MUJERES CON DOS VIDAS

MUJERES CON DOS VIDAS

Al verlas pasar uno piensa en los cuervos, porque están envueltas en el chador, ese largo manto negro. Siempre están de oscuro. Entonces, para quiénes son las telas de colores chillones que cuelgan en los bazares? (VER MAPA DE UBICACION)

12 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Para ellas mismas. Las mujeres de Irán, a las que vi comprar faldas rojo encendido, blusas amarillo quemado, pantalones verde lora y pañuelos dorados o azul turquesa en los puestos de los bazares.

Nunca les vi la cabeza descubierta ni saludar de mano o de beso a un hombre extraño. Inclusive cuando alguno de ellos tuvo que saludarme lo hizo con una ligera reverencia o se disculpó con un perdóneme por no darle la mano, pues es la costumbre en mi país . La religión lo prohíbe, me explicaron.

También me contaron que en sus casas pueden mostrar las blusas entalladas, las sandalias de tacones, los vestidos de novia de escote y manga corta, las piyamas babydoll de nailon y los ligueros de satín que se ven en las vitrinas. Pero uno tiene que contentarse con imaginarlas.

Debajo del abrigo o del chador a veces asoma el tono verde encendido de un saco, un jean o un mechón pintarrajeado. Porque la ropa que usan en público está diseñada para disimularles las formas femeninas y taparles la cabeza. Otra vez, en obediencia a la religión.

Dicen los iraníes que a nadie encarcelan por violar la norma del vestido. Pero que los fundamentalistas islámicos pueden agredir a una mujer que lo haga y armar una trifulca. La policía, entonces, la detendría por propiciar un escándalo público.

Hasta el 11 de febrero de 1979, la antigua Persia era tan occidental como las monarquías europeas. Pero ese día, tras el derrocamiento del sha Mohamed Reza Pahlevi por las fuerzas musulmanas del ayatolá Jomeini, la vida empezó a dar un giro de 180 grados que, tras un referendo, convirtió al país en la República Islámica de Irán.

El nuevo régimen obligó a las mujeres a usar trajes holgados y el pañuelo en la cabeza. Esta norma rige a partir de los 9 años, edad considerada tan importante como los 15 en occidente.

Pero el color negro no lo trajo el islam, sino que simboliza el luto que llevan las mujeres por el millón de muertos que le dejaron al país la revolución islámica y la guerra de ocho años con Irak, en la década de los 80.

Son los mismos muertos que con sus retratos rompen la monotonía de las calles de Teherán, llenas de edificios de cemento de cuatro o cinco pisos. Aquel que aparece degollado es un clérigo asesinado por la policía secreta del Sha; ese otro de turbante es un líder estudiantil muerto en la revolución y el de la pared gris es un ministro de petróleos apresado por los iraquíes cuando visitaba la refinería en la frontera y que luego fue asesinado.

Las mujeres que los lloran han ido propiciando un cambio silencioso. Su voto fue definitivo para darles el triunfo a los reformistas en las recientes elecciones parlamentarias. No son tan ignoradas como uno las imagina.

Hamid Assefi, director general de prensa e información de la Presidencia de la República, lo corrobora: su país le da un lugar especial a la mujer y ella cada vez gana más protagonismo en la vida pública. De hecho, hay 14 congresistas, de un total de 290, más que en muchos países europeos , y constituyen el 53 por ciento de la población estudiantil universitaria.

Para él, esa idea de que no son tenidas en cuenta puede obedecer a hechos como su poca presencia en las páginas deportivas de los diarios. Los hombres no pueden verlas practicando natación, baloncesto u otros deportes, debido a que no se cubren el cuerpo y la cabeza. Por eso sus equipos solo pueden competir con los de otros países musulmanes y solo frente a público femenino. Sin embargo, Assefi dice que a la mayoría le gusta esa cultura porque les deja más libertad para ellas mismas.

Los iraníes hombres y las mujeres con que pude hablar comparten este criterio, pero reconocen que, por ejemplo, no pueden ser juezas. Sin embargo, entienden esa limitación porque las consideran demasiado sensibles. Tampoco pueden ser médicas de hombres, así como los hombres no pueden atender a las mujeres. Pero en este último caso, la ley se viola, porque no solo no hay suficiente número de doctoras para la población femenina que es poco más de la mitad, sino que los mejores cirujanos iraníes son hombres.

Otra norma que no se cumple es la prohibición de usar métodos anticonceptivos artificiales y hay quienes aseguran que el gobierno del presidente Jatami, partidario de las reformas, se hace el de la vista gorda ante la venta de preservativos.

Para ellos, otra prueba de que las mujeres no son subvaloradas está en las leyes. Por ejemplo, si están casadas y trabajan, el sueldo es para ellas. Mientras que el marido sí tiene la obligación de sostener la casa. Las esposas también tienen derecho a cobrarle una mesada por el oficio doméstico y por amamantar a los niños.

Aunque cada vez hay menos uniones arregladas, el matrimonio todavía implica el pago de una dote: el hombre le da a la esposa una suma equis representada en oro, bienes raíces o dinero en efectivo.

Ella puede cobrarla apenas se casa, aunque muchas solo lo hacen si se divorcian, en cuyo caso, el marido tiene que pagarla aunque la esposa se hubiera quedado con todo en la partición de bienes.

Hasta hace cinco años, el divorcio era poco usual y como era difícil que una mujer divorciada volviera a casarse, además de la dote había otra forma de garantizarle un futuro holgado: a través de los años, la familia y el marido le regalaban oro, metal por el cual sienten fascinación las iraníes. Hoy todavía muchas lo compran con agrado.

Sus joyas no son discretos anillos y cadenas, sino gruesas gargantillas y pulseras trabajadas en delicada filigrana. Pero estas, igual que los trajes de colores, solo las pude ver en las vitrinas, porque en la calle las mujeres están tapadas con esos mantos negros que recuerdan a los cuervos.

Matrimonios temporales En Irán se permiten los matrimonios temporales, como una medida para evitar la prostitución, pues el islam reconoce que el deseo sexual es natural y debe ser satisfecho.

Para casarse por esta vía, basta con que la pareja sea soltera y registre la unión por unas horas o por unos días ante un notario. En caso de que la mujer quede embarazada, el hombre no podrá negar la paternidad.

Pero una vez casados, el islam no les perdona el adulterio. Aunque la lapidación ya no se acostumbra, en algunas zonas rurales todavía se apredrea y se azota a las mujeres infieles.

La falta les da cárcel a los dos amantes, aunque es difícil probarla porque no solo tiene que haber tres testigos, sino que debe demostrarse que hubo penetración.

*Esta historia se realizó a partir de una invitación de la embajada de la República Islámica de Irán a Teherán.

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