UN LLAMADO DE ALERTA

UN LLAMADO DE ALERTA

La Tierra se recalienta a velocidades alarmantes por culpa de la contaminación atmosférica, generada principalmente por el uso de petróleo. Finito recurso natural que hoy se disputa a misiles en el Medio Oriente, mientras en Colombia se desparrama en bombardeos contra los oleoductos. El protagonismo del oro negro cobra nuevas dimensiones con la confirmación científica de que el año más caliente de la historia fue 1990.

21 de enero 1991 , 12:00 a.m.

El año pasado alcanzó una temperatura promedio de 15.3 grados centígrados, con alteraciones climáticas en todo el mundo.

Así lo advirtió el experto Juan Pablo Ruiz, uno de los 800 manifestantes que desfilaron contra la guerra, el martes pasado, en el centro de Bogotá. Se basa en el informe del World Research Institute (Instituto Mundial de Investigación) de los Estados Unidos.

Expertos en climatología de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) confirmaron la versión, con base en datos recogidos en cerca de dos mil estaciones meteorológicas, repartidas por todo el globo terráqueo.

La temperatura en el mar también subió, como lo comprobaron mediciones hechas por la Oficina Meteorológica Británica. El aumento de calor sobre la superficie terrestre, a alturas de dos a 10 kilómetros, fue determinado mediante globos lanzados al aire por científicos de la Administración de Asuntos Oceanográficos y Atmosféricos (NOAA).

Así, se sabe hoy a ciencia cierta que 1990 fue el año más cálido desde 1950 cuando se iniciaron los reportes comparables.

La sobreexplotación del petróleo es la principal responsable, como también lo es de la escasez del combustible, cuya posesión enfrasca al mundo en una guerra energética, variación histórica de las peleas entre cavernícolas por la obtención del fuego. Efecto invernadero Cuando se quema petróleo, otros combustibles fósiles como carbón y gas natural y, en menor medida, los bosques naturales, emiten bióxido de carbono y otros gases tóxicos. Estos atrapan el calor en la atmósfera y provocan una especie de efecto invernadero.

A la inversa, la disminución de la capa de ozono deja filtrar rayos solares ultravioleta que luego no pueden salir porque el manto de gases del efecto invernadero se los impide.

El fenómeno, causado en un 80 por ciento por los países industrializados, fue tema central de la discusión ambiental el año pasado, dadas las catastróficas consecuencias que su aumento implicaría: derretir los polos, inundar las costas, extinguir especies, provocar sequías, hambrunas, veranos interminables... Desquiciar, en fin, el sistema natural de regulación de aguas y energía.

Estados Unidos es el mayor emisor de bióxido de carbono y produce la mitad de la contaminación del planeta junto con la Unión Soviética, Gran Bretaña, Francia, Japón, Canadá, Polonia y Hungría. Así concluye un estudio del Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza (WWF).

Los científicos dicen que si continúan vertiendo a la atmósfera gases que atrapan el calor, la temperatura media podría aumentar tres décimos de grado por decenio, hasta llegar a tres grados antes del fin del siglo XXI, con terribles consecuencias para los ecosistemas.

El nivel del mar aumentaría 25 centímetros en los próximos 40 años y 65 antes del fin de siglo XXI , dice Mustafa K. Tolba, director general de la agencia ambiental de las Naciones Unidas.

Por culparse a la gasolina y fuentes energéticas derivadas del petróleo, la meta que lidera el Programa Ambiental de las Naciones Unidas (PNUMA) es reducir drásticamente de aquí al año 2000 la producción y consumo de estos combustibles.

En su remplazo, se ha propuesto con insistencia la sustitución de estas tecnologías por otras limpias o alternativas: energía solar para calefacción doméstica; eólica, generada por molinos de viento; minicentrales hidroeléctricas; biogás o energía sacada de estiércol, recurso natural bastante renovable.

La industria automotriz, la más contaminante, se remplazaría por carros eléctricos (ver recuadro) que ya existen en el mercado.

La WWF considera prioritario evitar el automóvil individual y promover el transporte eléctrico, redistribuir impuestos de nuevas fuentes energéticas, financiar investigación sobre combustibles alternativos y transferir estas tecnologías a Europa del este y al Tercer Mundo.

Por irónicas paradojas, Estados Unidos lideró la resistencia a adoptar estas propuestas en la pasada Conferencia Mundial del Clima en Ginebra.

Aducía que el costo económico sería muy elevado y que faltaban más estudios sobre la veracidad del efecto invernadero. Quizás la inversión habría sido menor o equivalente a los 500 millones de dólares que desembolsa cada día en la guerra. Guerra que también se habría ahorrado, si su economía no dependiera del petróleo. Petróleo que de explotar en la contienda, adelantaría en 30 años el efecto invernadero, según la organización ecologista Greenpeace. Crudo bomardeo Si los efectos de la industria petrolera son tan amenazantes, peores son los perjuicios inmediatos de su vertimiento en ríos, quebradas, cultivos, praderas y hogares de humanos y animales. Tal como ocurre en Colombia desde hace cuatro años, cuando se iniciaron los 141 atentados a los oleoductos que surcan vitales ecosistemas nacionales.

Sólo en lo que va corrido del año, guerrilleros de las FARC y del ELN han perpetrado casi un atentado diario, con costos ecológicos que aún están por evaluarse.

El oleoducto Caño Limón - Coveñas ha sido bombardeado seis veces desde el 5 de enero. Y en una extensión de la modalidad, se han atacado tuberías del oleoducto Trasandino en Putumayo; el poliducto del Pacífico en Buenaventura; el de Pozos Colorados en el Cesar; el de Ecopetrol en Sibundoy, Putumayo y otros dos de última hora, no precisados al cierre de esta edición.

Tanto en el Golfo Pérsico como en territorio colombiano, convertir a la energía en objetivo político militar es una mezcla tan explosiva como fósforo en gasolina. Carro eléctrico Los automóviles eléctricos no usan gasolina y no emiten monóxido de carbono. Esto los hace atractivos para un mundo preocupado por la contaminación ambiental, y nervioso por la guerra en el golfo Pérsico.

Está en marcha la carrera para perfeccionar una batería de material plástico, del tamaño un naipe, que haría que automóviles con motor eléctrico constituyeran una interesante alternativa a los vehículos que usan gasolina, según han dicho científicos. La empresa General Motors Corporation estudia la posibilidad de fabricar el automóvil. Los gobiernos de los franceses, canadienses y japoneses han insistido más en la iniciativa.

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