MITÚ: ENTRE LA SELVA Y LA POBREZA

MITÚ: ENTRE LA SELVA Y LA POBREZA

Maximiliano Veloz García es, sin duda, uno de los alcaldes más singulares que hay en el país. Para empezar, él es el primer indígena que, por votación popular, llega a ser alcalde de una capital de departamento.

13 de enero 1993 , 12:00 a.m.

Pero también es el único alcalde colombiano que tiene que contratar una avioneta para visitar algunas de las lejanas comunidades que gobierna, porque, si fuera en canoa, se gastaría por lo menos veinte días en la lenta y penosa travesía de ida y vuelta.

Lo que sucede es que él es el alcalde de Mitú, una tierra hermosa pero pobre, remota y olvidada, que tiene una zona rural enorme porque es el único municipio que existe en todo el Vaupés, pero su casco urbano es tan pequeño que parece mentira que sea la capital de un departamento.

En realidad, Mitú es un mundo insólito. Aquí solo se puede llegar en avión, ... porque no existe ninguna carretera que venga desde ningún otro pueblo! Solamente hay 20 carros, tres de ellos particulares, y todos fueron traídos en avión. Lo malo es que no pueden ir a ninguna parte, porque la única carretera que están haciendo, desde hace ya casi 20 años todavía no ha salido del municipio y aún no llega a ningún lado...

Además, aquí sólo hay 135 teléfonos y apenas uno es de servicio público. Hay racionamiento de agua a pesar de que el río Vaupés atraviesa casi por la mitad del pueblo; y solo hay luz eléctrica seis horas cada noche porque el combustible para las plantas eléctricas es muy costoso. La razón: hay que traerlo en avión desde Villavicencio.

Como casi todo, y por eso los precios son tan altos: una gaseosa vale 500 pesos, un galón de gasolina cuesta 1.700 y por un bulto de cemento hay que pagar 27.000 pesos.

Y, como si todo eso fuera poco, Mitú es uno de los municipios más pobres del país. Aquí no existen más de 600 empleos y buena parte de la gente vive de la administración pública mediante una práctica nefasta: se consiguen un contrato para venderle al municipio o al departamento algún bien o algún servicio, y le recargan al precio real un buen porcentaje: su ganancia. Los suministros los llaman y sobre ellos pueden hablar con lujo de detalles la mayoría de habitantes del pueblo. Por seis votos Así, pobre, ignorado y casi inusitado es el municipio que gobierna Maximiliano Veloz García, un indígena Carapana.

Llegó al poder de un modo curioso: inicialmente perdió los escrutinios ante el liberal Jesús María Quevedo Rivas, pero apeló con el argumento de que el corregimiento Bocas de Arara no es de Mitú y el Consejo Nacional Electoral aceptó su tesis y lo declaró ganador por solo 6 votos de diferencia.

Sin embargo, Quevedo pidió anular esa decisión y confía en que el fallo final será a su favor y que muy pronto será declarado alcalde.

Mientras tanto, Veloz afirma que la gente votó por él porque estaban cansados de casi 30 años de dominio del grupo del parlamentario Alfonso Latorre .

Y aunque Quevedo, su opositor, sostiene que Veloz no ganó en las urnas , reconoce que en realidad la gente estaba hastiada de tantos años de mandato latorrista. Y aunque no soy de ese movimiento, yo fui quien pagó los platos rotos .

Veloz es un alcalde activo, afable y presto a atender las necesidades de la comunidad, en especial las de los sectores más pobres.

Visita con frecuencia los barrios y escucha los problemas más urgentes.

Por eso, quienes están más contentos con su elección son los indígenas, que constituyen por lo menos el 90 por ciento de la población del Vaupés.

Antes, a nosotros ni siquiera nos dejaban entrar a la alcaldía. Ahora las cosas han cambiado , dicen Manuel de Jesús Neira y Julio Gómez, un par de indígenas que ahora son presidente y vicepresidente del Concejo, respectivamente.

Eso no quiere decir que la administración sea sectárea o racista , afirma, en tanto, Alfonso Emilio Trujillo, vicepresidente del Consejo Regional Indígena del Vaupés (Criva), una entidad que reúne por lo menos a 15.000 nativos y que asesora al alcalde.

Mientras tanto, el sacerdote Oscar Lopera Villa considera que es positivo que un indígena haya llegado a la alcaldía no solo porque son mayoría en esta región, sino porque han ido tomando conciencia de su verdadero papel en la política . Una financiación veloz La mayoría de los indígenas están conformes con lo que el alcalde ha hecho en los seis meses que lleva de gobierno.

Casi todos son conscientes de que el principal problema que ha tenido es el bajo presupuesto que tiene el municipio.

El ha tenido buenas intenciones pero no ha tenido dinero para realizarlas. Por eso ha buscado ayuda incluso del exterior. Todos confiamos en que el año que comienza va a resultar mucho mejor .

