EN BARÚ, JÓVENES VIVEN DE LA ARTESANÍA

EN BARÚ, JÓVENES VIVEN DE LA ARTESANÍA

Luis Colón da fe que un joven capacitado y apoyado puede ayudar a su familia y, de paso, contribuir al desarrollo de su comunidad. La Fundación Mario Santo Domingo, que desde hace 40 años realiza gestión social, lo viene apoyando a él y a 23 jóvenes de dos poblaciones remotas de la Isla de Barú, donde vive Luis.

15 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

En esta isla, ubicada cerca de Cartagena, en el norte de Colombia, la fundación adelanta un programa que consiste en formar jóvenes artesanos en oficios como la talla y la joyería para que mejoren sus ingresos económicos.

La idea es que utilicen materiales naturales renovables de la zona, como la madera y el coco y que tomen conciencia de la necesidad de preservar los recursos en vías de extinción, como los corales y el carey, entre otros.

Este proceso es dirigido desde un Instituto Ecológico de enseñanza básica con énfasis en la preservación y conservación de los recursos naturales afectados por el hombre.

Los muchachos de menor edad que participan en el programa tienen 16 años. Dividen su tiempo entre el Instituto Ecológico y el Centro Artesanal. Antes me la pasaba caminando con los amigos por ahí, perdiendo el tiempo , dice Luis, de 18 años, quien se vinculó al programa por consejo de su hermano Ovarlis, uno de los primeros capacitados y hoy es profesor de otra generación de artesanos.

Otros van más allá: es que andando por ahí se aprenden mañas , dicen. Ahora ya no andamos por ahí correteando lobos; ahora sí tenemos algo que hacer , expresa Emilson Hernández, de Ararca una de las poblaciones de la isla.

La otra población es Santa Ana, con un mayor número de habitantes que Ararca y que aporta más artesanos al proyecto. Allí está localizado el Centro Artesanal Barbacoas, donde trabajan los chicos bajo la coordinación técnica de profesores y con el apoyo de las trabajadoras sociales de la Fundación Mario Santo Domingo.

El programa se ha nutrido del conocimiento y la experiencia de artesanos veteranos de Artesanías de Colombia, institución del Gobierno Nacional responsable de promover las artesanías en el país.

Recientemente, artesanos formados en la Escuela de Artes y Oficios Santo Domingo de Santa Fe de Bogotá, han ayudado a formar esta nueva generación isleña. Se han dictado cursos de talla en madera, calado, alto relieve y escultura , sostiene Genny Morales, trabajadora social responsable del proyecto.

No solo para hombres Aunque se podría pensar que este programa agrupa a los hombres, la perspectiva de género ha calado en su seno. Hoy, siete muchachas hacen parte del grupo participando en la creación de piezas en las que imprimen la delicadeza y sensibilidad femenina a hebillas para el cabello, bolígrafos, aretes, collares y pulseras, además de crear bandejas en forma de peces y calados decorativos para casas.

A los que piensan que este es un trabajo de hombres, les digo que también la mujer es capaz de transformar un trozo de madera en un delfín, un pez o una bandeja , dice Luz Neyda Licona.

Muchos de los jóvenes deciden acogerse el trabajo artesanal como una fuente de trabajo e ingresos porque sienten la necesidad de contribuir con los ingresos de sus casas. La mayoría viene de hogares con un alto número de hijos, cinco por familia.

Este oficio me gustaba, pero me gustó más cuando me di cuenta de que es un trabajo que también da plata , dice Javier Julio.

Y es que los grupos de artesanos ya han accedido a créditos del programa de Generación de Ingresos de la Fundación Mario Santo Domingo.

Los nativos de Santa Ana, por ejemplo, obtuvieron 1.000 dólares (cerca de 2 millones de pesos) para comprar materiales de trabajo. Las piezas elaboradas pasan a la sala de exhibición permanente del Centro Artesanal, inaugurado en 1998, o se envían a ferias regionales y nacionales donde han tenido buena acogida.

Durante su capacitación, los participantes han aprendido a superar obstáculos y retos impuestos por ellos mismos o por su grupo social.

Hoy, cuando han demostrado que pueden salir adelante, que cuentan con una formación para desempeñarse en talleres o crear los suyos, recuerdan con una sonrisa qué fue aquello que más dificultades les costó superar.

Aunque muchos no estuvieran de acuerdo, el primer día, de atrevido, cogí una herramienta y me corté. Con mucho trabajo, a los ocho días hice un delfín que después se me partió. Eso fue un reto para hacer uno nuevo. Esta vez, sí me quedó bonito , cuenta un artesano.

Muchos se ven devengando salarios producto de su labor artesanal y los más ambiciosos desean impartir la enseñanza que han recibido.

Los pioneros del programa, formados desde 1998, ya hoy ejercen como profesores e instructores de otros que se han vinculado. Algunos administran las herramientas y las máquinas y los demás trabajan como vigilantes del taller, cuidando las instalaciones y los equipos en los que trabajan cada tarde, después de asistir a la escuela.

Es en este espacio donde aprendieron a ver la vida de un modo diferente. Donde descubrieron que las oportunidades salen al paso y hay que saberlas aprovechar.

Fotos: Fundación Mario Santo Domingo 1. Aunque el programa de artesanos en la Isla de Barú se inició con jóvenes entre los 16 y los 19 años, hoy, estudiantes de secundaria de los colegios presentes en la isla con edades desde los 13 años hacen parte de las capacitaciones técnicas.

2. En la Isla de Barú, el género se ha hecho presente con siete chicas estudiantes de bachillerato que después de su día de clases, toman cursos de talla en madera y joyería en coco en el Centro Artesanal Barbacoas.

3 Las instalaciones del Centro Artesanal han sido en su totalidad dotadas de elementos fabricados por los artesanos. Además de los productos exhibidos, el mobiliario es obra de las manos creativas de los muchachos.

4 No sólo de las manos y el ingenio surgen las obras de los artesanos. El taller de los jóvenes ha sido dotado con maquinarias y equipos que mejoran la calidad del trabajo y estimulan la creatividad de los autores y gestores de artesanías.

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