EL RESCATE DE LA AGRICULTURA

EL RESCATE DE LA AGRICULTURA

La oposición es un gobierno en receso. Vale decir que la función de la oposición no es exclusivamente crítica sino que, simultáneamente, tiene que demostrar su capacidad de gobernar y acreditarse con soluciones mejores que las que el Gobierno ejecuta. Pensar que lo importante es andar unidos y que la meta de un partido político debe ser zanjar las divisiones internas es una visión recortada de la política, en el buen sentido. Explicable, sí, cuando se sufre de un complejo de superioridad que induce a la dirigencia a pensar que el poder de su maquinaria electoral permite que, mecánicamente, con evocar unas banderas y unos nombres, se cuente con el 60 o el 70 por ciento de la opinión pública.

05 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Algo así pudo ocurrir cuando el voto independiente era minoritario, pero, cuando llega a ser decisorio, no se conquista con temas de carácter doméstico. Hay que poner temas de interés general, temas que cautiven al elector, independientemente de su filiación, y que convenzan a los apáticos de que la situación va a cambiar para todos los ciudadanos.

Si la tarea de la oposición o del mismo Gobierno fuera solamente para agraviar, no habría un mercado de opiniones, una competencia de criterios, sino la apelación a una disciplina férrea, expulsando a quienes discrepan calificándolos de herejes o de apátridas.

Es la razón por la cual, desde mi punto de vista insular, pienso que, antes de las fórmulas de unión, se impone la definición de los planteamientos y los temas con que el partido liberal va a comparecer en el escenario nacional, invirtiendo las prelaciones, dándole prioridad a la búsqueda de aquellas tesis aglutinantes, para después ver quiénes se suman, en lugar de pactar la unión con miras a diseñar las banderas con que nos vamos a comprometer ante la totalidad de los electores.

En semanas recientes planteé sin esguinces mi pensamiento al respecto, y, en verdad, me muestro satisfecho con la acogida con que han sido recibidas mis sugestiones. Una de ellas es la de llamar las cosas por su nombre, como se viene haciendo a últimas fechas, al decir que hay una beligerancia de facto, lo cual puede tener algunas ventajas, pero, por no admitirla abiertamente, los familiares de los soldados y policías secuestrados tendrán que quedarse esperando por meses algunos arabescos jurídicos que soslayen el hecho incuestionable de que para que haya canje de prisioneros se impone el status de beligerancia.

Y, llamando las cosas por su nombre, no podemos seguir hablando de una reforma agraria con su Incora y su reparto mecánico de tierras ociosas. Tenemos que hacer algo más grande, más ambicioso, más rápido, en materia de agricultura. Un país que importa siete millones de toneladas de productos agrícolas tiene que ver cómo los produce. Basta con recuperar el algodón, el maíz, el arroz y la yuca, cuyas posibilidades, a la luz de los últimos descubrimientos, son insospechadas.

El fracaso del cultivo del algodón, que llegó a cubrir más de 150 mil hectáreas, obedeció a factores detectables, pero susceptibles de ser superados. Errores de estricta técnica agrícola, atribuibles a la impericia de los cultivadores, como lo advirtió en us momento la misión francesa, explican la baja productividad en la Costa Atlántica. Hay quienes piensan que nuestra incapacidad para competir está vinculada a la apertura económica, cuando China participó en los mercados internacionales. Los más se refugian en errores de manejo financiero, al no haber devaluado oportunamente nuestro signo monetario frente al de nuestros competidores. Y, finalmente, al menos en el Cesar, a las deficiencias de los pesticidas de fabricación nacional, ineficaces para exterminar el gusano rosado y otras plagas, se les imputa el descalabro algodonero. Qué pensaría el lector si yo me atreviera a afirmar que con semilla de algodón transgénica se puede duplicar, triplicar y quintuplicar la producción de algodón por hectárea, ahorrándose el costo en pesticidas, sin que su calidad desmejore en nada frente al algodón tradicional? Las cifras del tránsito del cultivo del algodón ordinario al algodón genético en otras latitudes son muy dicientes, y otro tanto sucede con el arroz y el maíz, dos productos donde la experiencia transgénica se ha abierto más campo, con prescindencia del uso de pesticidas químicos, con lo cual los costos se bajarían de tal manera que nada tendríamos que temer del contrabando ecuatoriano o venezolano, que tropezaría con la más infranqueable de las barreras: una enorme competitividad frente a los productos de procedencia foránea, cuyo transporte se vería encarecido en forma considerable.

Por último, la yuca. Se trata de un cultivo extremadamente frágil y de difícil conservación, empleada en nuestro suelo exclusivamente para el consumo humano. Ya, sin embargo, se han hecho algunos avances tecnológicos que han permitido multiplicar la producción, aun cuando no se ha llegado todavía a la yuca transgénica, de donde se puede extraer el almidón, producto sustitutivo del maíz en los alimentos concentrados, y destinarlo para un sinnúmero de usos, hasta convertirse en materia prima de ciertas variedades de papel.

Y no estamos hablando de proyectos irrealizables o utópicos. La mano de la Providencia, en este caso de la biotecnología, nos sacará de apuros y nos devolverá nuestra autosuficiencia agrícola. Es una propuesta audaz, expuesta al escepticismo colectivo, pero que permitiría en el sector agrícola prender una luz de esperanza al final del túnel.

Tan tremendas son las consecuencias de la agricultura transgénica que las grandes potencias, la Unión Europea y los Estados Unidos, ya están enfrentadas en el terreno científico, desacreditándola en función de la salud humana, del ordenamiento económico de los mercados y de la propia ecología. No es menos cierto que ya, en la Unión Americana, se cultivan 30 millones de hectáreas de transgénicos y que, dentro de diez años, la humanidad tendrá que recurrir a ellos para poder alimentar 11 mil millones de bocas.

Próximamente me ocuparé en forma más concreta de los resultados que va arrojando la nueva tecnología.

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