Mientras tanto, Veloz se comprometió solemnemente a que en un año hará las siguientes obras: El muelle del puerto municipal; el matadero; estará en marcha el programa de turismo ecológico hacia cinco hermosas regiones; y también están construidos los dos muelles que se necesitan para rehabilitar el tránsito por el río Vaupés, cerca a Yuruparí.

Además, también se construirán 605 casas de un plan de vivienda especial auspiciado por la Caja Agraria y para el cual nos ayuda la Primera Dama, Ana Milena de Gaviria .

Veloz no solo está seguro de realizar esas obras, sino que asegura que ya consiguió la financiación.

Sin embargo, hay algunos sectores que no están satisfechos con su tarea de gobierno. Por ejemplo, Juan Benjumea Alvarez, concejal liberal y último latorrista de la vieja guardia, cree que él no está preparado para ser alcalde. Le reconozco la buena voluntad, pero no he visto obras .

Y Pedro Isaías Villamil, un concejal conservador independiente, piensa que la gestión ha sido apenas regular, porque existían muchas expectativas de cambio que no se han cumplido .

No obstante, el crítico más agudo es Luis Alfredo Gómez Villarraga, un concejal de Democracia Indígena del Vaupés, el movimiento que fundó el propio alcalde.

El empezó bien, pero ya cayó en la improvisación. Esta es una administración desorganizada, sin programa definido y con varios funcionarios inexpertos .

Pero más allá de las críticas, tal vez Víctor Manuel Montaña, un indio tucano, anciano y nostálgico, parece tener más razón que nadie: Mire, nosotros tuvimos que esperar muchos años para poder ganar unas elecciones. Ahora, en honor a la justicia, todos deberían ayudarnos para salir de este enorme atraso y de la inmensa pobreza a que nos condenaron estos 500 años de olvido y soledad . La pobreza de Mitú Población: 3.900 habitantes en el área urbana y 14.000 en la zona rural. El 90 por ciento de la población es indígena.

Acueducto: El 70 por ciento del sector urbano tiene instalación, pero hay racionamiento de agua.

Alcantarillado: Cubrimiento del 50 por ciento.

Energía eléctrica: Cubre el 60 por ciento de la población, pero el servicio solo se presta 6 horas al día. Además, hay racionamiento sectorizado.

Teléfonos: Apenas hay 135 teléfonos y solo uno es de servicio público.

Vías: No hay un solo metro de pavimento y no existe ni una carretera que llegue a ningún otro pueblo.

Salud: El 30 por ciento de la población urbana y el 75 por ciento de la rural no tienen acceso a los servicios de salud.

Educación: El 20 por ciento de la población urbana y el 40 por ciento de la rural son analfabetos. La mayoría de ellos son indígenas adultos.

Costo de vida: No hay cifras confiables, pero todos lo definen con una frase contundente: Aquí todo vale el doble o el triple que en Villavicencio, porque casi todo lo traemos de allá ...y en avión .

(Fuente: Alcaldía de Mitú). Adiós al taparrabo A él, el alcalde de Mitú, le costó mucho trabajo olvidar el taparrabos y comenzar a usar ropa.

El pantalón y la camisa le producían tanta rasquiña, que para no tener que usarlos prefirió fugarse dos veces del colegio María Reina, al que lo habían llevado unos misioneros a estudiar interno la primaria.

Al cabo de algunos meses de tormentos por fin se acostumbró a vestirse, pero los misioneros casi no logran que se pusiera zapatos. El primer par lo usó cuando ya estaba en bachillerato, y sentía como si tuviera los pies encarcelados .

Lo que sucede es que él, Maximiliano Veloz García, es un auténtico indio carapana. Nació hace 38 años en Cañú Ti, un raudal tan lejano, que queda a ocho días en canoa desde Mitú.

El nombre de Maximiliano se lo puso el sacerdote que lo bautizó, porque en su comunidad se llama Tunú, que quiere decir heredero de los que tocan los instrumentos sagrados. Mientras tanto, sus amigos lo apodan Machín, que es un pajarillo incansable y revoloteador.

Gracias a Alberto Sánchez, un antropólogo, terminó el bachillerato en Bogotá, en un colegio anexo a la Universidad Incca, donde le enseñaron marxismo. Pero yo apenas fui comunista un año, porque eso era un sancocho fenomenal de líneas, tendencias y matices. Era la locura .

Después estudió dos años de derecho gracias a una beca que le otorgó el Externado de Colombia, y alcancé a pagar de mi bolsillo otro año, pero me tuve que retirar porque no tenía ni para comer y con hambre nadie estudia .

Entonces, regresó a su tierra y luego ingresó a la política. Fue consejero comisarial del Vaupés y candidato a la Cámara. Ahora es el primer indígena que llega a ser alcalde de Mitú.

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