MEDIAS VERDADES

MEDIAS VERDADES

Que el 85 por ciento es de ayuda militar, dicen unos. No, que solo el 15 por ciento, dicen otros. Que es para la guerra, dicen las Farc. No, que es para la paz, dice el Gobierno. Que es para luchar contra el narcotráfico, dice el gobierno estadounidense. No, que es para combatir a la insurgencia, dicen las ONG. Que va a contribuir a la destrucción del medio ambiente, dicen organizaciones ecológicas. No, que va a acabar con los peores depredadores del medio ambiente los cocaleros , dicen otras organizaciones. Que va a aumentar las violaciones a los derechos humanos, dicen las ONG que actúan en este frente. No, que la única manera de acabar con los peores violadores de derechos humanos, los paramilitares, es fortaleciendo el Ejército, responden algunos politólogos.

19 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

La verdad, el Plan Colombia está lleno de medias verdades porque desde el punto desde el que se le mire cada cual tiene razón.

E irónicamente quienes dicen la verdad más de a puño son las Farc, pero estos tienen rabo de paja, pues ellos son los que han impuesto que la negociación se lleve a cabo en medio del conflicto. Y como el conflicto continúa, el Estado tiene la obligación de hacer lo propio: defenderse.

La verdad, lo que cada día es más evidente es que el modelo de negociar en medio del conflicto está haciendo agua. De ahí que el Plan Colombia genere semejante debate. Debate que por cierto se ha limitado casi que exclusivamente a escenarios internacionales, cuando lo serio habría sido todo un debate público que ya es tardío.

Pero no es tarde para que el Plan se convierta en un aliciente para cambiar las condiciones de la negociación. En el Congreso de Estados Unidos, el congresista Delahunt, de Massachusetts, quien estuvo en el Caguán con los negociadores de las Farc, piensa proponer que si hay unas condiciones propicias como un cese de hostilidades permanente el componente militar se vuelva social.

Claro que hechos como el de las amenazas, o la bomba en Medellín de esta semana, generan un ambiente poco propicio dentro del Congreso para que propuestas tan interesantes como esta sean tenidas en cuenta.

Lo que nos devuelve al tema de la negociación en medio del conflicto. Acaso es imposible pensar que ahora que se ha avanzado tanto en el proceso de diálogo, la negociación para obtener un país distinto que absolutamente todos queremos se haga en otras condiciones? Las acciones armadas y en especial los actos violentos contra los ciudadanos inermes van en detrimento de toda opción política futura por parte de las Farc. Su nivel de favorabilidad política que hoy es inexistente según las encuestas está directamente ligado a estos hechos. Y si a lo que le apuestan es a ser una verdadera alternativa política, qué mejor que dar de una vez el paso antes de que se desmadren los frentes y las ambiciones personales de quienes tienen cierto grado de autonomía militar en esta organización.

De otra manera no hay posibilidad distinta a que los colombianos crean cada vez menos en un proceso de paz que anda a los trancazos . Lo que definitivamente es una irresponsabilidad histórica, pues lo que está en juego es nada más ni nada menos que el futuro del país.

Los hechos de paz que se le exigen a la guerrilla deben comenzar a darse. Y el Plan Colombia, igualmente, representa una oportunidad para que este sea verdaderamente un plan de paz.

Pero hace falta que las Farc, de una vez por todas, entiendan que las acciones armadas ya son un costo impagable a los ojos de una comunidad nacional e internacional que les ha abierto las puertas, pero que también espera que estas actúen en reciprocidad.

Un cese del fuego permanente, incluidas obviamente las acciones como el secuestro, permitirían que el Plan Colombia sea un verdadero motor de cambio social. Que la ayuda estadounidense en vez de militar sea de sustitución real de cultivos y que las puertas de la ayuda económica de la Unión Europea se abran de par en par.

Las Farc tienen la palabra.

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