PARA SALVAR A LOS BANCOS

PARA SALVAR A LOS BANCOS

Dentro del Gobierno se están discutiendo dos iniciativas que podrían contribuir a resolver el problema de endeudamiento de los gobiernos locales y el de exceso de deuda de los empresarios. La Administración parece estar dispuesta a garantizar total o parcialmente la deuda vigente y en mora de los municipios con los bancos y a crear novedosos mecanismos para transformar la deuda de los empresarios con el sector financiero en capital. Estas ideas pueden ser la solución para evitar que la recuperación de la economía, que arranca con titubeos, no se vaya de narices contra el problema de los bancos.

11 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

A pesar de las aparentes bondades de estos posibles mecanismos, hay mucha oposición a que los pongan a funcionar. La principal crítica que se ha hecho es que se beneficiarían los dueños de los bancos que están en graves dificultades a causa de estas deudas. La otra crítica que se hace es que estas iniciativas premiarían prácticas inseguras e irresponsables de acreedores y deudores. En efecto, la intervención del Gobierno puede dar lugar a lo que se conoce como riesgo moral es un incentivo para que en el futuro tanto bancos como empresarios y gobiernos locales se comporten en forma irresponsable y pretendan pasarle la cuenta al Gobierno .

Sin embargo, son tantas las ventajas para la economía que surgirían de ese tipo de medidas que las consideraciones morales descritas pueden no ser tan relevantes y no justifican impedir que se pongan en práctica. Ellas le darían un impulso definitivo a la actividad productiva, permitirían que los municipios sigan ofreciendo sus servicios y sanearían al sector financiero. Además, los mecanismos de salvamento deben ser diseñados de tal manera que no den lugar a riesgo moral y eviten contribuir más a la concentración del crédito y de la riqueza.

Para lograrlo, el salvamento de los municipios un problema de dos mil quinientos millones de dólares tiene que cumplir por lo menos con las siguientes condiciones: en primer lugar, que los bancos den refinanciaciones a plazos suficientes para que los gobiernos locales puedan cumplir con estas obligaciones. Ello implica que los plazos de la reestructuración pueden llegar a ser de veinte y más años y los intereses tienen que ser muy bajos. En segundo lugar, los créditos que avale el Gobierno tienen que estar respaldados por la pignoración de ingresos futuros o por TES a veinte o treinta años sin intereses. En tercer lugar, la ley que rige la contratación de créditos de los gobiernos locales tiene que modificarse de tal manera que ellos no puedan endeudarse sin cumplir ciertos requisitos que verifique el Departamento Nacional de Planeación o una eventual superintendencia de la gestión local, que debería crearse. Adicionalmente, los bancos deberán hacer fuertes provisiones para cualquier crédito local que otorguen, de tal manera que les resulte marginalmente poco atractivo volver a otorgar este tipo de créditos. Finalmente, la reestructuración debe hacerse caso por caso, y debe tener una condicionalidad muy estricta en materia de cumplimiento de metas y de adopción de buenas prácticas administrativas y de inversión de los municipios.

En el caso del sector productivo, lo que hace falta es capital. En el Ministerio de Desarrollo se está cocinando una interesante propuesta en este sentido. La solución tendría que prever la forma para que un tercero, bien sea una corporación financiera, un banco de inversión o un grupo de empresarios, asuma la deuda sobrante de la empresa y la capitalice. El banco acreedor otorgaría la financiación para dicha capitalización a muy largo plazo y con bajas tasas de interés, de tal forma que con los dividendos se pueda pagar la deuda, y el Gobierno daría el aval. Los deudores entregarían suficiente contragarantía poniendo las acciones en una fiducia y TES sin intereses con la misma maduración del crédito. De esta manera, el riesgo y la responsabilidad administrativa de la empresa corren por cuenta de los compradores.

Estas serían medidas que beneficiarían a todo el mundo sin causarle daño a nadie. No tiene sentido no tomarlas, especialmente porque pondrían a la recuperación en buen camino.

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