LA LOTERÍA

LA LOTERÍA

Boyacá es muy de malas. Cualquiera de los cuatro candidatos que en la última jornada electoral se lanzaron a la palestra no produjeron confianza total entre el electorado. Cada uno a su manera salió a la plaza pública a decir lo que no creía y lo que no sentía. Todos cumplieron el papelón de hacer, decir y echar discursos bravucones unos, chistosos otros y mentirosos la mayoría.

10 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Basta recordar a Miguel Angel Bermúdez: azaroso y hablador; a Orlando Cuervo, discreto y gris; a Pedro Pacanchique, folclórico y medio locato; o a Eduardo Vega Lozano, bonachón y bien apadrinado. Pero en esencia ninguno se comprometió hasta el fondo con el departamento. Los perdedores se evaporaron y el ganador, como mandatario, se ha mantenido de tumbo en tumbo, pero nada más.

Mejor dicho, como dicen las señoras ganó el menos pior . Descontada la abstención, los índices de participación fueron muy bajos, resultado de varios factores: cansancio, desconfianza, desconocimiento y desinformación como elementos visibles de algo más profundo: la crisis de la organización institucional del Estado en manos de dirigentes incapaces o corruptos, o las dos cosas a la vez.

Para comprobarlo no es sino echarle una ojeada a entidades del orden nacional y el desastre está a la vista sin necesidad de colocarle trapo rojo o azul. En Boyacá, reflejo de lo que pasa en el país, la situación está pasando de castaño a oscuro. Las buenas intenciones, por la falta de visión, misión y objetivos, queda inmovilizada por la presión diaria de los urgente sobre lo importante.

El departamento, como el país, se nos está desmoronando en nuestras manos y narices. La ausencia de dirigentes que encaucen la voluntad y el deseo de superación de gentes buenas, necesitadas de oportunidades para trabajar y estudiar, la estamos perdiendo ante fuerzas oscuras que desde la derecha o desde la izquierda y siempre desde la violencia están sumiendo a la región en la horrible noche de la cual habla el Himno Nacional.

No hay en este momento, y bueno es tenerlo claro, un solo dirigente departamental que desarme pasiones e intereses partidistas pensando sólo en Boyacá. Ya se están empezando a bajar nombres para las elecciones de gobernador y el común denominador es el de los mismos con las mismas , desde luego, con variopintas diferencias de tono, temperamento y carácter.

Las elecciones que se avecinan no pueden, ni deben, volver a ser un plato suculento para los políticos de turno que llegan y se solazan opíparamente y luego, pese a nuestra calamitosa y famélica situación de pobreza y atraso, no tienen el menor remilgue de eructar en nuestra cara mientras la población esquilmada ve pasar los días de poder construir un mejor porvenir.

Faltan nueve meses y unos días para despedir a otro gobernador y el problema no es porque se vaya uno, sino porque puede llegar otro peor.

*Periodista y sociólogo jorsanvar

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