EN NUEVE MESES HA PERDIDO MAS DE LO QUE DEBE EL TERCER MUNDO BOLSA DE TOKIO: UN CRASH A GOTAS

EN NUEVE MESES HA PERDIDO MAS DE LO QUE DEBE EL TERCER MUNDO BOLSA DE TOKIO: UN CRASH A GOTAS

Cerca de dos billones de dólares, es decir más de la deuda total del Tercer Mundo, se han evaporado en los primeros nueve meses de este año en la Bolsa de Tokio. Hace poco, cuando el aumento de la tensión en el Golfo disparó el precio del petróleo a 40 dólares, el índice Nikkei cayó a 20.971 yenes, el nivel más bajo desde marzo de 1987. Gracias a que en la última semana hubo cierta distensión, se volvió a recuperar: el viernes ya estaba en 24.481 yenes.

21 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

La racha de pérdidas, que se prolongó durante toda la primera semana de octubre, acentuó la preocupación de muchos, porque como se espera una ola inflacionaria por el petróleo que, posiblemente, desestabilizará más los precios bursátiles.

Las acciones perdieron casi la mitad de su valor entre enero y septiembre. Después de la invasión de Iraq a Kuwait, la Bolsa de Tokio perdió 32 por ciento. Pero el acumulado en los nueve meses alcanzó a 46 por ciento, según informes de la agencia AFP.

El nivel promedio de las acciones se situó por debajo del punto que tocó durante el crash bursátil de 1987. Un derrumbe de esas dimensiones, no tiene precedentes en Japón desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial y comenzó la era moderna del Kabuto-Cho (el barrio de Tokio donde está ubicada la Bolsa). De purga a crash La caída iniciada a principios de año fue considerada por los especialistas como una purga saludable . Así la calificaron quienes aseguraban que el mercado estaba dopado por los excesos de la especulación, alimentada por el dinero barato, aunque no generaran un impacto preocupante sobre la economía.

La incertidumbre y la preocupación sobre la forma como viene evolucionando el mercado, se extiende a los grandes inversores institucionales, dijo a la agencia EFE Yoko Kamiki, de la inversora Daiwa.

Los precios de los papeles en la bolsa, que se han deslizado como una bola de nieve, están hundiendo a las empresas inversoras y han comenzado incluso a espantar a los gigantes grupos de especuladores.

La situación comienza a ser realmente grave. Esta vez el impacto tendrá ramificaciones profundas , comentó el presidente de un banco europeo que vive en Japón hace más de 20 años.

Según datos oficiales, desde el primero de enero de 1990 la capitalización de la Bolsa de Tokio (es decir el valor de las acciones multiplicado por el número de títulos) se redujo en 267 billones de yenes, que equivalen a un billón 936.000 millones de dólares. En otras palabras, se esfumó más de lo que debe todo el Tercer Mundo, que se estima en un billón 300.000 millones de dólares.

Aunque cada día es mayor la confusión y nadie se atreve a hacer pronósticos precisos, algunos comentan que si el Nikkei llegara a caer por debajo de 18.000 yenes, habrá una catástrofe en el mercado.

En los análisis también abundan los pesimistas. En un análisis de mercado publicado a comienzos de mes en el periódico económico Nihon Keizai Shimbun, Solomón Bros, experto de una firma de corretaje, pronosticó que el Nikkei podría caer hasta los 4.600 yenes hacia finales de año. Sobre las consecuencias económicas en caso de que bajara a ese nivel, nadie quiere pronunciar palabra. Quién paga? Ante ese panorama y la cada vez más lejana posibilidad de que se recupere el valor de las acciones, la gran pregunta es: quién pagará esa pérdida? Los expertos no dudan en responder: la economía japonesa, es decir, el hombre de la calle, será el que, tarde o temprano, tendrá que asumir el costo del crash .

Las primeras víctimas de ese fenómeno, según los expertos, serán las empresas que se habían acostumbrado a obtener una fácil refinanciación en el mercado, gracias a la liquidez de que gozaba la economía y a las reducidas tasas de interés.

Como la industria dejará de tener acceso a financiación barata, según un un banquero, se generará una disminución de las inversiones. Ese fue un factor considerado como uno de los pilares del formidable crecimiento económico del país en los últimos años.

El sector bancario también resultará afectado. Los activos financieros de los bancos --y en consecuencia sus fondos propios-- amenazan con derrumbarse en pocos meses.

Las normas internacionales en materia de cobertura de riesgo sobre los préstamos acordados, los obligarán a reconstituir su capital.

Esa exigencia, sumada a la caída de las utilidades del sector financiero, disminuirá su actividad tradicional de préstamo y reducirá el mercado de créditos.

En ese caso, la lista de afectados crece. Se resentirán las exportaciones de capital, en las cuales los los bancos nipones fueron en los últimos años los principales intermediarios de los enormes flujos de dinero que permitieron financiar en parte el déficit norteamericano o programas de inversión en los países en vías de desarrollo.

En 1990 esas exportaciones disminuirán en 50 por ciento, advirtió Tokyoo Gyothen, consejero especial del ministerio de Finanzas. Si la situación empeora, en 1991 la disminución sería más dramática.

A más largo plazo, el efecto de la crisis se traducirá en una disminución del poder adquisitivo, que ya había comenzado a reducirse como consecuencia del crash de 1987, pues los ahorristas particulares poseen 20 por ciento de los valores bursátiles.

Ese impacto secundario, a su vez, provocará una reducción del consumo, que es otro pilar del crecimiento y soporte de buena parte de las importaciones del país.

No obstante el oscuro panorama, algunos analistas destacan elementos positivos en la crisis. Entre ellos, la disminución de los fenómenos especulativos, el regreso de la Bolsa a normas más internacionales y el final del período de opulencia que conoció el mercado financiero japonés que --a partir de ahora-- estará menos sometido a las manipulaciones de las autoridades y será más sensible a las leyes del mercado mundial.

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