EL SARDINO DE LA REAL ACADEMIA

EL SARDINO DE LA REAL ACADEMIA

Hoy no es un best-seller global, pero tiene fieles y abundantes lectores en su país y principalmente en Argentina, Colombia y México. De sus libros más vendidos, El jinete polaco (con la que ganó el premio Planeta) y El invierno en Lisboa, vendió arriba de 200 mil ejemplares de cada uno. Y sigue vendiendo. Plenilunio va por 150 mil ejemplares. En Colombia son cifras a las que solo tiene acceso un autor como Gabriel García Márquez.

05 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Sus padres son campesinos del norte de Andalucía. Tuvieron dos hijos y ningún contacto con la literatura. El primero que tuvo educación por encima de la primaria fui yo , dice.

Cómo llegó Antonio Muñoz Molina a convertirse en el segundo escritor más vendedor de España y América hispana es algo que parecería inexplicable. En mi familia no hubo ninguna relación con la literatura, pero sí con la lengua y con la narración. En las culturas campesinas, la palabra tiene una fuerza muy grande y el relato oral una presencia tremenda, quizás eso fue el primer impulso para querer contar y escribir novelas, que es una derivación del arte de contar .

Desde pequeño le gustaba leer, inventar historias. Consiguió becas y pudo tener educación universitaria.

Carlota Feinberg, la más reciente novela de este autor de 44 años (nacido en Jaén), ha llamado la atención por su fuerza y su perfección. En 120 páginas, Muñoz presenta una historia llena de intriga y reflexión sobre el hombre contemporáneo, que colinda con lo fantástico. Dos españoles, hasta ese momento desconocidos, se encuentran en la sala de tránsito del aeropuerto de Pittsburg y acaban compartiendo no solo unas horas de espera sino la seducción por Carlota, una argentina fascinante y fantasmagórica que vive en un ruinoso hotel de Buenos Aires.

Con Muñoz Molina, el miembro más joven de la Real Academia de la Lengua Española EL TIEMPO dialogó telefónicamente sobre su oficio y sobre este nuevo trabajo.

Usted es el miembro más joven de la Real Academia, cómo fue a dar allí? Las academias de la Lengua son como los parlamentos del idioma, hay todo tipo de gente: médicos, científicos, personas que trabajan la Lengua... Llegué porque me postularon y me eligieron. Nunca me lo propuse. Me pareció bien y me gusta trabajar allí.

Y cómo se siente entre gente tan mayor? No se debe confundir a la gente mayor con gente conservadora. Hay un prestigio injustificado, a mi modo de ver, de lo juvenil en nuestra cultura. La academia es una institución en la que uno está hasta que se muere y tal vez por eso hay gente mayor. Pero muchos de los espíritus más jóvenes que conozco son gente mayor, porque ya no tienen nada que perder y dicen lo que piensan con un desparpajo. Ha sido una experiencia muy importante conocer, por ejemplo, a Francisco Ayala, que tiene 94 años y fue íntimo amigo de Federico García Lorca. Es un aprendizaje.

En qué está trabajando ahora? En un libro que es una sucesión de historias, fragmentos que cobrarán sentido al final y cuyo hilo conductor es el hecho de encontrarse fuera del lugar de uno, el exilio, o el encontrarse inmóvil y sentirse exiliado en la realidad. El libro tiene historias que transcurren a lo largo del siglo XX entre exiliados y fugitivos.

Por qué eligió este tema? Los temas no sabe uno ciertamente por qué los elige. Tal vez tiene uno afinidad. En España muchas personas se iban a América por la pobreza, y muchos americanos vinieron a España en los 70 y 80 huyendo de las dictaduras. Lo más normal en este siglo han sido el destierro y la pérdida.

Lo que llaman las Naciones Unidas el desplazamiento ...

Desplazamiento suena como neutro. Pero detrás hay historias terribles de gente que huye para que no la maten. En cualquier noticiario que uno ponga, una de las principales noticias del día es siempre una relacionada con este problema.

Sin arquitectura previa En Carlota hay algo de esto. Los personajes, españoles ambos, se encuentran en Estados Unidos, pero el uno se siente muy español y el otro es ya casi un estadounidense. Sin embargo, la novela se resuelve en otro lugar muy diferente, Buenos Aires. Qué quiso decir? Tiene que ver con la idea de extraterritorialidad: los personajes se encuentran en el sitio más raro del mundo, que es un aeropuerto. Como en el Decamerón, que a causa de la peste negra los personajes están encerrados en un sitio y cuentan historias, me gustaba la idea de hacer una cosa que no había hecho antes: que en la sucesión de la historia cambia el registro, empieza en una cosa y sigue en otra, Yo no sé si es un juego, pero sí es un placer tramar esas cosas.

Trama esas cosas cuando está escribiendo o tiene un esquema previo? No puede haber esquema prefabricado, porque las cosas más importantes en la escritura ocurren mientras se está escribiendo. Parto de imágenes muy atractivas y en torno a esas se va construyendo la historia. La imagen era un aeropuerto, un hotel, y una mujer, y en torno a eso va gestándose el propio relato, hay una intención y una intuición, pero no puedo estar prisionero de una arquitectura previa.

Deben haber querido asesinarlo en su país, porque, cómo así que un académico escribe una novela en la que el protagonista habla la mitad en inglés? A mucha gente le ha chocado el inglés, pero quería retratar esa manera de hablar. Es satírica. Estaba intentando contar ese extraviarse en el mundo y si uno se pierde en el mundo, pierde la propia lengua. A raíz de eso, en una carta, un lector me dijo que jamás volvería a leer un libro mío.

Lo autobiográfico Pero hay unas páginas en que el personaje olvida este comportamiento, por qué ocurre eso? Hay una parte que es el centro emocional de la historia, en la que el personaje pierde su referencia y es arrebatado por esa historia que le están contando.

Hay una diferencia fuerte entre Plenilunio, uno de sus últimos libros, y Carlota Feinberg, y es una especie de depuración en esta última novela. Mientras la primera es un volumen gordo, Carlota es bastante corta. Qué está pasando en su literatura? A lo que aspiro, como creo que aspira cualquier escritor, es a conseguir máximo de intensidad, de eficacia, con el mínimo de recursos, una depuración de mi manera de escribir para conseguir un efecto menos literario y de más intensidad humana.

Yo reacciono contra aquello que he escrito antes. No me gusta acomodarme a aquello que he hecho. Y creo que debo tener mucho cuidado con aquello que me sale bien, que es lo que más puede ponerme en peligro, porque es aquello que sé hacer más fácil, y lo fácil es también una retórica. Hay que cambiar, sorprender, conseguir hacer cosas que me satisfagan y que no sean la repetición de las que he hecho.

Hay algo de autobiográfico en sus libros? Si uno hace literatura honradamente tiene que aparecer lo que es uno.

Y, a cuál de los dos personajes de Carlota Feinberg se parece usted más? Me reparto eucarísticamente entre ambos, pero de esos dos me parezco más al profesor, con la salvedad de que no soy tan pedante.

El hotel en el que se aparece la fantasmagórica Carlota Feinberg existe en Buenos Aires? Sí. Está basado en City Hotel, que está junto a la plaza de Mayo. Yo estuve alojado en él y no es tan ruinoso como aparece en la novela, pero sí es anticuado.

Y esa coincidencia en el gusto que los dos tienen por las robustas piernas blancas de las argentinas, también es autobiográfica? Esa es una observación empírica mía.

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