ESTIGMAS DE JESÚS CRUCIFICADO

ESTIGMAS DE JESÚS CRUCIFICADO

Inmóvil yacía sobre el lecho de su cama cubierto por una sábana que únicamente permitía ver su rostro bañado por unos hilillos rojos del mismo color de la sangre, que le recorrían desde la frente hasta su espesa barba. Unos hilillos estaban secos, otros frescos. No era mal oliente como las heridas y la sangre que se secan. Es algo especial. Es sorprendente.

11 de enero 2000 , 12:00 a. m.

Su rostro no se inmutaba. Ni siquiera ante los destellos del fhas de la cámara fotográfica que disparaba para capturar ese instante. Cualquiera pensaría que estaba muerto, sino es por el leve movimiento que en forma rítmica se podía observar desde su pecho: respiraba.

Esa es la imagen que LLANO 7 días vio el viernes pasado hacia las cuatro y treinta de la tarde en el cuarto de Alonso Díaz Barrios, un hombre de 52 años de edad, quien vive junto a su esposa Elizabeth Bogotá y sus dos hijos de 18 y 13 años en la vereda Puente Abadía, en Villavicencio.

Allí junto a 21 familias comparten, desde hace un año, el proyecto de la Asociación de Familias Ingenio de la Alianza, que orienta monseñor Alfonso Cabezas Aristizabal, obispo de la Diócesis de Villavicencio.

Un día antes Alonso le contó a LLANO 7 días que vive esta experiencia desde hace 15 años cuando la virgen María, junto a su esposa, les hizo un llamado a la conversión.

Los dos primeros años fue el llamado de la virgen María, después durante ocho años fueron manifestaciones internas y desde hace cinco años son externas.

Alonso aseguró que cada viernes después de las tres de la tarde desde la corona de su cabeza le mana sangre hacia el rostro, así como en sus manos y pies donde dice tener unas llagas similares a las de Jesús cuando fue crucificado. Unos guantes de lana le cubren desde arriba de la muñeca hasta la mitad del pulgar y los nacimientos de los dedos.

Este no es el primer caso que se conoce en el Meta, uno similar le ocurrió al seminarista de Restrepo, Roque Jacinto Solaque, quien falleció después de que tuviera similares manifestaciones, conocidas como estigmas, o huellas impresas en los santos extáticos, como símbolo de la participación de sus almas en la pasión de Cristo.

Roque una noche hacia las dos de la madrugada, sintió como una lezna qumante-una puntilla con otro puntilla muy fina- le atravesó las manos y los pies. Amaneció todo ensangrentado.

Durante 14 meses vivió esa experiencia y a los 26 años falleció. Incluso él profetizó que moriría en tal tiempo y en tal fecha. Ante los hechos no hay nada que decir , reveló monseñor Gregorio Garavito Jiménez.

El caso de Alonso Díaz Soy hijo de una familia de agricultores de Cabrera (Cundinamarca), que nos acostumbró a la Santa eucaristía. Me case con Elizabeth el 26 de mayo de 1979.

Vivía en Bogotá y trabajaba en forma independiente como asistente veterinario en esa ciudad, Pereira y Manizales.

Hace quince años cuando al padre Jorge Alberto Hernández lo nombraron párroco de Santamaría de Piedra en la Diócesis de Facatativa (Cundinamarca), la virgen María me hizo el llamado a la conversión.

Eran unas visiones de la virgen, que me dictaba mensajes y me hablaba de que todo tenía que vivirlo muy enamorado del Señor. Después de los gozosos y los gloriosos la virgen me dijo que estaba preparado para llevarme a los brazos de Jesús.

En la capilla de Santamaría Jesús me recibió y sus primeras palabras fueron que quería compartir conmigo su pasión. Que el padre Jorge Alberto sería mi guía espiritual durante todo este tiempo, hasta ahora.

Me regaló los estigmas durante ocho años a nivel interno. Yo vivía la agonía, la pasión, pero todavía no había muerte, ni resurrección. En ese entonces el Señor me regaló la llaga interna, en el costado derecho del pecho. Tuve tres días consecutivos de la manifestación interna. Hubo como una transfusión de sangre. Hubo vómito de sangre y me llevaron a hospitales y me hicieron exámenes, pero clinicamente no encontraron nada. Estaba bien.

Durante todas estas experiencias el Señor nos fue despojando de todo, porque él quería vivir más íntimamente conmigo. Los negocios en Bogotá, Pereira y Manizales como asistente veterinario los entregué con mucha obediencia. Llegó un momento de no viajar porque no tenía tiempo sino para el Señor, pero además porque estaba muy enfermo en razón a que no me podía mover y no podía trabajar.

Días antes de las manifestaciones visibles que comenzaron el cuatro de marzo de 1995, mi estado de salud fue muy delicado: se me empezaron a hinchar las manos, los pies, el costado, la frente.

Fui al hospital durante un mes, pero no me encontraron nada. Durante todo este tiempo he estado entregado a la oración con mi familia.

Esta experiencia se presenta todos los viernes porque es el viernes de dolor, cuando el señor dio su vida por salvarnos.

Durante este tiempo de la muerte es una experiencia muy hermosa porque es el encuentro muy especial con el Señor. Donde el rostro de Jesús y el mío se funden en uno solo. Siento todo lo que el sufrió y padeció. Siempre se repite lo mismo.

El rostro del Señor en la flagelación es de mucho dolor, pero tiene una mirada muy compasiva, como de tristeza, de ver la ingratitud de la gente, de nuestros hermanos. De ver lo que vino a darnos lo mejor, su vida lo que se le pago. Su mirada es profunda de tristeza, pero de conversión, de que él siempre está pendiente de nosotros.

En el momento de vivir la experiencia es como un aroma del Señor y la sangre en los brazos corre lo contrario y en la cara todo se viene al rostro, aunque debería correr hacia abajo.

Recuadro Concepto de la iglesia Sobre el caso de Roque Jacinto Solaque monseñor Gregorio Garavito Jiménez, como teólogo y pastor de la iglesia conceptúo: Salvo juicios mejores que yo respeto, después de haber estudiado madura y fríamente el caso. Después de haber pedido a Dios luz para lo que debía decir.

No es un fenómeno diabólico, porque el demonio no puede aconsejarle a uno que tenga devoción a la virgen, que rece el rosario y que reciba la Santa comunión. Se descarta pues intervención diabólica. Se descarta también una especie de autosugestión, con el cual se logra algo.

Pero se necesitaría que el hombre estuviera ámente o que fuera desequilibrado y puedo decir de él que era una campesino que era de la misma región de donde yo he venido, de vida dura, de experiencias duras que no pensamos mucho en las cosas poéticas o románticas.

Entonces vuelvo y digo que aquí creo ver que seguramente el Señor, igual que a San Francisco de Asís, el primer estigmatizado que se conozca; Angela de Foriño, Teresa Noiman y Catalina Emerich.

Así como el Padre Pío, un capuchino sacerdote que fue beatificado y estuvo estigmatizado 50 años, quien al momento de la misa que duraba tres horas el se transformaba, se veía como le salía sangre de la corona de espinas, siguiéndole los pasos a nuestro Señor y murió hace 25 años.

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