OJO INFANTIL DE BALTHUS

OJO INFANTIL DE BALTHUS

La infancia y la juventud de Balthus se desarrollaron en un ambiente familiar y amistoso particularmente exquisito, como los que todavía existían en la Europa y el París de la época anterior a la última guerra. Poetas, artistas, filósofos y conversadores, de los mejores de ese tiempo, espíritus dignos de conformar lo que en ese entonces podía llamarse la compañía de los talentos conspiraron para educarlo, desde el comienzo, en el gusto y la familiaridad de las cosas de su dominio. Todo esto, contrariamente a lo que pudiera creerse, no debía conducir al estetismo, ni llevar al joven Balthus a un estetismo. Porque esta sociedad encantadora era auténtica, es decir que el afán inteligente y exclusivo de perfección que se manifestaba en ella se unía mucha naturalidad y candor. Tal es el doble carácter, sin duda paradójico, que se les debe reconocer a esos grupos, a esas reuniones felices, a esos climas restringidos que se producen en ciertas épocas, ricos en talentos, en búsquedas, en eferv

05 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Esa naturalidad, ese candor, y por decirlo de otra forma, esa vida, preservadas así en una región de gran altura que no parece capaz sino de las más sutiles y preciosas voluntades del intelecto, en qué consisten? De qué están fabricadas esa naturalidad, ese candor, esa vida? Cómo calificarlas o definirlas? Una sola palabra basta: infancia. Lo repito: el hecho de formarse en una atmósfera de arte y poesía, entre seres que son personajes singulares, ya legendarios, podría traer consigo el riesgo de llevar al estetismo. Pero, en esas peligrosas coyunturas, lo natural, la ingenuidad, la vida, pueden ser preservadas por la infancia. Y frente a la infancia, las puertas del infierno no pueden abrirse. La infancia, en el caso de algunos privilegiados, como aquel de quien estamos hablando aquí, permanece imperturbable y se prolonga con todas sus armas defensivas que son esas, tan fuertes, de la inocencia. Y con todas sus armas ofensivas, igualmente fuertes, como son los prestigios, los sortilegios, los encantos de la perversidad. La infancia, con su doble faz, fue preservada duramente en Balthus y constituye su arte.

Recuerdo el primer cuadro que hizo en el taller de su madre Baladine, en el umbral de esa infancia que solo la edad lo obligaba a abandonar, aun cuando la guardaba celosamente en su corazón: se trataba de esa plaza del Comercio, que ha sido reproducida a menudo y cuya composición, muy exacta, muy naturalista y real, se imponía con un aire de extravío, de desproporción y de sonambulismo. Extraña y fascinante ambiguedad. La poesía de Balthus ya estaba enteramente en esta imagen extravagante. El artista, en adelante, no tendría otra cosa que hacer distinta a conservar esta poesía, a continuar su inventario, a desarrollar, multiplicar y perfeccionar sus efectos.

Virtud mágica El arte de Balthus es entonces un arte de apariencia realista. Más exactamente, es un arte realista porque es un arte las apariencias. Esto lo sitúa lejos de la mayoría de las búsquedas plásticas de nuestra época, excepto de las del surrealismo, que toma tantos objetos comunes y corrientes, totalmente evidentes, para disponerlos de una forma que evoque el misterio. Pero no podría haber sido de otra manera dado ese proceso, que hemos indicado, de la formación de un demonio creador, que, aunque se encontraba en el seno de los más ricos tesoros de la especulación intelectual del momento, aunque conocía todo lo que se hacía, aunque estaba perfectamente enterado y al día, no por eso de permanecer encerrado en su virtud más interior e intrínseca, irreductiblemente vuelto hacia sí mismo, fortalecido en sí mismo y en su infancia.

Desde entonces solo tiene que seguir su camino: insensible a la moda de la cual nada ignora y con la cual nunca se identificaría. Se identificaría más bien con maestros que podrían parecer anacrónicos, pero que le eran necesarios, fuera de toda cronología. Necesarios, en primer lugar para ayudarlo a aprender su oficio, su oficio de pintor de las apariencias. Y luego para confirmarlo en la idea de que las apariencias contienen una virtud mágica que está por encima de su propia definición. Cuáles maestros? Delacroix, por ejemplo, con todas sus feroces pasiones secretas, con todo su baudelerismo . Y Courbet, el realista por excelencia, y el último maestro que pintó con la ciencia de los maestros, pero que, al mismo tiempo, en sus naturalezas muertas más realistas, en sus paisajes más naturales y, en fin, en sus grandes escenas pobladas de personajes, hace jugar una especie de poesía popular adusta, primitiva, candorosa, y la lleva en ocasiones hasta una rareza onírica y hasta la alucinación, No fue él mismo quien denominó su más ilustre obra de arte, Alegoría real, recalcando así que sabía que tras las figuras y los objetos de su existencia vivida se escondía una espiritualidad? Balthus, entonces, tomó de la tradición sus medios técnicos empleándolos de una manera cada vez más y más minuciosa y conocedora para los fines a los cuales están destinados: es decir, la reproducción del mundo exterior. Como esta reproducción implicaba una abundante e infinita riqueza de sugerencias, era necesario que se desarrollara en grandes formatos. Fue esta misma necesidad la que se impuso en los maestros de antaño, obreros robustos, a quienes el trabajo y el espacio no atemorizaban en absoluto. El ojo del pintor Balthus, confundido con su ojo interior, ve en grande. Ocurren muchas cosas bajo sus lienzos, muchas cosas iguales a las más evidentes de nuestro espectáculo ordinario, y, bajo ese recubrimiento, muchas cosas imaginarias, y, en consecuencia, extraordinarias: por eso necesitan mucho espacio. Todas esas niñas, salidas del fondo más oscuro de la infancia, y cuyo gesto nefasto se fija entre los muebles familiares, en una alcoba propicia a las pesadillas, y esos retratos inmovilizados en una especie de desierto miserable, todo ese conjunto de imágenes equívoco y sacrílego, exigen que el saber de un gran artista lo sostenga, un saber tranquilo, un poco altivo y algo irónico, que requiere una vasta página en blanco para hacer la demostración de su amplia libertad y asegurar mejor su diabólico imperio.

De Las pinturas célebres de Balthus.

--------------------- - Balthus - Gato al espejo . Balthus. Litografía

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