X CONFERENCIA DE LA UNCTAD

X CONFERENCIA DE LA UNCTAD

En la Declaración Política, que con el nombre de El espíritu de Cartagena , puso punto final a la VIII Conferencia de la UNCTAD, celebrada en esta ciudad en 1992, por iniciativa de Colombia se acordó establecer una nueva asociación para el desarrollo con el fin de terminar con la confrontación que había surgido dentro del seno de este organismo entre países desarrollados y en vía de desarrollo. Todo ello dentro de la idea de que el nuevo orden económico internacional debe basarse en el principio de asociación en que todos los países tienen derechos y obligaciones y que todos puedan participar en los acuerdos básicos para conciliar los intereses.

13 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Este espíritu se trato también de mantener en la X Conferencia de la UNCTAD que durante el 12 al 19 de febrero se realizó en Bangkok, Tailandia, para reflexionar sobre las implicaciones que globalización ha tenido en los países en desarrollo.

La economía mundial se vio afectada en el decenio del 90 por diferentes crisis financieras, especialmente la asiática, que Rubens Ricupero, el Secretario General de la UNCTAD, califico como crisis de desarrollo, por tres razones principales. La primera porque afecto exclusivamente a los países en desarrollo, beneficiando inclusive a las economías industriales gracias a la caída de los precios de los productos básicos y la fuga de capitales. La segunda razón porque tuvo efectos destructivos mucho mayores en las naciones en desarrollo más avanzadas, lo que suscita serias dudas de sí el desarrollo es, como se ha supuesto durante mucho tiempo, un proceso que reduce la vulnerabilidad de las economías a los golpes extremos. La tercera y última razón son las incertidumbres e interrogantes que se han creado acerca de sí será posible, una vez concluida la crisis, recuperar los niveles de crecimiento económico en los llamados países recientemente industrializados, especialmente los países asiáticos, que era la única prueba de un desarrollo sostenido durante varios decenios.

Del examen realizado se llego a varias conclusiones que quedaron plasmadas en el Plan de Acción aprobado al final de la Conferencia. Se concluyo, al igual de la Conferencia de Davos, que si bien la globalización ha planteado graves problemas, con riesgos de inestabilidad y marginalización, la experiencia indica que sigue siendo una fuerza potencialmente poderosa y dinámica de crecimiento y que ofrece nuevas perspectivas para la participación de los países en desarrollo en la economía mundial. Puede mejorar el rendimiento general de las economías de los países en desarrollo al abrir nuevas oportunidades a sus exportaciones, promover la transferencia de información, conocimientos y tecnología, e incrementar los recursos financieros disponibles para la inversión en activos materiales e intangibles.

Como Presbisch lo declaro cuando se creó la UNCTAD en 1964 la reciprocidad económica internacional debe ser real. Ella no se da sino hay que construirla. Es necesario que la comunidad internacional aborde los desequilibrios y las grandes asimetrías de la economía mundial y, en épocas de crisis, contemple la adopción de medidas bilaterales y multilaterales para proteger a las poblaciones vulnerables y para hacer frente a los efectos de la inestabilidad de las corrientes de capital originados en la rápida liberación financiera. La promoción de la solidaridad económica regional puede contribuir a ello a través de un regionalismo abierto. De ahí la importancia de los procesos de integración.

Aunque la liberación comercial ya he generado crecimiento, un aporte importante de los países desarrollados sería profundizar su proceso de apertura para muchas exportaciones de los países en desarrollo (agricultura, textiles y confecciones) y garantizar que el funcionamiento de su mercado sea competitivo y no discriminatorio. Hay que dar a los países en desarrollo la oportunidad de participar activamente en la OMC. Las instituciones internacionales deben ser capaces de aproximar los intereses de los países desarrollados y en vía de desarrollo.

Finalmente, no basta que exista un entorno mundial propicio, acompañado de una activa cooperación internacional, sino que para maximizar los efectos de la globalización se precisan políticas internas adecuadas, que no solo corrijan las vulnerabilidades macroeconómicas sino que actúen en el sector real de la economía. Esta es una recomendación especialmente válida para Colombia. Por encima de todas las dificultades fiscales el país tiene que hacer un formidable esfuerzo en este campo.

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