PARA QUÉ TRÍO SI BASTABA DÚO

PARA QUÉ TRÍO SI BASTABA DÚO

Abrió su temporada de conciertos la sala Arango del Banco de la República el pasado miércoles, con el Trío Sonnerie, de Inglaterra, dirigido por la violinista Monica Huggett, con el clavecinista Gary Cooper, la violista de gamba Emilia Benjamin y la participación del barítono Thomas Gutrie.

20 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Se escucharon: la Sonata en mi menor para violín y continuo, Nisi Dominus para violín, voz y continuo y la Sonata en fa mayor para violín y continuo, de Heinrich Franz von Biber. De Nikolaus Bruhns, la cantata Mein Herz ist bereit para violín, voz y continuo, de Johann Schenck, la Sonata en la menor L echo du Danube para viola de gamba, además de la Fantasía cromática y Fuga en re menor BWV 903 para clavecín, y la Sonata No. 5 en fa mayor BWV 1018 para violín y clavecín, ambas de Johann Sebastian Bach.

Para comenzar no contó con suerte la sala al pedir prestado al Departamento de Música de la Universidad Nacional el clavecín utilizado, pues resultó un instrumento sordo que desbalanceaba la sonoridad con el violín. Sorprendió en todas las obras la inclusión de la viola da gamba, que daba algún apoyo al continuo pero no era una sonoridad importante y no justificaba ese instrumento agregado.

Monica Huguett, excelente violionista y virtuosa, realizó un magnífico trabajo en el que alcanzó bellas sonoridades, matices y colores. Su manejo del arco es prodigioso. Cooper por su parte mostró sus calidades de ejecutante, su buena escuela y su virtuosismo en la Fantasía y Fuga de Bach, aunque su actuación habría podido ser más brillante si hubiera contado con un instrumento idóneo. En cambio la violista Emilia Benjamin, en la obra de Schenck, dio apenas una lección de conservatorio. En cuanto al barítono Thomas Gutrie, sus intervenciones fueron formidables. Hermosa voz, impecables agilidades, elegante fraseo, perfecta dicción, manejo exquisito de los matices, y sobre todo, una gran expresividad y sentido dramático. Lástima eso sí, que en ciertos pasajes del registro grave su voz se perdiera ante la sonoridad del violín.

Mostraba el programa la influencia de la música italiana en la germánica, y desde ese punto de vista fue una feliz ocasión de oír obras desconocidas, unas de mayor complejidad que otras, unas más interesantes que otras, pero fue oportunidad de constatar el genio del gran Bach frente a algunos de sus contemporáneos. Lástima los programas de mano editados de manera muy confusa, ya que no seguían fielmente el orden de las obras presentadas.

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