CLAVE 1956 NACE INTERMEDIO

CLAVE 1956 NACE INTERMEDIO

14 de enero 1992 , 12:00 a.m.

Por eso, el primer número del nuevo diario aparecía identificado como edición 29.111 . La justificación que llevó al general Rojas a equilibrar el número de periódicos afectos al Gobierno con el de los opositores, la proporcionó el mismo Presidente en la inauguración del Diario Oficial: ... si un ciudadano cualquiera, independientemente de sus buenos o malos antecedentes y condiciones intelectuales y morales puede dar a luz un órgano periodístico y erigirse, por ese simple hecho, en orientador de la opinión, habrá razón alguna para sorprenderse de que el Gobierno, representante auténtico de la sociedad, autorizado fomentador del bien común y responsable de la marcha ordenada del Estado, tenga un diario que llegue a esa misma opinión...? . A partir de ese jueves, la prensa del Gobierno formó alineada con cuatro matutinos y un vespertino, así: - El Diario Oficial, matutino, con 32 páginas y cien mil ejemplares. - El Diario de Colombia, matutino, con la dirección de Samuel Moreno Díaz, de tendencia conservadora. - El Día, matutino, de tendencia conservadora. - Jornada, matutino, afecto al régimen y de tendencia liberal. - Y el diario vespertino La Paz, de corte oficialista. Frente a ellos, en la otra orilla, la prensa de la oposición se agrupó con tres periódicos matutinos y dos vespertinos, así: - Intermedio, matutino que remplazó transitoriamente a EL TIEMPO, clausurado por el Gobierno el 3 de agosto de 1955. Desde su nacimiento, el martes 21 de febrero de 1956, se constituyó en el norte de la oposición, bajo la orientación del más leído de los columnistas de entonces, Enrique Santos Montejo, Calibán . - Información, matutino de matiz conservador, que remplazara a El Diario Gráfico, desde su cierre. - El Independiente, vespertino, con la dirección de Alberto Lleras, Darío Bautista y José Salgar, remplazó a El Espectador, que fuera obligado a cerrar el 7 de enero de 1957. El Independiente fue clausurado, a su vez, a los 55 días de aparecido y sólo volvió a ver la luz el 4 de febrero de 1957, tres meses antes de la caída del Gobierno. - La República, matutino conservador moderado, que derivó de la defensa del régimen, al comienzo, a las trincheras de la oposición al final. - El Mercurio, vespertino conservador moderado. Con lo que no contaba el General era con la preferencia de los lectores . Los diarios de la oposición triplicaban en circulación a los editados por el régimen, así se les descontara a los empleados públicos, que ganaban sueldos superiores a $750 pesos y por la derecha , la obligatoria suscripción al nuevo Diario Oficial. De todas maneras, en forma independiente del número de lectores o del favor de la publicidad oficial y privada, 10 diarios capitalinos confrontaban sus particulares tesis y propuestas y agitaban sus consignas en la última etapa del gobierno del General. Pero si bien con el Diario Oficial se equilibró el número de órganos de prensa, la censura que mantenía la Odipe (Oficina de Información y Propaganda del Estado), continuó con su tradicional desequilibrio. Los cinco diarios gubernamentales publicaban sus informaciones sin censura previa, mientras que en cuatro de los cinco periódicos de oposición era necesario proporcionar incómodo alojamiento a los omnipotentes censores del Gobierno. Tanto el Diario Oficial como Intermedio, nacidos ambos en 1956 pero en dos orillas diferentes desaparecieron 260 días más tarde, con las jornadas del viernes 10 de mayo de 1957 cuando cayó la dictadura. El primero cerró sus puertas como aparato propagandístico del Estado, mientras que el segundo, cumplida su transitoria misión, descolgó el provisional aviso de INTERMEDIO, que adornara el balcón del edificio de la Jiménez, durante 458 días, para volver a EL TIEMPO. Ese sábado con la reaparición tradicional de EL TIEMPO, luciendo como estandarte el número 15.771, Calibán escribió: Así desaparece Intermedio por el foro. Y como en los viejos dramas sólo nos resta a los actores pedirle al pueblo un aplauso. Que es la única recompensa que aspiramos. Y EL TIEMPO sigue su marcha. Aun cuando en realidad nunca la suspendió. Los chicos voceadores se negaron a ratificar la clausura de EL TIEMPO y con ese viejo nombre de batalla y de gloria, lo pregonaban por calles y plazas. En los talleres, en la redacción, en la administración, actuaba abnegado y valiente con muy pocas excepciones el mismo personal de EL TIEMPO. La orientación no se modificó ni una línea; la brújula marcaba el mismo norte .

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