PAPA CALIENTE CHINA

PAPA CALIENTE CHINA

En el lejano Mar de la China y más exactamente en el estrecho de Formosa se está cocinando la próxima papa caliente para la comunidad internacional y en especial para los Estados Unidos.

17 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

El polvorín está en la pequeña isla de Taiwan (o Formosa, como la llamaron los portugueses), sobre cuya suerte se libra una creciente disputa no solo bilateral sino de un triángulo que involucra directamente a Washington.

Después de recuperar Hong Kong y Macao, los dos enclaves coloniales que la Gran Bretaña y Portugal tenían en su territorio, China ha redoblado su campaña por la reincorporación de Taiwan, la joya que falta para restaurar su integridad nacional. Y al paso que van las cosas, el conflicto por su soberanía ya no será cuestión de años sino probablemente de meses.

Una acción militar de China para recuperar la isla podría ocurrir antes de lo que se piensa si en ella cobra fuerza la idea de la independencia completa. Esta ha sido la bandera de Chen Shui-bian, el candidato favorito en las elecciones presidenciales de mañana, las primeras verdaderamente abiertas que se realizarán allí.

Chen es el líder de la oposición y tiene posibilidad de ganar porque el partido de gobierno se dividió entre dos candidatos, Lien Chan (el actual vicepresidente) y James Soong, un veterano político fiel al régimen de Chiang Kai-shek, el general que escogió a Taiwan como su refugio al huir del continente en 1949, tras su derrota a manos del ejército comunista de Mao Zedong.

Desde entonces, la isla se convirtió en la sede de un régimen adverso al de Beijing y tan autoritario como aquel, que fue encarnado por el propio Chiang hasta su muerte en 1975, después por su hijo Chiang Ching-kuo y a la muerte de este en 1998 por Lee Teng-hui, su primer presidente elegido.

China ha reclamado siempre a Taiwan como parte de su territorio, pero no ha podido recuperarla por el apoyo económico y militar que los Estados Unidos ofrecen a la isla. En 1950, Washington llegó a enviar una armada de guerra (la famosa Séptima Flota) para impedir una acción directa de Beijing sobre ella.

La pequeña isla no resistiría un ataque del gigante asiático si no fuera por la sombrilla protectora de Washington. Aunque es una potencia comercial, su situación diplomática se debilitó desde cuando China fue admitida a las Naciones Unidas en 1971 y la mayoría de los países del mundo reconoció formalmente al gobierno de Beijing.

No obstante lo anterior, los Estados Unidos siguen apoyando a Taiwan con muchos miles de millones de dólares en armas y gigantescas inversiones en su economía. Un ultimátum chino a la isla, por lo tanto, conduciría a un choque con Washington.

Pronto se verá si los intereses asociados al que fue el diminuto imperio del Kuomintang pesan más para la Casa Blanca que las relaciones con Beijing y lo que viene con ellas: el gran mercado chino, en el que hace tiempo tienen puestos sus ojos los cacaos de los Estados Unidos

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