FINAL FELIZ EN LINARES

FINAL FELIZ EN LINARES

En medio de la polémica finalizó el supertorneo de Linares que se celebró del 28 de febrero al 10 de marzo en esta ciudad española con la participación de seis grandes maestros del ajedrez mundial. Uno de ellos era Gary Kasparov.

16 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Como ya es conocido en el mundo del ajedrez, Kasparov y polémica son inseparables y este supertorneo de Linares, reputado como el más fuerte del mundo, no podía ser la excepción.

El certamen se desarrolló a doble vuelta. Antes de celebrarse la última jornada, los rusos Kasparov y Vladimir Kramnik iban a la cabeza con medio punto de ventaja sobre sus seguidores.

Las reglas del torneo determinaban que en caso de un empate final en el primer lugar se dirimiría por cuatro sistemas de desempate. Y si esto no aclaraba la situación, el árbitro principal lanzaría una preciosa moneda de plata del siglo XIX Este último recurso se contempló con una posibilidad remota. Se esperaba que cuatro formas de desempate aplicados uno tras otro resolverían esa posibilidad.

Pero los líderes no pudieron vencer a sus rivales de turno. Kasparov encontró una férrea resistencia en Annad, que con las negras planteó una sólida defensa Petrov, consiguiendo sin dificultad las tablas. Igual resultado se presentó en la partida Kramnik-Leko.

Contra todo pronóstico, una vez finalizó la última ronda el pasado viernes, Kasparov y Kramnik estaban empatados con seis puntos cada uno.

Los jueces aplicaron, tal y como se había determinado, los sistemas de desempate. Pero estos no arrojaron ninguna luz: los dos rusos estaban igualados en todo. Quedaba la moneda. Pero ahí fue Troya. Decenas de aficionados y expertos presentes en la sala del torneo, y otros a través de Internet, protestaron esta medida.

Cómo era posible se preguntaban casi todos que el ajedrez, que es ciencia y arte antes que juego, y que es el símbolo del pensamiento lógico y de la razón, tuviera un final gracias al azar? Al parecer, los organizadores conmovidos por la fuerza de estos argumentos, decidieron tomar el camino de la improvisación y propusieron que Kasparov y Kramnik jugaran cuatro partidas semirápidas para desempatar.

Los jugadores con sus entrenadores discutieron esta posibilidad durante una hora encerrados en una habitación, pero la propuesta fue rechazada. Según ellos, el cansancio tras la partida no les permitiría jugar un buen ajedrez.

Al final se pactó que ambos jugadores se declararían campeones y que la Cabria de plata , el famoso trofeo que alude a la historia minera de Linares, le sería adjudicado a Kramnik, quien más había hecho méritos según el mismo Kasparov.

Un final feliz para este disputado torneo que es el orgullo de la ciudad y de España, el paraíso actual del ajedrez.

*Maestro Fide

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