EL CIUDADANO PEÑALOSA

EL CIUDADANO PEÑALOSA

Enrique Peñalosa es un ciudadano singular. Y no sólo por su condición de alcalde de una metrópoli de siete millones de habitantes, con mayor población que Uruguay o Paraguay. Sus 1,98 metros de estatura son excepcionales en un país cuyo promedio está en 20 y hasta 30 centímetros por debajo. Los zapatos de su talla solo puede obtenerlos en el exterior y, a veces, debe mandar a hacer las camisas, porque en el mercado es difícil encontrar las de medida.

29 de diciembre 2000 , 12:00 a.m.

El, sin embargo, pasa impasible por encima de todo ello. Peñalosa se sale de cualquier molde. Se para de cabeza para descansar y ha puesto de cabeza el estereotipo del político tradicional colombiano: mañoso y deshonesto, agalludo e ineficiente.

Con la misma impasibilidad, ha ido en campaña a una cola del Acueducto aprometeri que subirá las tarifas; le ha hecho poner partes a ministros por abusar de su condición depersonajesi en los semáforos; y ha expresado que es difícil salvar a un país en el que los hijos de las clases dirigentes no van al frente de batalla.

De fondo, cree que los colombianos son monos con smoking , porque mejoran su condición económica, pero no valoran el desarrollo del intelecto y del espíritu.

Gran parte de lo que es y piensa, y sobre todo de su pasión por la ciudad donde nació hace 46 años, se la heredó a su padre: Enrique Peñalosa Camargo, empresario y político liberal de la línea de Carlos Lleras y Virgilio Barco, que fue concejal de Bogotá, ministro y diplomático. También fue director del Incora y expropió a muchos terratenientes; varios de ellos, padres de los compañeros de colegio del joven Enrique, que terminaron dándole en la jeta por cuenta de sus fincas perdidas. Desde entonces, dice, aprendí la importancia de buscar una sociedad igualitaria .* Como alumno inteligente, pero muy distraído, culminó su bachillerato y se fue a Estados Unidos a estudiar historia y economía en la Universidad de Duke, donde ganó una beca deportiva. Sus habilidades futbolísticas resultaban sobresalientes en un país donde, por entonces, apenas estaban descubriendo a Pelé.

En el segundo año de estudio vino un momento clave: Peñalosa padre fue nombrado subsecretario de Naciones Unidas y secretario general de la Conferencia Mundial del Hábitat. Era 1974. El padre le envió documentos al hijo, que éste retribuyó con otros. El tema de las ciudades se le volvió obsesión a Peñalosa junior: Entendí que el desarrollo económico puede llegar tarde o temprano, pero que todo será un desastre si no se hacen bien las ciudades, el hábitat ideal para la humanidad .

Desde entonces, se preocupó por conocer cómo se han hecho y rehecho megaurbes como Nueva York y cuáles son los encantos de París, su ciudad favorita, donde estudió tres años administración y cine. Su modelo de vida es el europeo, porque allí la gente ha aprendido que, para ser feliz, la clave no está en acumular bienes y dinero sino en saber vivir.

El antipolítico El joven Peñalosa volvió al país a principios de los 80. Fue cultivador de tomates, con poca fortuna, y libretista de televisión. Fue decano universitario, manejó el Instituto de Ahorro y Vivienda y dirigió la empresa Arthur Di Little. Pero su vocación real -el sector público- es lo que le ha dado más figuración.

Acumuló experiencia como subdirector de Planeación de Cundinamarca y subgerente del Acueducto de Bogotá. Y, cuando salió como suplente al Concejo, Virgilio Barco, otro de sus modelos, se lo llevó de consejero económico de la Presidencia.

Para esa época, ya había reclutado un puñado de amigos para hacer política. En el 90 se lanzó a la Cámara y obtuvo la curul con 21 mil votos: En ese momento, decidí que iba a buscar la Alcaldía .

La revocatoria del Congreso en el 91, que él apoyó con entusiasmo, le adelantó la oportunidad, pero en la consulta liberal perdió contra la veteranía de Jaime Castro. Lo intentó de nuevo en el 94, cuando lo derrotó la imagen fresca de Mockus. Sin embargo, su votación lo puso de primero en la fila para el turno siguiente.

Fue el resultado de la política hecha sin convencionalismos: volvió a los Carulla, ya no a vender tomates sino a repartir plegables que el mismo hacía, y fue de casa en casa, de buseta en buseta, para demostrar que no era el candidatobieni para el que la ciudad terminaba en la calle 72.

El fin de semana habitual de Peñalosa se resumía en salir con un par de amigos, en moto o campero, a los extramuros de la ciudad, para hablar con la gente, preguntarle como vivía y anotar todo en papelitos.

Sus amigos más cercanos recuerdan que a menudo escogía sitios donde había perros y niños, pero no votos y que era el modelo extremo del antipolítico, porque sus promesas eran subir tarifas y expropiar terrenos. Entre semana, todas las noches echaba su cuento en reuniones en casa de amigos, aunque el auditorio fuera de tres pelagatos.

La tarea hecha Su discurso de posesión recogió todos los planteamientos que durante años expuso en columnas y prometió cambios dolorosos. Gran parte de lo que dijo, lo cumplió: recuperó los andenes a pesar de la impopularidad de los bolardos; estableció Transmilenio contra la oposición de los transportadores menores, y aumentó los cupos escolares y se lanzó a mejorar la calidad de la educación dándoles el manejo de nuevos planteles a los mejores colegios privados.

