UNA SINFÓNICA A RITMO DE CHIVA

UNA SINFÓNICA A RITMO DE CHIVA

El concierto esta vez no estuvo rodeado de la cúpula de ángeles y personajes alados de los murales del Teatro Municipal de Cali, y los espectadores no se distinguieron entre los de palco y galería numerada.

05 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Para los artistas, el escenario esta vez fue un cielo cargado de estrellas y la tarima se movió a 60 kilómetros por hora. A esa velocidad, montando en chiva , el grupo musical llegó al Parque Panamericano y los presentes se acomodaron para un concierto de los que se acostumbran en este lugar, una especie de templo abierto a la salsa.

Sonia, una niña de 13 años, vendedora de confites en el Panamericano, estuvo entre los espectadores que, cuando las flautas, los oboes, los clarinetes y los timbales dejaron escuchar sus notas, callaron, al comienzo un tanto extrañados, y luego, alegres y atraídos por la belleza de la música. Al final aplaudieron con entusiasmo.

Los encargados de prender la alegría no fueron esta vez Niche, Guayacán o Colón. Los triunfadores de la noche fueron Wolfgang Amadeo Mozart y Ludwing Van Beethoven, que montaron en chiva llevados por la Orquesta Sinfónica del Valle.

El primer experimento de la Sinfónica sin etiqueta y juegos de luces fue la semana pasada, cuando se convirtió en la Chiva Sinfónica, para contagiarse de la rumba caleña y prender el ánimo a su estilo. El ensayo funcionó, pues se comprobó que se pueden ofrecer presentaciones sin grandes escenarios y que una sinfónica sí puede atraer a toda clase de público para el disfrute de géneros no muy populares.

La Calle Quinta -la tradicional calle de la salsa en Cali-, el Parque Panamericano, la Estatua de Sebastián de Belalcázar y El Obelisco, habituales puntos de encuentro, fueron los escenarios donde la Sinfónica alegró a vendedores como Sonia, acostumbrada a la salsa y los mariachis que se presentan en estos lugares.

La joven, estudiante de séptimo grado no sabía quien era Beethoven, Chopin o Mozart, pero estuvo entre quienes pidieron otra canción cuando los alegros alternaron con La Caderona; La Piragua con la Pequeña Serenata Nocturna, y Juantanamera con una sonata.

El improvisado público dejó a un lado las cervezas, los choclos, los embutidos y las empanadas para aplaudir el Son de la Loma y Mi Buenaventura.

El experimento de la Chiva Sinfónica ha sido interesante. La idea es sacarla la mayor parte de veces que se pueda. Ojalá se pudiera hacer hasta una serenata con sinfónica y que las personas tengan otra opción a los mariachis y papayeras para un cumpleaños o alegrar un paseo refiere Francois Dolmetchs, director de la Orquesta Sinfónica.

Al referirse a la realidad de una posible contratación para una serenata dice que es una idea apenas, que salió al calor de la chiva . Estamos evaluando la experiencia pues queremos hacer una difusión masiva .

De los 50 músicos, la Orquesta Sinfónica del Valle llevó en esta ocasión un octeto de vientos y algunos intérpretes de instrumentos de percusión.

Dolmetchs precisa que los recursos no alcanzan para una efectiva labor de difusión cultural. Los 2.000 millones de presupuesto para casi 200 presentaciones y gastos de funcionamiento no cubren las necesidades, según el director.

Juan Benávidez, intérprete del oboe e integrante de la Sinfónica hace 12 años, refiere que el trabajo de los ingenieros de sonido para los equipos de amplificación y buena audición, y de los técnicos para acondicionar el viejo carro Ford 1970 -modelos tradicionales en estas chivas con papayera- para que ellos estuvieran cómodos con sus instrumentos y partituras, fue fundamental en el éxito del recorrido musical.

Carolina Ramos lleva seis meses tocando la flauta traversa en la Sinfónica y confiesa que con el concierto se demostró que el público, independiente de su condición social, aprecia un buen espectáculo.

En este primer concierto a cielo abierto, entregó todo de sí para los arreglos de ritmos tropicales y clásicos, mientras Sonia, la niña del carrito de los dulces, no paraba de admirarla al escuchar las notas que para ella sonaron un tanto diferentes al comienzo y que luego aplaudió.

Al final, los Dolmestch, Andrea Loccia, Carolina, Benávidez, el belga Paul Duray y todos los músicos no aguantaron las ganas de integrarse al público y bajaron de la chiva para tomarse unos aguardientes, comer empanadas y rumbear al ritmo de sus grabaciones de La Piragua y Juantamera.

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