UN NOBEL HECHO ENTRE FUSILES

UN NOBEL HECHO ENTRE FUSILES

El día que Orlando Gaitán Camacho llegó en lancha al rancho lejano en que viven sus padres, para contarles que la Asociación de Campesinos Trabajadores del Carare (ATCC) que él preside se había ganado el Premio Nobel de Paz Alternativo, por poco los encuentra muertos. Y también estuvo a punto de hallar en un ataúd a su hijo de 4 años, al que todos llaman Beto pero que está sin bautizar. Hacía tres meses que no veía a sus viejos, ni a Dora María y Delio, sus hermanos.

21 de octubre 1990 , 12:00 a.m.

Desde que sus ocupaciones como líder de los siete mil colonos de la asociación lo obligaron a marcharse de su casa en la vereda La Padregosa para ir a pagar 6 mil pesos de arriendo por una pieza en el corregimiento de La India, en Cimitarra (Santander).

Por eso, el martes pasado, mientras iba aguas arriba por el río Carare a visitarlos, estaba feliz bajo el sol hirviente, sin sospechar que lo había acechado la desgracia.

Dos horas después, cuando doña Carmen Elisa lo vio ahí, al lado del fogón, bajo el techo de palma, se le escurrieron las lágrimas.

Al pie, a la sombra y sin camisa, su padre, Saulo Gaitán, un colono viejo, también tenía turbia la mirada.

Entonces, le contaron: Ayer casi nos morimos todos. En La Zarca, donde el río es más peligro, se nos volteó la canoa.

Fue terrible. El motorista alcanzó a gritar: Virgen Santísima . Después, se oyó un chapoteo espantoso. A Beto lo rescatamos cien metros abajo, casi ahogado.

El mercado se lo llevó el río. Nadie se explica cómo nos salvamos . Apenas ahí, en ese instante, un día después de que en La India todo mundo lo sabía, él se enteró que estuvo a punto de quedarse huérfano y con un hijo muerto. Se ganó una rifa La noticia del premio lo soprendió a él en Bucaramanga una semana antes, el martes 10 de octubre, pero no la creyó.

Se convenció en Bogotá, al día siguiente, cuando se bajó de la flota, se metió en un taxi... y se oyó hablando por la radio!. Ahí entendió que estaban pasando una entrevista vieja, porque lo del Nobel Alternativo era cierto.

Sus padres apenas lo supieron en Cimitarra cuatro días después, cuando una señora que pasó los felicitó porque la Asociación se ganó el premio , pero ellos no entendieron nada.

Ni siquiera dos días más tarde, el 16 de octubre, ocho días después de adjudicado El Otro Nobel , sabían bien lo que había pasado.

Por eso, cuando los enviados de este diario les preguntaron si estaban orgullos, don Saulo, un campesino eterno, respondió: Estoy contento porque mi hijo se ganó esa rifa .

Entonces, él les explicó que no había sido un sorteo sino que a los siete mil campesinos de la asociación les habían otorgado el Nobel Alternativo, el premio Derecho a la Vida, por haber logrado la paz en la región. Mejor dicho, porque, gracias a Dios, se acabaron los muertos .

La verdad es aún más profunda y conmovedora: cansados de soportar tantos años de violencia, de terror, de miseria y de silencio, los campesinos del Carare, armados apenas de su fe y sus palabras, lograron convencer a la guerrilla, a los paramilitares y al Ejécito de que la paz era posible.

Animados por Josué Vargas, un colono recio, a cada uno le explicaron que los campesinos habían quedado en mitad del fuego y ya no podían seguir poniendo los muertos. Así, lograron el milagro de acallar los fusiles.

Después, se dedicaron a hacer obras: una tienda comunal, escuelas veredales, un instituto agrícola, consiguieron desgranadoras de maíz y están construyendo un centro de procesamiento de maderas.

Además, compraron un terreno para construir un pueblo. Se llamará La Pedregosa y será para gentes que amen la paz, porque allí el amor será cierto y la felicidad posible.

Y también tienen un plan de desarrollo para toda la región, que vale más de 3 mil millones de pesos. Aunque hasta ahora, a pesar de mil promesas, no han recibido casi nada, tampoco renuncian a ese sueño.

Por eso, la historia de los siete mil campesinos del Carare es en realidad un estremecedor canto a la vida.

Entonces, por favor, escriba que sí, que estamos orgullosos de que nuestro hijo y todos los hombres de esta tierra hayan hecho algo tan hermoso , dijo don Saulo. Estocolmo, dónde? La verdad, es que los padres de Orlando Gaitán no tenían porque saber lo del premio, porque no tienen radio ni televisor, y apenas de vez en cuando un periódico viejo llega a estas tierras ardientes y lejanas, donde hace falta todo.

Por eso, tampoco saben dónde queda Estocolmo, donde su hijo recibirá el premio el 9 de diciembre. Allí, donde hace 8 años, recibió su Nobel Gabriel García Márquez.

Aquí, río arriba, en las veredas, donde viven los colonos legítimos, los que se han pasado la vida sembrando maíz o aserrando montañas, los que no tienen teléfonos ni carreteras, los que no poseen aire acondicionado ni telefax, nadie sabe nada de Suecia, ni de premios nóbeles.

