JUGUETERO ATRAPADO EN EL TIEMPO

JUGUETERO ATRAPADO EN EL TIEMPO

Se resiste a abandonar su oficio de fabricante de juguetes de madera para construir robots de pilas y carros de control remoto.

17 de diciembre 2000 , 12:00 a.m.

Desde hace 59 años es lo único que ha hecho y, a pesar de que la revolución tecnológica ha cambiado la forma cómo juegan los niños, después de seis décadas de hacerlo Horst Damme Pasek, de 71 años, continúa construyendo caballitos de madera pintados de rojo, azul y blanco para la Navidad.

A pesar de que las deudas tienen disminuida su pequeña industria, Damme, este padre de seis mujeres, se rehusa a abandonar la fabricación casera de juguetes, pues para él siempre habrá un niño amante de los juguetes de madera.

Estos duran más que los electrónicos y son más educativos porque les ayudan a desarrollar su mente y su imaginación. Por eso sigo fiel a la madera, a pesar de que la tecnología sea más rentable , dice.

Su amor por los niños sigue intacto pese que en sus primeros años se la pasó huyendo de la guerra.

Su familia, que pertenecía a un partido anarquista, huyó durante años de los seguidores de Hitler.

El pequeño Horst, con su madre y su hermano mayor, llegaron a Checoslovaquia, donde lograron refugiarse en un castillo abandonado durante tres años.

Atravesamos la frontera en la noche con ayuda de dos personas que pertenecían al partido de mi papá. El, que había salido antes que nosotros, nos estaba esperando en un punto de encuentro , cuenta.

Los años más duros Viviendo de la caridad y de lo poco que el partido le daba a su padre, Damme recuerda aquellos años como los más duros de su vida.

Un día en que mis padres y yo habíamos salido, llegaron al castillo unos comunistas rusos en busca de niños para llevarlos a su país con el fin de aumentar la población marxista. Entre ellos, mi hermano, con apenas 12 años, fue encerrado en un vagón de tren y enviado ilegalmente a Rusia. Desde entonces, no volví a verlo. Supe lo que ocurrió años después por las cartas que él me envió .

Después de que una fundación humanitaria los ayudó a salir de Europa por Génova (Italia) con el escudo fachista tejido improvisadamente en la ropa, Damme de 8 años y sus padres llegaron a Colombia, un 17 de marzo de 1937, con la esperanza de encontrar tierra para cultivar.

En Bucaramanga no la encontraron y decidieron viajar a Bogotá. En ese momento, el padre se dedicó a lo que fue su oficio: fabricar carretas y juguetes de madera.

Cuando mi papá montó la fábrica en los años 40 dice todo lo hacíamos a mano con serrucho, cepillo y lija. En esa época ganaba 25 pesos mensuales, pero vivíamos mejor .

Damme nunca tuvo juguetes en su niñez, debido a las dificultades económicas de su familia cuando huía del nazismo.

Empecé a construir mis propios barcos y submarinos basado en los diseños de las revistas que informaban sobre la Segunda Guerra. Para entonces tenía 11 años .

Desde entonces, Damme, un hombre que sólo estudió hasta segundo elemental por su condición de niño alemán en un país extranjero, ha elaborado juguetes con la misma maquinaria que heredó de su padre cuando se casó por primera vez a los 24 años. El primer pedido grande lo hizo Lolita de Sáenz, esposa de Carlos Sáenz de Santa María, ex alcalde de Bogotá. Desde ese momento fue posible comprar las máquinas cortadoras con las que aún trabajo .

Pero la desgracia lo persiguió. Un disparo en la cabeza que un vecino le propinó por no venderle su casa, lo dejó ciego en 1972. Pese a esto, Damme aún construye con sus propias manos los caballitos de madera, los trenes de vagón y las casitas de muñecas. Antes de perder la vista surtía a 15 almacenes. Tenía tanto trabajo que no daba abasto con 40 empleados. Actualmente, tengo solo 8 trabajadores y para esta época, que es cuando más debo vender, sólo gano 60.000 pesos. El amor a los juguetes es lo que me mantiene vivo .

Le duele que las grandes industrias hayan acabado con los pequeños empresarios. Esto se debe, según Damme, a que a los niños se les ha incentivado el uso de juguetes electrónicos que hacen todo por ellos y que no les permiten tener sueños. Además dice los apartamentos son tan reducidos que no permiten un espacio lúdico .

Después de las dificultades por las que atravesó en su infancia, este hombre que camina con un bastón en madera de colores elaborado por él mismo, considera que para un pequeño es vital tener un juguete.

El juego dice ayuda a olvidar los problemas de la vida . Por eso está convencido de que son los niños pobres los que más necesitan una forma de aliviar su dura realidad.

Ahora, en Navidad, Damme se ha propuesto la misión de despertar en los menores el gusto por el juguete de madera, como parte de su filosofía de vida. Por esto, como en años anteriores, obsequió algunos de sus juguetes a los niños pobres de Bogotá. Compromiso que ha cumplido durante más de 40 años y que no piensa abandonar a pesar de las dificultades económicas.

Mientras tanto, se sube a sus propios caballitos y junto a sus hijas continúa viviendo en un mundo que, según él, se ha negado la oportunidad de conservar las cosas sencillas. Creo que es ahora cuando tengo la oportunidad de ser niño

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