SAN VICTORINO

SAN VICTORINO

Entre las obras realizadas por el Alcalde Enrique Peñalosa merece destacarse el haber librado a la ciudad de Bogotá de tenebrosos tugurios como lo eran El Cartucho y San Victorino. Con estas dos proezas, el mandatario ya inmortalizó su nombre, el cual será recordado con gratitud por todos los bogotanos.

19 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Grandes proyectos se anuncian para el nuevo milenio y entre ellos el de la construcción de una plaza dura que retoma la arquitectura colonial . Esta empalmará con el proyecto ambiental de la Avenida Jiménez, y en ella instalarán un estanque de 7 centímetros de profundidad al cual llegará parte de la corriente del río San Francisco, que hoy en día corre subterráneamente.

Aprovechando esta circunstancia, quisiéramos proponerle al alcalde una idea relacionada con la memoria urbana de nuestra ciudad, como sería la instalación de un pila que imitara la que se inauguró en el año 1805 La historia de esta pila es la siguiente: fue la diseñada por el padre capuchino Fray Domingo de Petrés. La obra fue costeada por los siguientes personajes: el Virrey don José de Ezpeleta, quien donó quinientos pesos; el señor Arzobispo don Baltasar Jaime Martínez Compañón, quien dio mil pesos; y el canónigo y cura de San Victorino don Manuel Andrade, quien generosamente contribuyó con siete mil seiscientos pesos.

Para dotarla de agua, se utilizó un acueducto que tenía el siguiente recorrido: en la calle 39 tomaba las cristalinas aguas del río del Arzobispo, y después llegaba hasta la pila de la plazuela de las Nieves. De allí lo prolongaron hasta la de San Victorino. Por qué, para esta última pila, no utilizaron el agua del río San Francisco que bajaba justamente por el costado oriental de la fuente? Porque por aquellos años dicho río ya era una cloaca mal oliente, cuya corriente estaba muy lejos de poderse utilizar para el consumo humano.

Según Pedro Ma. Ibáñez, en 1803 se terminaron las obras del acueducto y entonces se construyó la pila, cuyos servicios se inauguraron el 6 de agosto de 1805, y fueron de gran utilidad para todos los vecinos. Esta era de forma prismática y tenía ocho chorros. La fachada que miraba al occidente estaba adornada por un frontón partido en cuyo centro se encontraba el escudo de España, el cual fue destruido a cincel en 1813. Debajo había un friso con metopas y triglifos, a la usanza del estilo neoclásico. Allí también se puso una placa conmemorativa cuya leyenda fue borrada y reemplazada por el monograma JHS (Iesus Hominum Salvator). Los cuatro ángulos de la pila iban adornados con lo que Vitruvio llamó acroteria angularia . La pila estaba iluminada por un farol para que las personas pudieran servirse de ella durante la noche.

Sabemos que el taller del espacio público de Planeación Distrital ha contemplado colocar cerca del estanque una escultura del maestro Negret. Sin embargo, consideramos que esta quedaría mejor en un lugar cercano a una de las paradas del Transmilenio, con lo cual tendríamos dos monumentos que identificarían a los siglos XIX y XX, respectivamente.

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