LOS RETOS DE LAGOS

LOS RETOS DE LAGOS

Ricardo Lagos se convertirá hoy en el segundo presidente socialista en la historia de Chile después de Salvador Allende. Será el tercer presidente de la Concertación la alianza de partidos que gobierna desde el final de la dictadura de Augusto Pinochet hace diez años y su tarea primordial es la de restablecer plenamente la democracia.

11 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Hace una semana, el mundo entero pudo ver que esa tarea está inconclusa: Pinochet retornó desafiante a Chile tras su larga detención en Londres y fue objeto de un recibimiento de los altos mandos militares que contrarió los deseos del gobierno del presidente Eduardo Frei.

El espinoso tema de Pinochet y las difíciles relaciones con las Fuerzas Armadas estarán, por esto, entre las prioridades del nuevo mandatario. El propio Lagos ha anunciado que su gran batalla política será la que librará para culminar la transición a la democracia. Tendrá que deshacer las amarras que dejó la dictadura, como la figura de los senadores designados y vitalicios y la inamovilidad de los comandantes de las Fuerzas Armadas.

Pero esta batalla no será la única. En forma más inmediata, el nuevo mandatario deberá hacer efectiva su promesa de garantizar el funcionamiento eficaz e independiente de la justicia chilena en el caso de Pinochet. Como es sabido, el ex dictador abandonó el poder en 1990 al amparo de una amnistía, y Chile, como El Salvador, aceptó pagar de esta manera el precio de su estabilidad futura. Pero la detención del general en Londres ha cambiado las condiciones.

Al viajar a la capital británica, hace casi año y medio, Pinochet era intocable en Chile. Cuando fue detenido, se temió que esto desestabilizara la débil democracia chilena. Pero su ausencia creó en el país un espacio para que los chilenos de todos los matices miraran desapasionadamente el pasado. Y, al mismo tiempo, entre los familiares de las víctimas de la dictadura y los defensores de los derechos humanos en Chile se despertó la esperanza, que parecía perdida, de que la justicia saldara la dolorosa deuda.

Lo anterior condujo a una acumulación sin precedentes de querellas judiciales contra el ex dictador en su propio país, que no han sido vistas con buenos ojos por los militares. De esto quedó clara constancia en el acto de recibimiento que aquellos tributaron a Pinochet y que fue interpretado como una burla al mundo entero y al mando civil.

Lagos llega a la Presidencia en momentos en que todas estas circunstancias han enrarecido el clima político chileno. Ellas condujeron a que se suspendiera, por ejemplo, una mesa de diálogo entre defensores de los derechos humanos y representantes de las Fuerzas Armadas, establecida hace varios meses en busca de un compromiso para condenar la violación de aquellos derechos y establecer el imperativo de su protección. El factor Pinochet estropeó el propósito de suscribir un acuerdo emanado de dicha mesa.

No es fácil la tarea que espera a Lagos. En el terreno económico, su prioridad será reducir el desempleo, disparado por la recesión sin precedentes que vivió el país en 1999 y que se sitúa hoy en el 10 por ciento. Pero antes que este, su gran reto será el de desmantelar la herencia de la dictadura pinochetista para que Chile pueda vivir de nuevo en una democracia plena.

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