FERNANDO CARRILLO: UN SARDINO CON ESTRELLA

FERNANDO CARRILLO: UN SARDINO CON ESTRELLA

En 1981 recibió el primer aviso de que en su vida iban a pasar grandes cosas: cuando a sus 18 años de edad prácticamente estaba condenado a medir escasos 1.60 metros de estatura, sin saber cómo, de un solo totazo , aumentó 32 centímetros. Años atrás, cuando estudiaba bachillerato en el Liceo de Cervantes, convencido de que se iba a quedar enano decidió estudiar karate para no dejarse de sus compañeros más altos. Le puso tanto empeño que rápidamente pasó todos los niveles y obtuvo el cinturón negro.

06 de agosto 1991 , 12:00 a.m.

Cursaba el segundo año de Derecho en la Universidad Javeriana cuando llegó a medir 1.92 de estatura, y desde entonces su vida ha tenido un ascenso vertiginoso.

Terminó su carrera en 1985 con tesis de grado laureada. Desde entonces la buena estrella lo acompaña. Recién egresado fue nombrado secretario general y director (e) del Instituto Colombiano para la Juventud y el Deporte (Coldeportes). También fue designado presidente del Año Internacional de la Juventud.

El joven abogado viajó en 1987 a la Universidad de Harvard, Estados Unidos, donde obtuvo el master en Derecho Público y Finanzas Públicas.

Allí fue alumno del entonces candidato presidencial Michael Dukakis, quien lo seleccionó como asesor de la campaña en virtud a sus agudos comentarios sobre asuntos políticos y jurídicos. Durante su permanencia en Boston, sede de la prestigiosa universidad, se desempeñó como asesor legal de la alcaldía.

Con sus títulos debajo del brazo, Carrillo regresó a Colombia y rápidamente escaló posiciones hasta llegar al Ministerio.

Nacido en Santa Fe de Bogotá el 13 de mayo de 1963, se declara creyente de la Virgen de Fátima.

Es un liberal convencido de que serlo es algo más que integrar las filas de un partido: es una ideología. Y hasta se le ha oído decir que es una grosería que la gente menor de treinta años diga que es liberal o conservadora.

Paradójicamente, la muerte de Luis Carlos Galán, en agosto de 1989, fue el trampolín para que Carrillo obtuviera notoriedad nacional.

Hábilmente captó el clamor popular que pedía un cambio en las instituciones del país y lideró el movimiento estudiantil que promovió la inclusión de la séptima papeleta en las elecciones del 11 de marzo del año pasado. Ese mecanismo fue el puente para el posterior acuerdo que dio vida a la Asamblea Nacional Constituyente. Allí, Carrillo intervino activamente.

La vida pública del hoy Ministro de Justicia adquirió una mayor dimensión cuando se vinculó a la campaña presidencial de César Gaviria, en la que coordinó durante marzo y agosto de 1990, el Comité de Justicia, órgano asesor de las reformas que el nuevo mandatario se proponía introducir.

Cuando Gaviria fue elegido presidente, Carrillo se convirtió en Consejero para la Reforma Institucional, trampolín para su posterior elección como el más joven integrante de la Asamblea Nacional Constituyente.

Desde la presidencia de la Comisión de Justicia del organismo reformador, Carrillo fue un abanderado de las tesis presidenciales sobre el tema.

Hoy, cuando Carrillo tome posesión del Ministerio de Justicia, tal vez no tendrá tiempo de pensar en su afición por Joe Arroyo. Tampoco tendrá mucho tiempo para dedicar a sus amigas. Ahora el asunto es administrar un Ministerio que en la pasada administración hizo crisis de manera permanente y al que en el ciclo Gaviria, ya le había llegado el agua al cuello.

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