Pero, precisamente por eso, es mucho más hermoso que sean ellos, unos campesinos auténticos, los que hayan logrado lo que no han conseguido otros hombres a los que les sobra todo: la paz. Una noche leeré a Gabo Y Orlando Gaitán Camacho, el líder de esos campesinos, es un digno hijo de estas tierras. El es El otro Nobel .

Por lo menos, es un Nobel distinto, porque mientras Gorbachov, que se ganó el verdadero Nobel de Paz, viaja en limusinas y avión privado, él va cerro cerro arriba, con una docena de panelas al hombro y un talego de mogollas como regalo para sus padres.

Nació hace 31 años en La Granja, una vereda de Sucre (Santander). Apenas hizo quinto de primaria y a las 12 años ya estaba tumbando guayacanes a puro serrucho, porque no tenían motosierra.

Cuando tenía 19 años, ya había estallado esa guerra pavorosa que dejó a los colonos en mitad del fuego, y se tuvo que ir del rancho porque lo iban a matar. Viajó a Bogotá y vendió baratijas en Las Ferias y en San Victorino.

El 1981, regresó, pero se devolvió en la siguiente flota porque todo estaba peor. Entonces, en Guateque (Boyacá) hizo dos cursos de líder campesino y validó hasta segundo de bachillerato. Luego volvió a Bogotá, a trabajar de albañíl. Después, se ganó un chance. Con los 80 mil pesos del premio compró una caseta para vender cachivaches.

A comienzos del 86 fue a Cimitarra al bautizo de un sobrino Franklin, se reencontró con su novia, Beatriz Mateus, se casó con ella y se quedó.

Entonces, empezó a trabajar como administrador en la finca de Josué Vargas, el hombre que se inventó la paz en la región. El fue el primer presidente de la asociación.

Lo peor que nos ha pasado, fue lo del 26 de febrero. La noche que mataron en Cimita a Josué Vargas, a Saúl Castañeda y a Miguel Angel Barajas, directivos de la asociación; y a la periodista Silvia Duzán, que había venido a entrevistarlos para la televisión de Londres. Josué era como mi segundo papá .

Tal vez por eso, el 27 de abril lo eligieron para remplazarlo. Tiene mucho trabajo, pero poco salario. Apenas se gana 40 mil pesos. Ni siquiera el sueldo mínimo.

Ahora, tendrá que ir hasta Estocolmo a recibir el premio, porque él encarna El otro Nobel . Yo sé que ese galardón no es mío, sino de todos los campesinos, pero en especial de nuestros muertos .

Yo no voy a ir de liqui-liqui, como García Márquez, pero en Bucaramanga me quieren hacer un traje típico de santandereano.

Yo casi no he leído nada de Gabo . Un día empecé a leer El General en su laberinto. Era la misma vaina que me enseñaron de Bolívar en la escuela, pero mejor escrito.

Lo que sí quiero leer es Cien años de soledad. Voy a conseguirlo. Yo sé que en Estocolmo aclara muy tarde. A lo mejor, en una de esas noches eternas, me lo leo completico .

Por ahora, lo cierto es que El otro Nobel no ha leído a García Márquez. Las tres viudas Fidelia Quiroga, la viuda de Josué Vargas, el principal promotor de la paz en la región de Cimitarra, está convencida de que él no los abandona ni siquiera después de muerto .

El fue el primer presidente de la Asociación de Trabajadores del Carare (ATCC). Lo mataron a tiros en un restaurante de Cimitarra el 26 de febrero pasado, junto con Saúl Castañeda, el secretario; con Miguel Angel Barajas, el asesor, y con la periodista Silvia Duzán Sáenz, que había ido a entrevistarlos para la BBC.

A Vargas lo sepultaron en Bucaramanga, a Castañeda en Cimitarra, a Barajas en El Socorro y a Silvia Duzán en Bogotá.

La asociación quedó maltrecha y las tres viudas quedaron desoladas.

Pero, tarde o temprano, la vida trae alguna recompensa para los que mueren luchando por la paz: a la asociación le concedieron el Premio Nobel Alternativo y a Fidelia Quiroga le llegó una carta la semana pasada.

Era un mensaje hermoso de la televisión inglesa en el que le anunciaban que a las tres viudas les habían enviado ayuda económica.

Con esa platica voy a poner a estudiar a Damaris, nuestra hija de 14 años. Ella quiere ser bachiller y seguir después la obra de paz que comenzó Josué. Por eso, sé que ni siquiera después de muerto él nos ha abandonado. Me he soñado con él muchas veces. Me ha dicho que está bien y que tenga fe, porque algún día la paz florecerá para siempre .

Sinembargo, no faltan los tropiezos. La hermosa finca que él levantó con su trabajo se está derrumbado a pocos. A los platanales los está matando una plaga y ya casi no queda madera que cortar.

Jamás voy a olvidar que unos días antes de que lo mataran, Josué me repetía lo mismo: si me dejan vivir, voy a buscar un hermoso mañana para ustedes. Y si me matan, estoy seguro que habrá alguien que no los olvidará .

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