabecera de muchos ríos que dan origen a las diversas cuencas nacionales, enfrenta múltiples amenazas y, como mucha de nuestra riqueza natural, se encuentra desprotegido por el Estado.

20 de mayo 2002 , 12:00 a. m.

Un grupo selecto de científicos nacionales y extranjeros ha lanzado desde la ciudad de Paipa (Boyacá) una angustiosa alerta ante lo que ya se vislumbra como una verdadera catástrofe ecológica si los colombianos no emprendemos con premura la protección de los páramos, uno de los sistemas más ricos en fuentes de agua potable. Este ecosistema, caracterizado por una variada vegetación, una fauna exótica y el privilegio de ser cabecera de muchos ríos que dan origen a las diversas cuencas nacionales, enfrenta múltiples amenazas y, como mucha de nuestra riqueza natural, se encuentra desprotegido por el Estado.

En el marco del Congreso Mundial de Páramos, cerca de medio millar de expertos, maravillados con el tesoro que son nuestros páramos, llamaron la atención sobre la urgencia de salvar estos ecosistemas de la destrucción. Y es que la expansión descontrolada de la frontera agrícola a través de cultivos mecanizados como la papa y de la ganadería, la minería, el excesivo comercio de flora y fauna, los corredores viales, con la consecuente fragmentación de los hábitat, y ahora el conflicto armado y los cultivos ilícitos amenazan con acabar con uno de los más ricos proveedores de servicios ambientales que hay sobre la Tierra.

Científicos como Thomas van der Hammen, Robert Hofstede, Carlos Castaño Uribe, Maximina Monasterio y Joaquín Molano Campuzano propusieron estrategias para el manejo y recuperación de los páramos andinos. Ojalá sus iniciativas no encuentren oídos sordos y se pongan en marcha sin demora ni excusas. Empezando por aquella que recomienda acabar con esas absurdas contracciones en las que incurre el Estado cuando, por un lado, promulga decretos para proteger los páramos, mientras, por el otro, presta recursos para incentivar cultivos en esas zonas.

En Colombia, según el profesor Van der Hammen, se han deforestado en los últimos 30 años más de 500 mil hectáreas de páramo. El caso de la zona norte del Cauca es muy elocuente, pues de 14.305 hectáreas de páramos existentes, 13.568 están desprotegidas. Uno de los factores que propician el uso infortunado de los páramos es la pobreza, pues, según el científico holandés, que lleva cerca de 40 años dedicado al estudio de los ecosistemas colombianos, la destrucción progresiva del páramo está ligada a las necesidades del campesino sin tierra, obligado a desplazarse hacia las partes más altas de las montañas, con la aniquilación consiguiente de las especies de flora y fauna.

El llamado que han hecho Van der Hammen, Ernesto Guhl Nannetti y demás científicos participantes en el Congreso tiene, en el mejor sentido, un propósito alarmista, es decir, de alertar ante la inminencia de una tragedia. Si queremos conservar la poca o mucha diversidad que nos queda, se requiere la aplicación inmediata de medidas eficaces para proteger los páramos, que en Colombia constituyen un ecosistema casi único en el mundo. La cuna de vida, como llama a los páramos el líder del cabildo indígena Sesquilé, Carlos Alberto Mamanché, corre el peligro de fenecer en menos de un cuarto de siglo en las manos de un Estado que casi nunca escucha las advertencias de la comunidad científica sobre el desolador futuro de un país que deja morir su principal fuente de agua.

Entre las medidas inaplazables están las de que el Estado asuma como política oficial la protección del ecosistema paramuno, la prohibición de las quemas, el trabajo directo con la gente que habita los páramos, para inculcarle la importancia de su conservación, la declaratoria del sistema colombiano de páramos como reservas naturales y áreas protegidas, bien sea por decretos gubernamentales o por su establecimiento como ecosistemas intangibles en la Ley de Ordenamiento Territorial, y convertir la explotación comercial de páramos en un delito ecológico.

Todos estos congresos mundiales, declaraciones, propuestas y fórmulas salvadoras del sistema colombiano de páramos son plausibles, pero resultarán inocuos si no van seguidos de respuestas prontas del Estado. Cuidar nuestros páramos equivale a garantizar que las próximas generaciones de colombianos no se mueran de sed ni tengan que afrontar la escasez de agua que ya hoy padecen otras regiones del planeta.

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