CAMBIARON LAS ARMAS POR LOS LIBROS Y LOS CUADERNOS TRES POLICÍAS, TRES MAESTROS, UNA ESCUELA

CAMBIARON LAS ARMAS POR LOS LIBROS Y LOS CUADERNOS TRES POLICÍAS, TRES MAESTROS, UNA ESCUELA

Cuando comenzaron a desempeñar sus cargos de policías en Castilletes, los tres agentes se trazaron como objetivo hacer algo más por la comunidad. Lo que a Julio César Pozuelo, Elvis Martín Correa y José Alfredo Villarreal no se les pasó por la mente era que terminarían convertidos en maestros bilinges, pues ahora también hablan el dialecto wayunaiki.

16 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Los entrenamientos que recibieron antes de ser enviados a esta alejada y casi olvidadada población fronteriza tuvieron que ver apenas con armas y demás material para salvaguardar el orden público.

Apenas llegaron, asumieron el papel de vigilantes que les correspondía, pero además se dieron a la tarea de conocer a las gentes del pueblo y sus necesidades, especialmente las de los niños. Muy pronto se dieron cuenta de que el pueblo no tenía escuela y, sin pensarlo dos veces, se propusieron construirla. Así se lo hicieron saber a su comandante, el coronel Carlos Alirio Mesa, quien apoyó la idea.

Que los niños no tuvieran donde aprender a leer y escribir era triste, pero lo era más saber que todo lo que allí se aprendía era de Venezuela; hasta el Himno Nacional de ese país.

Para llevar a cabo tan loable labor se valieron de los folletos del Plan Camina, que utilizaron como útiles de enseñanza que entregaron a los primeros treinta niños que reclutaron en las rancherías cercanas.

La barrera más grande que encontraron para poder cumplir el objetivo fue la del idioma, pues sin poder comunicarse, el esfuerzo resultaría inútil. Así lo entendieron y buscaron la manera de resolver el problema: aprender el wayunaiki. Fue fácil por el empeño que pusieron y eso les facilitó el poder enseñarles el castellano a los indígenas.

Al cabo de tres meses, la comunicación dejó de ser obstáculo y se pudo iniciar el programa de enseñanza, que a estas alturas ya va por el tercer nivel básico. El número de alumnos aumentó a 85 niños nativos.

Por norma, los agentes sólo permanecen en el cuartel de Castilletes tres meses, pero Pozuelo, Correa y Villarreal ya llevan tres años de estar allí y todo parece indicar que continuarán en ese lugar hasta organizar toda la primaria.

Ellos viven las angustias de sus alumnos. Cuentan, por ejemplo, que sus alumnos vienen desde Paraguachón, a dos horas de camino; de La Romana, a cuatro horas; de Puerto Libre, a tres horas; de Isorú, a cinco horas; de La Flor de La Guajira, a tres horas, y hasta de Puerto López. Inclusive del otro lado de la frontera.

La mayor satisfacción que han sentido es el respaldo de los padres, el entusiasmo de los muchachos y la seguridad de haber acertado en el método de enseñanza --la única explicación al éxito logrado-- ideado y perfeccionado por ellos mismos.

Dos barranquilleros (Pozuelo y Villarreal) y un antioqueño (Correa), conforman este trío de esforzados y ejemplares policías que les enseñan a los niños de Castilletes, además de leer y escribir, a conocer y amar a nuestra patria.

El Comando les ha ofrecido su respaldo mediante acción más efectiva y concreta: la escuelita será terminada, contará con servicios sanitarios y será ampliado el comedor.

Pero ahí no para todo. Los agentes se dieron cuenta que para los muchachos era tan importante aprender a leer, como poder recrearse. El deporte más popular en Castilletes es la bola criolla (una combinación de bolo y tejo en el que unas bolas deben atinar a donde está el boche, que es un tejo de barro).

El agente Correa no sólo se especializó en el juego para poder practicarlo con sus alumnos, sino que está organizando un campeonato binacional con el apoyo de La Guardia Nacional Venezolana y La Policía colombiana.

No era el propósito de los agentes hacer méritos en busca de estímulos, pero están orgullosos de haber recibido las insignias de dragoneantes que les impuso el coronel Mesa, justo premio a una tarea que merece todos los reconocimientos posibles por los servicios prestados a la juventud de Castilletes.

Necesitan todavía de muchas cosas, pero su mayor anhelo es que tanto el gobierno departamental como el nacional se vinculen a esta remota región, a través de Caminos Vecinales, y se abran vías que faciliten la comunicación del puesto de policía con las rancherías, con Uribia y Maicao.

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