LA DOLARIZACIÓN ECUATORIANA

LA DOLARIZACIÓN ECUATORIANA

El Ecuador acaba de institucionalizar el dólar estadounidense como su moneda oficial a cambio del tradicional sucre. Así lo decidió el Congreso Nacional al aprobar el proyecto de ley que presentó a su consideración el Gobierno del Presidente Noboa, hace escasamente 20 días. la celeridad con que se aprobó tan trascendental estatuto demuestra un hecho positivo, indispensable para sacar de su crisis la economía del vecino país: una armónica relación política ejecutivo-legislativo, de la que careció el gobierno del Presidente Jamil Mahuad y que fue causa de buena parte de sus problemas. Tal armonía, que ojalá perdure, hace ver con optimismo la suerte de la plataforma legislativa adicional que requiere el desarrollo de la ley marco de dolarización, denominada trole-bus

15 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Por supuesto, como todo asunto de tanto anclaje en la vida de un país, la ley Trole-bus tiene aspectos positivos y negativos. Dentro de los primeros sobresalen: Se despeja un clima de incertidumbre muy nocivo para el desenvolvimiento económico; imprime estabilidad; desaparece el fantasma de la inflación que en el reciente pasado alcanzó cifras superiores al 60 por ciento anual; desaparece el fantasma de la devaluación, agudizada desde que el Ecuador abandonó el sistema de bandas cambiarias, hasta el punto de que a comienzos de enero el dólar se cotizó a SS/28.000; se estabilizan las tasas de interés que llegaron a niveles superiores al 100 por ciento; se crea un ambiente de confianza que fortalecerá el ahorro y la inversión, tanto nacional como extranjera; obliga a la reestructuaración de pasivos con el sector financiero; y por último, entroniza principios de disciplina fiscal al no tener el gobierno el poder doméstico de emisión.

Dentro de las facetas negativas se destacan: La desaparición del Banco Central, el cual queda reducido al ejercicio de funciones estadísticas, con todas las consecuencias que esto significa; desaparición del poder de emisión; pérdida del poder de regulación de la política monetaria; no habrá quién actúe como pagador de créditos internacionales cuando una entidad bancaria local tenga problemas de pago, con incidencia en el sistema especial de pagos Aladi; y no habrá quién actúe como prestamista de última instancia del gobierno y de los bancos, con lo cual estos últimos quedan sin la posibilidad de acudir a una entidad superior cuando demanden operaciones de salvamento.

La dolarización puede significar un duro golpe a las políticas sociales. Por eso la preocupación del Presidente Noboa de humanizar el proceso de cambio de moneda para no golpear las clases populares . El temor de la clase menos favorecida por el cambio a una moneda dura se evidencia en el hecho de que la medida es rechazada por un poco más del 60 por ciento de la población. En concepto de agrupaciones de sindicatos, campesinas, y otras organizaciones populares, la dolarización aparejaría un estallido social ya que la armonización de salarios con los nuevos precios, de niveles internacionales, no será fácil y tardará bastante tiempo.

El manejo de precios internos no va a ser tarea exenta de problemas. El Ecuador tiene alto grado de concentración productiva; por tanto, la dolarización necesita mecanismos adicionales para garantizar armonía entre precios, ingresos y salarios. Las reacciones inmediatas del área productiva y comercial buscan ajustes de precios acordes con un dólar a SS$25.000, dejando atrás el poder de compra de salarios e ingresos; por esa razón, se anuncia oficialmente bajas de aranceles e importación de artículos básicos.

En virtud de la dolarización, el Ecuador queda ligado al manejo monetario de un país desarrollado cuyos intereses no compaginan con los de un país en vía de desarrollo. De otro lado, los intereses de préstamos internacionales tal vez se reduzcan, pero no tanto, pues de todas maneras existirá el riesgo país.

Y, finalmente, dentro de las facetas negativas, las ganancias por el ejercicio de la soberanía monetaria se pierden para favorecer al país cuya moneda se adoptó.

Pero, especialmente, subyace el riesgo de iliquidez. Bajo el esquema de la dolarización la expansión de la base monetaria sólo se logrará a través de 4 vías, a saber: incremento sustancial de las exportaciones, especialmente las no tradicionales que son las que inyectan nuevos recursos; el fortalecimiento del crédito externo; la afluencia sostenida y creciente de inversión extranjera, y la repatriación de capitales. Dadas las difíciles circunstancias por las que atraviesa la economía ecuatoriana, el manejo satisfactorio de esas variables es bien complicado. Nada extraño sería que en el Ecuador, como ocurrió recientemente en Rusia, se reviva el sistema de trueque, ante una aguda iliquidez.

En lo tocante al área andina se recibe con preocupación el anuncio de la dolarización ecuatoriana, pues la participación del Ecuador en el proceso comercial y de integración andinos dependerá de los efectos de tal experimento; de hecho el comercio ecuatoriano con el resto de sus colegas andinos descendió en casi un 45 por ciento en 1999 frente a las cifras de 1998. Una terapia equivocada agravaría ese resultado. Preocupa, igualmente, que se incumplan compromisos andinos, pues el nuevo esquema monetario y cambiario del Ecuador, totalmente diferente al del resto de países andinos, provocaría esa situación. En cuanto a las exportaciones ecuatorianas, perderán ellas el incentivo de la devaluación, cosa bien importante para países con aparatos productivos que por vulnerabilidad de costos requieren de este tipo de promoción; podrían también perder competitividad al pagar en moneda dura insumos y servicios nacionales. Las importaciones seguirán siendo afectadas por altos inventarios y la baja del poder de compra de los consumidores, que no repuntará de manera inmediata.

En el Ecuador, como en cualquier país, el cambio de moneda no será la panacea para la solución de sus afugias económicas. La moneda es el resultado de una economía sana. Ella sola, de por sí, aun cuando sea una de las monedas más fuertes y de más recibo en el mundo, carece de poderes mágicos. Por eso, la importancia de que el cambio de moneda se acompañe de una plataforma de políticas sociales y económicas que fortalezca y reoriente la estructura social y económica del país que decida adoptar el sistema. De no ocurrir eso, los resultados serán pobres y desalentadores.

Ahora el Ecuador demanda más que nunca la solidaridad de sus socios andinos. desde hace tiempo la Cámara Colombo Ecuatoriana de Industria y Comercio ha propuesto la creación de un Fondo Andino de Solidaridad, financiado con un pequeño recargo sobre el arancel externo común; ese Fondo tendría como única función acudir en apoyo de los países andinos con graves desequilibrios económicos y sociales, en condiciones acordes con su situación.

(*) Director Cámara Colombo ecuatoriana de Industria y Comercio

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