HOLOCAUSTO

HOLOCAUSTO

El 12 de julio de 1952, al mediodía, un convoy del Ejército Nacional que efectuaba un patrullaje de rutina sobre la margen derecha del río Meta, en el sector comprendido entre Puerto López y el Manacacías, fue objeto de una emboscada por una fracción de la guerrilla partidista.

12 de julio 2002 , 12:00 a.m.

El 12 de julio de 1952, al mediodía, un convoy del Ejército Nacional que efectuaba un patrullaje de rutina sobre la margen derecha del río Meta, en el sector comprendido entre Puerto López y el Manacacías, fue objeto de una emboscada por una fracción de la guerrilla partidista.

El convoy había partido a la madrugada de la finca Potosí , de propiedad del ex presidente Alfonso López Pumarejo, ubicada unos kilómetros adelante del alto de Menegua, que había sido tomada por el Ejército como campamento. El centenar de hombres, entre guías, oficiales y soldados, así como su bastimento de campaña se movilizaban en varios camiones.

En terrenos de la finca El Turpial el camino abandonaba los bancos de la sabana y se recostaba sobre el barranco de río. En ese sitio, ocultos en una mata de monte, un puñado de guerrilleros esperaban el paso de la tropa y habían atravesado unos troncos sobre la huella del camino.

Uno a uno fueron llegando los camiones y cuando se disponían a remover el obstáculo, fueron sorprendidos por las ráfagas de una ametralladora y fusilería. Sobre la sabana quedaron tendidos los cuerpos de 96 muchachos cuyas edades oscilaban entre los 18 y 20 años, en su mayoría procedentes de la costa norte del país, salvo tres oriundos de Villavicencio: Darío Salazar, Pompeyo Avila y mi hermano Guillermo Burgos.

En ese lugar no ha habido una cruz ni nada que perpetúe la memoria de esos héroes anónimos. Hubo una lápida perdida en la sabana, recordatoria del jefe guerrillero que recibió el tiro de un soldado moribundo, cuando desde un montículo arengaba a sus huestes famélicas por el éxito obtenido.

Cuarenta y dos años después (en 1994), tras el asesinato del comandante de la Cuarta División, general Gil Colorado, se erigió en el sitio del hecho un monumento, presidido por el busto del general, sin que se hubiese reservado un espacio a los 96 muchachos sacrificados en El Turpial .

Nunca es tarde para reparar esa injusticia o simple indiferencia.

*Abogado e investigador histórico

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