BUSCAN AYUDA PARA PEDRITO

BUSCAN AYUDA PARA PEDRITO

Rosalba García Molina hizo el viaje hasta Chiquinquirá tranquila y algo contenta, pese a los inconvenientes de viajar con Pedrito, su hermano de 12 años.

26 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

Rosalba García Molina hizo el viaje hasta Chiquinquirá tranquila y algo contenta, pese a los inconvenientes de viajar con Pedrito, su hermano de 12 años.

El niño sufre retardo mental y, dice la joven, toca lidiarlo como si fuera de tres años porque es muy inquieto. Pero todo esto era soportable ya que el viaje a la Ciudad Mariana era para dejar al niño internado en Asprodis, uno de los pocos centros para niños con discapacidad mental que hay en Boyacá.

Para dejar al niño (hecho que no deja de causarles tristeza), habían conseguido un cupo gracias a gestiones que realizó en ese sentido la Primera Dama de Tunja, y esto iba a aliviar un poco la difícil situación de la familia de Pedrito, conformada por la mamá y siete hijos, todos muy pobres.

Pero al llegar a la entidad en Chiquinquirá se llevó una desagradable sorpresa. Los funcionarios de Asprodis le indicaron que no podían recibir al niño porque no se oficializó a última hora- el cupo de entrada del paciente y sin el aval de la Gobernación o la Alcaldía no había a quien cobrarle la mensualidad respectiva (310 mil pesos mensuales).

Rosalba tuvo que devolverse desconcertada y dolida. Entre todos en la familia habían hechovacai para reunir lo de los pasajes. Ella misma, que se gana la vida trapeando colectivos hasta tarde en la noche, oficio por el que le pagan 500 pesos por cada vehículo aseado, le restó a su pobre presupuesto lo de la leche de sus dos pequeños hijos para dar la parte que le correspondía.

Con el rechazo de la entidad volvió la angustia y el desespero a la familia García Molina. Mi mamá está postrada en cama porque tiene cáncer de útero, mis dos hermanos pequeños, de 11 y 14 años, se están enfermando sicológicamente por causa del problema de Pedrito y en la escuela tienen dificultades con su rendimiento, y para colmo de males, casi no tenemos con qué pagar el arriendo , dice Rosalba, que a sus 19 años prácticamente debió asumir la responsabilidad con sus hermanas y su mamá, además de la de dos hijos. Para los gastos, la joven madre hacemalabaresi con los 70 mil pesos que gana al mes, y eso trabajando duro en Fuente Higueras, en el oriente de Tunja, sitio donde realizan la labor de trapear los colectivos.

La mayor carga es el niño discapacitado. Su conducta y comportamiento son difíciles de soportar por sus hermanos pequeños y esto los está enfermando, aunque, dice Rosalba, que también ellas se sienten mal, desesperadas ante la incapacidad para manejar adecuadamente la enfermedad mental de Pedro.

Yo sé que hay gente de buen corazón que podría ayudarnos. De pronto entre los programas del gobierno en salud, educación y vivienda de interés social nos pueden incluir. Somos gente honrada, pobre y trabajadora. Mi mamá se nos está muriendo, por favor ayúdennos , pide Rosalba Molina. Ella y su familia viven en el barrio Ricaurte de Tunja y asegura que han golpeado muchas puertas para solicitar colaboración. Hemos estado en Bienestar Familiar, la Red de Solidaridad, la primera dama de Tunja, doña Olga Castro, sin que haya resultado algo bueno, excepto por la buena voluntad que mostró ella (la esposa del alcalde, Pablo Guío) para tratar de internar al niño en Asprodis , señala la joven mujer, cabeza de un hogar que se consume, no sólo por el hambre, sino también por la angustia de no poder solucionar los problemas de salud de la mamá y el pequeño Pedro.

Asprodis responde.

Asprodis es un centro para la atención del niño discapacitado mental. Es una institución privada que funciona en Chiquinquirá. Sus directivos indicaron que solo mediante convenios con una entidad, el gobierno departamental o municipal, puede recibir un paciente. La entidad carece de solvencia económica para poder financiar por sí misma el cuidado de un interno. El costo, en el caso de Pedro, es de 310 mil pesos.

Foto Rodolfo González.

El niño, Pedrito, como lo llaman en su casa, tiene 12 años y necesita atención especializada. El pequeño sufre discapacidad mental y su familia no tiene como pagar un centro especializado.

Foto:La señora Rosa García, madre de siete hijos, trata de pasar la mayor parte del tiempo con Pedro, cuando sus dolores por el cáncer que sufre se lo permiten.

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