US$ 3.000 PARA HUIR DEL TERROR DE BAGDAD

US$ 3.000 PARA HUIR DEL TERROR DE BAGDAD

El miedo y la psicosis se apoderaron de la capital iraquí luego de los repetidos ataques aéreos aliados y muchos residentes indicaron que temían más aún una posible represalia de parte de Israel. Hasta el sábado anterior, los ataques de las fuerzas aliadas parecían estar principalmente confinadas a objetivos militares y gubernamentales.

22 de enero 1991 , 12:00 a. m.

Muchos iraquíes, a quienes se les ha enseñado que Israel era su principal enemigo, creían que un ataque israelí sería salvajemente indiscriminado.

Los primeros ataques con bombas y misiles se produjeron el jueves pasado temprano y luego de comprobarse que los daños fueron limitados, hubo una sensación de alivio, incluso de celebración.

El primer ataque de Bagdad a Israel con un misil fue seguido con júbilo, considerarse que los iraquíes habían sido capaces finalmente de romper una impenetrable barrera y pegarle al enemigo en su propia casa.

Pero la respuesta israelí no llegó. El tema fue motivo de cada diálogo, censurado o no, y los medios oficiales de prensa no informaron sobre la decisión israelí, por lo menos temporariamente, de abstenerse.

Los continuos ataques aliados, junto con las preocupaciones sobre Israel, motivaron que muchos estuvieran al borde del pánico en momentos en que los pocos periodistas occidentales que quedaban en la capital recibían órdenes de salir del país a más tardar el sábado.

Las autoridades nos dijeron que no podían garantizar por más tiempo nuestra seguridad, aunque permitieron quedarse a tres periodistas de la cadena de televisión CNN de Estados Unidos.

Desde que la primera bomba cayera sobre la ciudad, la mayoría de nosotros habían sido confinados al Hotel Al-Rasheed, pero en la noche del viernes el fotógrafo de la revista Newsweek Andy Hernández y yo nos aventuramos a una caminata de cinco kilómetros en la ciudad.

Dijimos a los funcionarios del ministerio de Información que necesitábamos salir para comprar algunos alimentos que no estaban disponibles en el hotel de 400 habitaciones.

Todas las tiendas comerciales estuvieron cerradas excepto unas pocas en la calle Sadoun y el área de Masbah. Las calles estuvieron casi vacías.

Muchas de las personas que vimos, incluso adolescentes, habían sido armados por el gobierno, principalmente con fusiles de asalto AK-47.

Al producirse los ataques las personas que tenían esas armas respondieron abriendo fuego, dando lugar a un mayor peligro para los ciudadanos iraquíes que los propios aviones supersónicos que no eran vistos en la obscuridad.

Y los ataques continuaron, parecían cambiar de objetivos alrededor de la ciudad y parecían ser más intensos.

El bombardeo no cesó en Bagdad. Mientras nos dirigíamos a la frontera jordana, vimos una fábrica que se quemaba cerca de Ramadi, a unos 125 kilómetros de Bagdad. Al parecer el avión que la atacó le hizo un solo disparo.

Cerca de Rutbah, la última población iraquí antes de la frontera, vimos un inmenso cráter, posiblemente de una bomba que tuvo como objetivo una represa vecina y un puente. Ambas instalaciones estuvieron custodiadas por baterías iraquíes antiaéreas.

El cráter tenía más de 30 metros de diámetro y unos tres metros de profundidad. Probablemente fue hecho pocas horas antes debido a un gran número de iraquíes que se encontraba en los alrededores.

A mitad de camino, el chofer nos exigió el pago de 3.000 dólares convenido por el viaje.

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