ENCANTAMIENTO Y MALEFICIO

ENCANTAMIENTO Y MALEFICIO

Es posible que no encontremos demasiadas similitudes formales entre las películas de Tim Burton Eduardo manos de tijeras, El regreso de Batman, Marcianos al ataque y esta, su más reciente producción, La leyenda del jinete sin cabeza. Sin embargo, en una común ironía, la modulación temática de fondo y con la continuidad clásica de lo que se ha llamado lo fantástico explicado , la obra de Burton se presenta bajo la mirada de una indiscutible unidad.

12 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

En este relato fantástico de terror gótico se recogen los diversos motivos que enriquecieron el género: atmósferas sombrías, personajes siniestros, sombras acechantes, malos augurios, bellas jovencitas bajo oscuras sospechas, inventos extravagantes y, sobre todo, brujería, encantamiento y maleficios. Todo ello forma un mundo extraño donde la razón y el sentido luchan contra lo siniestro y lo irracional.

Ichabod Crane (Johnny Deep) debe investigar la muerte de algunos de los habitantes de una pequeña comunidad holandesa de Nueva Inglaterra azotada por el terror de un jinete sin cabeza. Y aunque Crane duda de la aparición de un ser salido del infierno, que seguirá matando y no descansará hasta recuperar su propio cráneo cercenado tiempo atrás en una batalla, por fin dará crédito a lo que los atemorizados ciudadanos le habían relatado tras ser testigo del trepidante galope del misterioso jinete. Pero en el pueblo se había tramado un complot entre los principales personajes de la pequeña sociedad, para beneficiarse de una gran herencia que finalmente recaería sobre la bruja Lady van Tassel, quien tiene el poder de traer a la tierra al jinete sin cabeza para decapitar a quien ella ordene.

Tal es la leyenda que escribiera Washington Irving y que sitúa en 1799, en Estados Unidos, poco tiempo antes de que se iniciara la guerra de la independencia, en donde la investigación policial corre paralela al relato fantástico. De pronto, como el mismo Burton lo ha dicho, el hecho de situar la película en ese año es una alusión a ese tránsito de milenio, pero al contrario de los films de acción, la fantasía de La leyenda del jinete es más real que la de esas películas de acción, pero sin que implique necesariamente el temor de que el mundo estuviera amenazado por la llegada de un tiempo de una triunfal desventura.

No obstante, con este jinete apocalíptico resuenan las trompetas evangélicas. La realidad a la que posiblemente alude Burton se relaciona con la realidad interior de los personajes. Su más clara indicación está cifrada en los sueños de Ichabod, muy pequeño en sus juegos infantiles con su madre, pero también en aquellos en los cuales aparecen las escenas de crueldad y violencia cuando su padre, un presbítero, la maltrataba y torturaba hasta darle muerte acusada de brujería. Sin duda, se trata de un descenso al inconsciente de Ichabod donde él rescata lo que en psicoanálisis se llama lo reprimido y cuyo conocimiento puede dar paso a la liberación de pulsiones de muerte y que en la película aparece como un aspecto paralelo a la figura del jinete sin cabeza. Y que también refleja la dualidad entre la razón del investigador y la sinrazón que representa la ausencia de cabeza del jinete nocturno.

Siempre es posible que un cuento, una leyenda, una novela, una película, nos de una representación del mundo, o al menos una cierta representación del mundo que tiende a una totalidad. El mundo de El jinete es una ficción en la cual se relacionan los conceptos y la imaginación entrelazados como producto individual, aun así sus fuentes provengan de una larga tradición de un imaginario colectivo, si se quiere, en su más plena intertextualidad, pero que adquiere en la mente del autor la expresión de una forma plena y acabada. Cabría decir que Burton pertenece a la categoría de aquellos directores que definía André Bazin bajo una clara característica: aquellos que han probado una verdad cinematográfica que puede enunciarse de esta manera: no existe el guión más la dirección, como ocurre en el teatro, sino que solo existe la escritura y el estilo como en la novela. Es decir, Burton es, lo que se dice, un autor cinematográfico. Y es algo que El jinete confirma tanto en su narración vertiginosa, en el contenido de la leyenda que pone en escena como en las características formales, las cuales la crítica ha saludado con entusiasmo e inquietud. Y es evidente que esta película posee un gran valor plástico. Se trata desde luego de un cuadro de una época y de una moral, realizado con un gran dominio técnico, reflejado en la tendencia estética de los tonos y los colores y una evidente maestría en la creación de atmósferas. Un retrato de sociedad inspirado como se ha dicho en los pintores coloniales, y más precisamente en la escuela del río Hudson.

Recomendada para adentrarse en la narración de horror gótico de uno de los más bizarros y originales directores americanos.

No recomendada para público angustiado por apariciones de ultratumba.

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