DENUNCIAN PROSTITUCIÓN INFANTIL

DENUNCIAN PROSTITUCIÓN INFANTIL

Cartagena está haciendo carrera como destino de turismo sexual infantil. Así lo denunció Juan Manuel Urrutia, director del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).

11 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Si alguien me llama para decir que allá eso no pasa, lo invito a un par de discotecas , dijo ayer el funcionario quien reconoció que la explotación sexual de niños y jóvenes se ha denunciado desde hace mucho tiempo en Colombia y expreso su preocupación por que La Heroica se está posicionando como un importante destino de turismo sexual infantil.

Urrutia recordó que en Cartagena existe un programa conjunto del DAS, la Policía, el ICBF, la alcaldía, los hoteles y las agencias de viajes, el cual recibe denuncias, detecta casos de niños explotados sexualmente por el turismo para llevarlos a instituciones especializadas en atención psicoafectiva y persigue a los clientes y proxenetas. Un primer paso para solucionar lo que él calificó como una epidemia muy complicada de manejar En Colombia hay 14 instituciones donde cada año el ICBF atiende cerca de 11 mil menores que han vivido la explotación sexual. El estudio más reciente, realizado en 1997 por la Procuraduría General de la Nación y la Defensoría del Pueblo, calcula que en el país hay cerca de 21 mil niños y jóvenes que son víctimas de esta problemática.

A comienzos de este año, William Fernando Martínez, reportero de EL TIEMPO, estuvo en Cartagena y se encontró con la historia de Nataly, que hace parte de este drama social.

Los pasos de Nataly Nataly es una chica de 17 años que en su rutina diaria descansa hasta las 12 del día y se levanta cuando termina su programa favorito de dibujos animados, Dragón Ball Z.

Su rutina de niña termina al pasar el mediodía. Se sienta en su cama y espera a que se desocupe el baño comunal de las residencias La Muralla, mientras alista su maquillaje y unas prendas de licra de color azul eléctrico.

La Muralla es un caserón enorme de principios de siglo, acondicionado como pensión comunal y ubicado en la calle de la Media Luna. Cuenta con 20 habitaciones ocupadas por trabajadoras sexuales, vendedores ambulantes, hippies artesanos, aventureros, ex convictos y turistas de seis mil pesos noche.

Aunque Nataly vive en la zona de tolerancia más fuerte de Cartagena, prefiere buscar sus clientes en la bahía o cerca de la discoteca La Escollera. Donde van más turistas , asegura.

Allí todas las noches se encuentran alrededor de veinte menores de edad, esperando al mejor postor. La menor de estas niñas es La Chiqui , una antioqueña de 14 años, robusta y agresiva al hablar, criada en el barrio Triste de Medellín y compañera inseparable de Nataly.

Ellas son indiferentes a los peligros del sida y a diferencia de otras compañeras no llevan consigo el carné de sanidad y confiesan que por dinero muchas veces no utilizan preservativos cuando venden su cuerpo.

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