Es cierto que no vendió la Empresa de Teléfonos de Bogotá ni pudo cumplir del todo con sus metas en parques, ciclorrutas o colegios ni con la construcción de la Avenida Longitudinal, pero aún así termina con una popularidad sin parangón respecto de sus antecesores.

Cómo explicar el 3,4 de calificación promedio a su gestión y el 64 por ciento de opinión favorable? Como el resultado de un trabajo de años. Un día le entregó a su secretario privado, Edgar Sandoval, los papelitos que había recogido en sus giras de barrio, convertidos en un documento de cien páginas. Esa fue la columna vertebral de su plan de desarrolloPor la Bogotá que queremosi . Allí estaba desde la ampliación de la Boyacá hasta el arreglo de las escaleras en el Lorenzo Alcantuz , recuerda Sandoval.

Recibimos con la tarea hecha. Las reuniones de gabinete eran más para recibir directrices de cómo ejecutar las cosas. Peñalosa sabía qué hacer y no había mucho qué discutir , dice Gilma Jiménez, una de sus funcionarias estrella.

En su mente estaba ya la ciudad soñada: belleza urbanística y naturaleza. El mismo trazó planos de parques y ciclorrutas, y en sus recorridos sacaba a relucir los conocimientos que heredó de su madre, una antigua viverista. No tenía problema en ordenar que tumbaran una fila completa de árboles, escogía los que más convenían para remplazarlos y definía exactamente a qué distancia debían sembrarse uno del otro.

Así empezó a pisar callos. Entre la tala de árboles, el desalojo de vendedores, la colocación de casi 9.000 bolardos y los polémicos moños de diciembre del 98, se ganó la animadversión de muchos bogotanos.

En abril de 1999, un movimiento de revocatoria en su contra cobró inesperada fuerza bajo la batuta del concejal Bruno Díaz y el parlamentario Germán Navas. Vinieron, entonces, los expertos en imagen y se trazaron estrategias en las reuniones de Gobierno y del círculo íntimo para sacar al Gobierno del profundo hueco. Pero el Alcalde -terco e hipersensible- resultó un tipo difícil de maquillar.

Un día Peñalosa se reunió con sus más fuertes allegados en el Club El Nogal para contarles que el 82 por ciento de los bogotanos pensaba que era un pésimo alcalde. Tenemos dos posibilidades: frenar o acelerar, y ustedes saben cuál es mi decisión , les dijo.

Afloró nítido el hombre que detesta la palabra concertación, que no da un paso atrás en el cumplimiento de las normas, que no aguanta las ganas de responder a un titular desfavorable y que carece de la dosis populista medular en todo político. Uno quisiera ser siempre popular, pero es tan bajo el nivel de cultura política que es difícil hacer siempre lo que la gente quiere y dejarle todo a la democracia , dice.

La inauguración de proyectos como el paseo de la 15, la puesta en marcha de un plan de inversiones gigantesco, gracias a la billonariadescapitalizacióni de la Empresa de Energía, y la desorganización del movimiento en su contra terminaron por enterrar la revocatoria.

Puso andenes anchos y altos; empezó a tumbar cerramientos; avanzó con Transmilenio y propuso convertir el Club del Country en parque metropolitano. Todo bajo sus obsesivas premisas: los ciudadanos se igualan en los espacios públicos, el interés general predomina sobre el particular y la ley no se transa.

Entonces, quién? Peñalosa hizo en la práctica lo que yo había visto solo desde el punto filosófico , dice su sucesor, Antanas Mockus El Pico y placa y el Día sin carro fueron puntas de lanza en su intención de cambiar el paradigma de la ciudad y elevar la discusión sobre los temas públicos: Antes de este Gobierno, la gente sólo hablaba de la inseguridad y huecos, y en la última elección nadie se preocupó por tales temas . Por eso, considera que -de lejos- lo más importante que hizo fue lograr que el pueblo aprobara la restricción de seis horas para vehículos particulares, a partir del 2015: Eso es pensar en la ciudad que soñamos. No una ciudad con más puentes sino con más oportunidades, no una ciudad con más autopistas sino más feliz .

Para Peñalosa, los colombianos no pueden seguir acumulando para tener un día un carro, y creer que esa será su felicidad. Si seguimos midiendo en términos materiales el éxito o el fracaso de la sociedad o de los individuos -dice-, seremos unos derrotados por el resto de la historia .

Su modelo de sociedad está en el norte de Europa, donde el Estado cobra altos impuestos pero los redistribuye en beneficios eficientes para todos. Algún día querrá aplicar ese modelo que quiere para Bogotá al país entero? Peñalosa cree hoy que es más divertido ser Alcalde que Presidente, porque lo único que tiene que hacer éste es ganar la guerra, aunque pasen tres o cuatro años sin hacer vías ni escuelas . Una labor que él considera poco constructiva.

Algunos de sus amigos no descartan que repita Alcaldía, pero con igual convicción dicen que, como al ex presidente Barco, llegará el momento en que a Peñalosa se le alinearán todos los astros, aunque no tenga partido ni un movimiento tras de él. Si no es Peñalosa, que tiene reconocimiento y muestra realizaciones concretas, entonces quién? .

Por lo pronto, el ciudadano Peñalosa se va con una alta imagen a un exilio de oxigenación en Estados Unidos. Volverá a trotar sin escoltas por el Central Park y repartirá su tiempo entre las universidades de Nueva York y de Columbia. Cuando retorne -en un año, quizás- es posible que traiga un nuevo sueño, apenas una cuadra más allá: el Palacio de Nariño.

* Esta y otras citas fueron tomadas dePeñalosa y una ciudad 2.600 metros más cerca de las estrellasi , de Angel Becassino. Editorial Grijalbo.

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