PARALELO CERO

PARALELO CERO

Cómo sería de distinta la humanidad, si la hubiéramos liberado del temor. Bertrand Russell

13 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

El paralelo cero nos atraviesa. Unos metros al norte de la línea ecuatorial, el agua fluye por el sifón en una dirección, y pocos metros al sur, el agua corre en el sentido opuesto. Nos atraviesan contradicciones, aciertos, paradigmas y reconciliaciones, que se ignoran, se mezclan o se chocan en escritorios, quirófanos, circos y veredas de esta ecología nacional, donde coexisten los más dramáticos antisociales y los más nobles espíritus.

La semana pasada, en el Congreso de Maltrato Infantil, organizado por el Consejo Británico, Haz Paz y Colsubsidio, en medio de cifras desgarradoras (3.000 niños involucrados en grupos armados, 250 menores asesinados en acciones bélicas durante 1999, y un año 2000 con el 40 por ciento de los niños colombianos viviendo en condiciones de pobreza y más de un millón en la miseria), dos expositores en un marco general de excelentes conferencistas se atornillaron en el alma y la conciencia de la mayoría de los asistentes.

Bien distintos el uno del otro, en su formación, profesión y credo. El uno, prodigioso docente, gestor de las más polémicas decisiones de las Cortes de Colombia; maravillosamente culto, enamorado de la antropología de la libertad , y con una figura y un abrazo cargados de ternura. El otro, un cura que más que predicarlo, ejerce un evangelio auténtico y cercano; visualiza al Jesús del tercer milenio hablando con los pandilleros de Ciudad Bolívar, le da a la palabra de Dios el sentido de realidad que un país en conflicto necesita para aprender a tolerar y perdonar, y deja palpar en su mirada la Colombia que tenemos y la que queremos construir.

Ambos, cura y jurista, con un común denominador: después de oírlos, conocerlos y sentirlos, la propia historia, y la del país que nos conmueve, se comprende, se cuestiona y se concibe, de una manera diferente.

El magistrado Gaviria, un abanderado de la autonomía propia y ajena, y del derecho de todo ser humano a decidir y a aspirar a la sublime utopía de la felicidad. Pregona y aplica una educación basada en la confianza y el afecto, y les devuelve a la ética y la libertad el inmenso valor que un endémico modelo pedagógico de premios y castigos pretendiera quitarles, a costa del sacrificio de miles de niños que han ido perdiendo la espontaneidad y la vida en medio de una batalla arbitraria, entre quienes creen tener el poder de decidir por otros lo que está bien o mal y quienes deben esperar, impotentes, el ignorante veredicto de los sabios.

El padre Alirio López, cautivadora mezcla de inteligencia y bondad aplicadas y bien entendidas, lleva cerca de diez años trabajando por la resocialización de jóvenes pandilleros y ex milicianos, y recientemente lideró el pacto de no agresión de los presos de la cárcel Modelo. Eso son hechos de paz. Cientos de niños a quienes la guerra y la inequidad les arrebató la infancia, y que tenían en la violencia su única expresión conocida de vivir y morir, descubrieron que hay quien los acompañe en el proceso de volver a empezar, para fundir en palomas de acero las armas que les daban el pan, el temor y la tristeza de cada día.

Paralelo cero. Mariposas amarillas. Seres humanos excepcionales y una patria con derecho a la esperanza

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