CUÁL APERTURA ECONÓMICA:

CUÁL APERTURA ECONÓMICA:

Senor Director:

01 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

En la edición del 21 de febrero, EL TIEMPO publica importantes artículos sobre los efectos de la apertura de la primera mitad de los noventa, a la cual se asocia principalmente con la libertad de importar mercancías sin licencia previa y con aranceles más bajos que los de 1990 (y, en menor grado, con la venta de empresas públicas y cambios en la legislación laboral y de pensiones). Los felicito, pero me temo que los artículos fijaron demasiado la atención en la apertura y eso produce confusión e impide que hagamos la pregunta pertinente para saber si hoy tenemos más oportunidades de progreso que en 1990.

La pregunta pertinente es la de si tenemos más libertades económicas en febrero del 2000 que en febrero de 1990. La respuesta correcta es: No. Hoy tenemos menos libertades económicas que en 1990 porque el Estado creció sin cesar, porque pagamos más impuestos, porque reglamentaciones innecesarias agobian a consumidores y a empresarios tanto como en 1990, porque desconfiamos más de los otros y porque sabemos que nuestros derechos de propiedad son más inseguros.

Por cada peso producido, el gasto del Estado (el Gobierno Central y las empresas públicas solamente) aumentó de 24 centavos en 1990 a 34 centavos en 1999 (FMI, Colombia-Recent Economic Developments, enero de 1996 y diciembre de 1999). Por cada peso producido, los ingresos del Estado aumentaron de 24 centavos en 1990 a 27 centavos en 1999, pero los contribuyentes recibieron en 1999 tantos o menos servicios por peso pagado al Estado que los que recibieron en 1990.

Los contratos entre las partes y los derechos de propiedad son más inseguros hoy que en 1990 porque el secuestro, la extorsión, las pescas milagrosas y la rapiña rampantes aumentaron. Porque la confianza entre las partes y el respeto y protección de los derechos de propiedad elementos básicos para que una sociedad progrese no existen, los colombianos de ingresos bajos, medios y altos no pueden gozar los frutos de su trabajo y de su capital con tranquilidad.

Si por apertura entendiéramos la creación de mayor libertad económica, y no solamente la liberación de importaciones que se dio a comienzos de los noventa, entonces no hubo tal apertura. En verdad, el manejo económico de la década pasada evitó la apertura. Sin embargo, los promotores y opositores de la apertura dicen que sí la hubo, unos porque creen que ejecutaron lo que prometieron, y otros porque quieren imputarle a ella los males que nos afligen, para cerrar la economía y reducir aún más las libertades económicas que quedan. La mayor libertad económica condición necesaria para el progreso económico en cualquier sociedad no se dio en la década pasada y, quizás, tampoco se dará en esta década ni en la siguiente. Por carecer de esa libertad y de la sana competencia entre las partes que ella genera, y no por tenerla en exceso, fue por lo que la economía colombiana se desempeñó tan pobremente durante la pasada década.

La apertura , o su ausencia, no es nuestro principal problema económico. Nuestro principal problema económico radica en creer que tenemos lo que nos falta: una competencia sana en los mercados y libertad económica dentro del imperio de la ley.

Jorge García García Bogotá

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