EDITORIAL

EDITORIAL

08 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

REF: Cuando el Alcalde Peñalosa anunció su ahora famoso día sin carro escribimos que era un expeirmento que débiamos asumir con espíritu abierto y positivo, para calibrar todos los impactos que tienen el uso del auto particular en particular en cualquier ciudad del mundo. También manifestaciones que nos parecía fundamental que se hicieran estos costosos y traumáticos laboratorios con la otra parte del problema, es decir, con el intcable servicio público.

Vivido el nuevo feriado cívico y vistos sus resultados, no queda un buen sabor. No por la tesis, que si es muy valedera y respetable. Tampoco por las reflexiones que suscitó, porque buenas o malas hicieron pensar la gente sobre el tema ambiental. Pero sí por los innecesarios problemas y pérdidas que causaron el comercio de toda índole, la malísima planificación de las vías, en las cuales no hubo más trancones que cuando estan en acción todos los carros particulares. Y, especialmente, por la manipulación de la información y la falta de estructura e la idea, que no tuvo un mañana.

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