A PUERTA CERRADA

A PUERTA CERRADA

Hay temas esenciales en la vida de una sociedad que parecen inocentes o inocuos, más aún cuando las masacres o los secuestros les hacen sombra. Estos deberían estar en el centro de discusión de lo que debe ser la participación ciudadana en la construcción de una democracia que, al menos en algún modesto grado, se parezca a la que pretendió la Constitución.

18 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Es el caso de la comisión conformada por el Ministro de Educación, a la cual se invitó a representantes de Fecode y de algunas agremiaciones de colegios privados para que, junto con funcionarios del Ministerio, revisaran las normas de evaluación de estudiantes en la educación básica y media.

Más allá de la necesidad de revisar cuidadosamente la norma, quedó en evidencia que a la educación de este país le hace falta pueblo. No puede decirse que por falta de interés, pues en el foro organizado por EL TIEMPO hubo lleno completo. La comunidad educativa sintió que tenía aportes importantes, a pesar del extraño procedimiento adoptado.

Por qué tan delicada tarea, en tanto afecta muchos aspectos relacionados con la calidad de la educación, tales como el currículo, el esquema de promoción, la articulación con la nueva prueba del Icfes, los sistemas de transferencia y sobre todo una concepción del proceso formativo de niños y jóvenes, se hace de manera tan silenciosa y discreta o secreta? sin convocar a otros actores fundamentales del proceso educativo? En la comisión que trabajó desde el año pasado, no hubo representantes de las regiones, de las facultades de educación, de los padres de familia, ni de los estudiantes. Son acaso menos expertos que los dirigentes gremiales? Es un secreto a voces que el ministro Bula abrió el debate público cuando la comisión ya tenía el texto de la reforma y presionaba para que se firmara antes del próximo período académico. Por qué tanto temor a la confrontación pública en torno a un tema tan complejo? Si la educación es pública, los grandes temas deben ser ventilados abiertamente y con tiempo suficiente, como ocurrió con la Ley General de Educación y el Plan Decenal. Después vendrán las comisiones que redactan, articulan y legislan.

No hay duda de que los medios de comunicación tendrán que estar cada vez más atentos para no concentrar toda su atención en el reparto de plata para el sector financiero o en las mesas de negociación, y darles la importancia que merecen a todos los temas que afectan el bienestar cotidiano de los ciudadanos de la calle.

Como no hay mal que por bien no venga, el destape de lo que se venía cocinando tras bambalinas ha servido para motivar una discusión amplia entre expertos, secretarios de educación de las diferentes regiones, maestros con experiencias innovadoras y estudiantes que con certeza tienen algo que decir sobre los criterios con los cuales se les hace una evaluación. Acaso no han torpedeado los maestros la de ellos? Triste que en un momento como el que vive Colombia, donde la educación es la única fuente de esperanza para un futuro menos salvaje y corrupto, el Gobierno sea incapaz de movilizar a la población para construir utopías educativas posibles. Lejanas, por demás, mientras se siga disminuyendo el presupuesto del único sector humanamente estratégico que conoce el mundo.

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