MURIÓ EL PIERIODISTA JUAN TOMÁS DE SALAS

MURIÓ EL PIERIODISTA JUAN TOMÁS DE SALAS

El periodismo español perdió en la noche del lunes a uno de sus mejores hombres con la muerte en Madrid de Juan Tomás de Salas a causa de una penosa enfermedad. Tenía 62 años. Salas, que también poseía la nacionalidad colombiana y que inició su carrera periodística en este diario, fundó en 1971 la revista Cambio16, quizá el primer medio de comunicación de España en cuestionar al dictador Francisco Franco.

23 de agosto 2000 , 12:00 a.m.

Había nacido en Valladolid el 30 de abril de 1938 en el seno de una familia conservadora y linajuda, de la cual heredó el título nobiliario de marqués de Montecastro y Llanahermosa. Hizo luego estudios de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, se doctoró en Historia Económica en la parisiense de La Sorbona y se matriculó en varios cursos de periodismo.

Salas vivió una vida intensa y rica en experiencias. Enemigo de los regímenes de facto como el acaudillado por el general Francisco Franco desde su victoria en la Guerra Civil Española librada entre 1936 y 1939 y en la que hubo más de 700.000 muertos, se vinculó a comienzos de los 60 al Frente de Liberación Popular (FLP), un grupo izquierdista y clandestino más conocido como Los felipes .

Pero como pasar inadvertido ante la Guardia Civil de aquella época era casi un imposible en España, el FLP fue desmantelado y sus pocos miembros, detenidos. Salas corrió con suerte: se libró de milagro del acoso policial. Entonces comprendió que le quedaba poco tiempo para huir del país y un buen día se presentó en la Embajada de Colombia para pedir asilo político.

Aquí no se lo podemos dar porque en España no hay perseguidos por razones ideológicas , le dijo un alto funcionario diplomático. Salas no se lo podía creer, pero encontró la coartada perfecta para insistir cuando descubrió que el funcionario tenía entre sus manos un libro sobre los nobles de España. Yo figuro en ese libro , comentó. El diplomático, no muy convencido, buscó el nombre. Al encontrarlo, se levantó como un resorte y se fue a ver al embajador.

Para suerte de Salas, el jefe de la misión diplomática almorzaba en ese momento con el ex presidente Eduardo Santos, reconocido crítico de la dictadura franquista. Interrumpida la charla y terminada la exposición del funcionario, Santos tomó la palabra. Colombia siempre abre sus puertas a quienes son perseguidos por motivos políticos , dijo. El embajador se limitó a asentir.

Salas permaneció los siguientes ocho meses en la Embajada hasta que en febrero de 1963 el Gobierno español autorizó su viaje a Colombia. Bogotá lo recibió con los brazos abiertos. Eduardo Santos, propietario de EL TIEMPO, lo nombró crítico de cine y le permitió aprender los gajes del oficio periodístico. Aquí dejó Salas grandes amigos y el recuerdo de su combatividad y simpatía.

Al cabo de un par de años, se marchó a París, donde trabajó hasta 1968 en el servicio latinoamericano de la agencia France Presse, y luego a Londres, donde escribió temporalmente en la edición en español de la revista The Economist, que desaparecería más tarde. Pero su sueño era volver a casa y lo pudo hacer tangible en 1969, gracias a una amnistía decretada por Franco.

De regreso en Madrid, armó un grupo de 16 inversionistas para echar a andar un semanario. Eramos , escribió 20 años más tarde, unos españoles de los 60 que creíamos a pie juntillas en que la sociedad española estaba madura para vivir en paz y libertad, sin necesidad de permanecer civilmente encarcelada bajo la dictadura impuesta por los vencedores de la Guerra Civil, ni intelectualmente encajonada en la violencia ideológica que condujo a la Guerra Civil .

La idea, agregaba Salas, consistía en demostrar que los españoles no seguían divididos en franquistas y rojos (él se decía tan azul que se había vuelto rojo) ni separados por las trincheras espirituales de la cruz y el martillo, el puño y el brazo en alto o Dios y Marx , sino que debían decir nunca jamás a la violencia civil para que la dictadura perdiera toda razón de ser , se volviera banal e insoportable y todo ello desembocara en un régimen de pluralidad política y libertades .

Una auténtica tarea de titanes. La Ley de Prensa de 1966 prohibía las publicaciones de información política, Franco gobernaba con pulso firme y hasta el nombre Cambio a secas expelía un aroma subversivo. Conclusión: para que la revista pudiera imprimirse debió agregársele al nombre el número 16 en referencia a los inversionistas y promocionarse como un semanario de economía y sociedad .

Con un equipo de redactores de diversas corrientes ideológicas, entre quienes se contaban los colombianos Daniel Samper y Antonio Caballero, el primer ejemplar de Cambio16 llegó a los quioscos el 22 de noviembre de 1971. No atacaba de frente al régimen aún existía la censura-; pero lo hacía con tal sutileza que, según Joaquín Leguina, ex presidente del departamento de Madrid, representó la avanzadilla de lo que habría de ser la mejor prensa libre de la España democrática .

Muerto Franco en noviembre de 1975, Cambio16 emergía como la publicación de corte liberal más prestigiosa y leída de España y como la piedra en el zapato de varias dictaduras latinoamericanas. Hubo semanas que imprimió medio millón de ejemplares. Salas gozaba de enorme poder y respetabilidad. Era uno de los emblemas de la transición española a la democracia. El rey Juan Carlos lo apreciaba. Algunas veces fue a cenar a su casa.

En la cresta de la ola, Salas decidió diversificar el Grupo16. Creó el periódico Diario16, la emisora Radio16 y revistas como Historia16 y Motor16.

No tuvo suerte. Los problemas económicos, unidos a la embestida de los bancos cuyos escándalos financieros habían sido destapados por el semanario, lo forzaron a vender casi todo el conglomerado en 1993 por el precio simbólico de una peseta.

En 1996 lo adquirió de nuevo. Intentó reflotarlo, pero naufragó definitivamente. A esas alturas, ya había soltado amarras su proyecto Cambio Colombia, que zarpó en una ceremonia en 1993 en el Gun Club de Bogotá en la que el presidente César Gaviria le confirió a Salas la nacionalidad colombiana. Pero el periodista debió alejarse de su nuevo barco, hoy timoneado por Gabriel García Márquez y su brillante equipo.

En 1998, quiso volver al ruedo con el semanario satírico El Gato Encerrado. La falta de financiación lo asfixió. Para Antonio Caballero, Juan era un gran periodista cuya mayor virtud era que sabía por dónde iban los tiros .

En vida, Salas libró mil batallas acompañado de su mujer, Barbara Chaplin, con quien no tuvo hijos. Ganó muchísimas. Sólo la enfermedad y la muerte lograron abatirlo. Su entierro será temprano hoy en el cementerio madrileño de La Almudena.

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