24 HORAS PARA JURAR AMOR ETERNO

24 HORAS PARA JURAR AMOR ETERNO

De los candentes debates en el Congreso, de su vehemente oposición a la extradición y su defensa aguerrida del presidente Ernesto Samper, Carlos Alonso Lucio sucumbió al amor.

17 de diciembre 2000 , 12:00 a.m.

Y no solamente al terrenal. También al divino.

Por eso, la ceremonia de su matrimonio con la senadora cristiana Viviane Morales fue, también, un testimonio de conversión al cristianismo.

Bajo el altar adornado de flores de la iglesia cristiana Casa sobre la Roca, que orienta el periodista Darío Silva, Lucio separado y con dos hijos confesó no solo su amor a Viviane sino que desnudó detalles de su reciente encuentro con Dios, en las selvas del Catatumbo.

Estaba de frac negro y un auditorio de 1.500 personas lo escuchaba. Cinco cabezas, en medio de rostros desconocidos, se destacaban: las de los ex presidentes Samper y Carlos Lemos Simmonds; los senadores Edgar Perea y Martha Catalina Daniels y el ex defensor del Pueblo, José Fernando Castro Caicedo.

Cinco meses atrás, en julio, Castro Caicedo lo entregó a la Fiscalía para que se cumpliera la orden de captura que desde diciembre de 1998 pesaba sobre él. Durante 591 días evadió la justicia.

A partir del 20 de julio, en las casas fiscales de La Picota, el ex senador empezó a pagar la condena de 30 meses de prisión por los delitos de estafa y falsa denuncia.

Después de ese episodio de entrega a las autoridades, el país fue sorprendido con la revelación del amor del ex combatiente del M-19 y la senadora cristiana, sobre todo porque, según Lucio, nació en la distancia él en el monte, ella en el Senado- y se consolidó en la imposibilidad de la cercanía él en la cárcel, ella, afuera-.

El pasado viernes, a las 5 de la tarde, Lucio salió de La Picota para cumplirle la cita al amor. Tenía apenas 24 horas.

Llegó faltando 10 minutos para las 7 a la iglesia, saludó al ex presidente Samper y al senador Perea y se ubicó en la entrada. Había gladiolos, anturios y margaritas diminutas en las columnas forradas en velo.

Pongan la marcha Sobre una alfombra roja que empezaba en la entrada de la iglesia y terminaba en el altar, alguien había esparcido pétalos amarillo y salmón.

El coro de alabanza, a la izquierda del pastor, cantaba para sobrellevar la espera. Los 60 ujieres jóvenes que velan por la compostura y el protocolo se mostraban nerviosos ante la algarabía de la prensa.

El pastor vestía de negro sobre una blusa color obispo. Del clériman le colgaba una cruz de plata que brillaba con las luces de las cámaras. A su lado, su esposa, Esther Lucía, también vestía de negro.

En medio de los abrazos y las felicitaciones, una mujer menuda le indicó a Lucio que la novia pronto entraría a la iglesia. Listo. Pongan la marcha , le ordenó a uno de los ujieres.

Pero no hubo marcha. Una melodía con fondo de piano acompañó a los novios hacia el altar, precedidos por la dama de honor y los pajecitos.

Viviane vestía de blanco, sin encajes, y una estola del mismo color le caía. Toda mujer que se case enamorada debe hacerlo de blanco , dijo la senadora, también separada y con tres hijos.

Sonreía del brazo de Lució. Su dama de honor, una jovencita pálida, de ojos y nariz grandes, apretaba el ramo entre las manos con la misma rigidez de un soldado del Vaticano.

Silva abrazó a los novios y la ceremonia comenzó. Habló del amor mojigato y recordó unos versos de Salomón que, dijo, son un tratado de erotismo matrimonial .

Lemos miraba desde la segunda fila del auditorio de los invitados especiales. Samper se había perdido entre el público. El Pastor iba y venía entre las hazañas de Gandhi y la inteligencia de Einstein. Los flashes se disparaban sobre la pareja y los pajecitos empezaban a deshojar las flores.

Pocas miradas se cruzaron los novios durante la ceremonia. Con la postura de los anillos, las dos manos se juntaron. El beso llegó casi dos horas después de haberse iniciado el oficio. Las confesiones de Lucio, unos segundos más tarde.

Acostumbrado el país a sus discursos políticos y vehementes, los asistentes fueron sorprendidos por las palabras almibaradas que hablaban de su encuentro con Dios y con Viviane.

Gracias Padre, porque la bendición gigante y tierna de tu palpitar en mí restauró el sentido profundamente espiritual de mi vida. La intimidad de revolucionario siempre se resistió a las versiones del Dios inquisidor y flagelante , dijo.

Mosquetero del amor Habló de Jesús, de las madrugadas en el campamento de las selvas del Catatumbo cuando estuvo en manos de Carlos Castaño y de sus peticiones al Todopoderoso. Le pedí a Dios el regalo de una mujer y hoy me abraza el milagro de Viviane , dijo.

Su amigo, José Fernando Castro Caicedo, lo escuchaba de pie, al final de las sillas puestas para los invitados especiales. Me parece que Lucio está vivamente enamorado y convertido , dijo.

No hubo pullas en sus palabras, ni reconvenciones, ni diatribas ni se asomaron los gestos de fogosidad de otros tiempos en los que, convertido en uno de losCuatro Mosqueterosi en el Congreso, cuestionaba la compra de unos fusiles.

Completaba cuatro horas de la libertad provisional que le concedió el Inpec para jurarle amor eterno a la senadora. A las 5 de la tarde del sábado regresó a su prisión de La Picota, donde tendrá que permanecer por dos años.

FOTO: Fue una ceremonia larga, acompañada por el piano del maestro Frank Fernández y con 1.500 invitados.

Carlos Julio Martínez/EL TIEMPO

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