VALLEJO SIGUE PROVOCANDO

VALLEJO SIGUE PROVOCANDO

El escritor antioqueño, radicado en México, sigue haciendo del cinismo una virtud de su literatura. La provocación parece ser natural en su personalidad, aunque muchos pueden decir que es simple sinceridad. El siguiente es el texto que escribió durante su participación en el pasado Festival Iberoamericano de Escritores.

31 de agosto 2000 , 12:00 a.m.

Muchachitos de Colombia: Ustedes que han tenido la mala suerte de nacer, y en el país más loco del planeta, no le sigan la corriente, no se dejen arrastrar por su locura. Pues bien, la locura ayuda a sobrellevar la carga de la vida, también puede sumarse a la desdicha.

El cielo y la felicidad no existen. Esos son cuentos de sus papás para justificar el crimen de haberlos traído a este mundo. Lo que existe es la realidad, la dura realidad: este matadero al que vinimos a morir, cuando no es que a matar, y a comernos de paso a los animales, nuestro prójimo.

Porque nuestro prójimo también son los animales, y no solo el hombre como creyó Cristo. Todo el que tenga un sistema nervioso para sentir y sufrir es nuestro prójimo: los perros, los caballos, las vacas, las ratas. Mis hermanos los perros, mis hermanos los caballos, mis hermanas las vacas, mis hermanas las ratas, que también hacen parte de Colombia. O sea de ustedes, o sea de mí.

En consecuencia no se reproduzcan. No hagan con otros lo que hicieron con ustedes, no paguen en la misma moneda, el mal con el mal, que imponer la vida es el crimen máximo. Dejen tranquilo al que no existe, ni está pidiendo venir, en la paz de la nada. Total, a esa es a la que tenemos que volver todos. Para qué entonces tanto rodeo?.

La patria que les cupo en suerte, que nos cupo en suerte, es un país en bancarrota, en desbandada. Unas pobres ruinas de lo poco que antes fue. Miles de secuestrados, miles y miles de asesinados, millones de desempleados, millones de exiliados, millones de desplazados, el campo en ruinas, la industria en ruinas, la justicia en ruinas, el porvenir cerrado: eso es lo que les tocó a ustedes. Los compadezco. Les fue peor que a mí.

Y como yo, que un día me tuve que ir y justo por eso hoy les estoy hablando (vivo, a lo que parece), probablemente se tengan que ir ustedes, pero ya no los van a recibir en ninguna parte porque en ninguna parte nos necesitan ni nos quieren. Un pasaporte colombiano en un aeropuerto internacional causa terror: Quién será?, A qué vendrá?, Qué traerá?, Coca?, Vendrá a quedarse?.

No. No vinimos a este mundo a quedarnos. Vinimos a pasar como el viento y a morir. A veces ese viento al pasar hace estragos y tiene nombre: se llama Pablo Escobar, se llama Miguel Rodríguez Orejuela, se llama Carlos Castaño, se llama Tirofijo, se llama Gaviria, se llama Samper, se llama Pastrana. Aprendan mientras se van a ponerle nombres propios a la infamia.

Cuando yo nací me encontré aquí con una guerra entre conservadores y liberales que arrasó con el campo y mató a millares. Hoy, la guerra sigue, aunque cambió de actores: es de todos contra todos y ya nadie sabe quién fue el que mató a quien. Ni sabe, ni le importa, ni lo piensa averiguar, por qué?, para qué?, para qué si a ningún asesino lo van a castigar en el país de la impunidad?, si nuestro primer mandatario va en peregrinación a los Llanos a abrazar a nuestro primer delincuente?. Como diciéndoles con la inequidad de ese brazo: Maten, roben, extorsionen, destruyan, secuestren, pero eso sí, háganlo a cabalidad para que se queden con lo que queda de Colombia.

Y aquí vamos, por estas calles de este país embotellado, por entre perros y niños abandonados, sacándoles el cuerpo a los baches, a las balas y a los impuestos del gobierno y de la Farc. Pero hacía donde vamos?, Adónde pretendemos llegar?.

Somos muchos y ya no nos soportamos ni cabemos. Nos hemos convertido en un estorbo para los demás, a los que no les estamos bebiendo el agua, respirando el aire, contaminándoles los ríos, embotellándoles las calles. El aire se va a acabar, el agua se va a acabar, las calles ya no alcanzan y esos ríos fantásticos de Colombia que cuando yo nací vivían, bullían de peces, también ya los matamos. Hoy los ríos de Colombia son alcantarillas que van a dar al mar, un desaguadero de cloacas.

No se reproduzcan que nadie les dio ese derecho. Quién lo pudo dar?, Dios que es tan bueno y se ocupa de los niños y los perros abandonados que llenan las calles de Colombia?, qué se va a ocupar!, Dios no trabaja. Con eso que el séptimo día se sentó a descansar... De los niños y los perros abandonados que llenan las calles de Colombia el que si se ocupa es el Papa.

Yo he vivido a la desesperada, y se me hace que a ustedes les va tocar vivir igual. Y un día me tuve que ir, sin quererlo, y se me hace que a ustedes les va tocar irse igual. El destino de los colombianos de hoy es irnos. Claro, si antes no nos matan. Pues los que se alcancen a ir no sueñen con que se han ido porque adondequiera que vayan Colombia los seguirá. Los seguirá como me ha seguido a mí, día a día, noche a noche, adonde he ido, con su locura. Algún momento de dicha efímera vívido aquí e irrepetible en otras partes los va a acompañar hasta la muerte .

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