MUERTE EN VENECIA

MUERTE EN VENECIA

El cinco de marzo pasado, domingo, los esposos Luz Mary Rodríguez (32) y Luis Alfonso Ramírez (36), un cultivador de arveja y lulos del municipio de Venecia (Cundinamarca), permanecieron cerca de once horas llorando sentados en la sala de su humilde vivienda a la espera de los médicos forenses del CTI de Fusagasugá. En la cama de la joven pareja, descansaban los cuerpos sin vida de los niños Diego Fernando (4) y Walter René (9), hijos del matrimonio, y el de Asdrúval Egidio (14), primo de éstos.

20 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Los tres habían sido estrangulados y atados uno del otro de los pies con la pita de una hamaca. Asdrúval Egidio, el mayor, tenía golpes en sus testículos producto de las patadas que le propinaron los asesinos. El menor, la columna vertebral partida. René, el más vivaz e inteligente de los tres, presentaba contusiones severas en las costillas. Los dos menores estaban en calzoncillos, sin camisa y cubiertos de pies a cabeza con una cobija cuatro tigres, blanco y negro. El mayor, vestido pero descubierto y con espumarajos en la comisura de los labios.

Usted no sabe lo que yo sentí al ver a mis chiquitos muertos , dice Luis Alfonso, entornando unos ojos vidriosos. Desde las 12:30 de la madrugada del domingo hasta las 11 de la mañana del mismo día, los Ramírez Rodríguez, por orden del alcalde de la población, Reynel Silva Marroquín, sólo podían contemplar los cadáveres. No tocarlos. Los cuerpos debían permanecer tal como los encontraron para facilitar la investigación de las autoridades. De vez en cuando se asomaban a la habitación. No podían creerlo. Entonces, las lágrimas aparecían de nuevo.

La joven pareja había salido a eso de las 6:30 de la tarde del sábado 4 de marzo rumbo a la capilla de la población. Estaban invitados al casorio de Jairo Ancízar, el hermano mayor de Luis Alfonso, y Yolanda Valenzuela. Yo les pregunté si querían ir al matrimonio , dice Luz Mary. Pero ese día continúa la mamá y tía de los menores muertos , a diferencia de otros en los que siempre se quieren pegar, dijeron que no, que no querían ser un estorbo para los mayores. Que se quedaban, pero que al otro día, domingo, los dejáramos ir a la cancha de micro .

Sopa de pollo En efecto, en la polvorienta casucha de tablones de pino rústico forrados en papel periódico y techos de zinc empotrada sobre un montículo de cordillera erosionado a la orilla de la carretera, los tres menores se quedaron sentados al comedor tomándose una sopa de pollo. Se despidieron de beso. Rieron. Estaban contentos , dice Luz Mary, estrechando entre sus brazos a John Wilmer, el menor de dos años que se salvó por haberse ido con sus padres a la fiesta.

A 80 pasos de la casa de los niños, en la vía al municipio de Venecia, los hermanos Isidoro y José Guillermo Alarcón Martínez y su primo William Ortiz Alarcón, departían en Puerto Machete, una tienda de venta de licores. Cuando pasamos nos saludaron, como siempre , dice Luis Alfonso. Eran conocidos nuestros y de los chiquitos . Incluso, advierte Luz Mary, a William y a su mujer les dimos posada cuando ella estaba en embarazo. Yo misma la acompañaba al centro médico , recuerda adolorida.

Una de las 18 personas que tomaban ese sábado cerveza en Puerto Machete, le comentó a la pareja días después que uno de los hermanos Alarcón exclamó, apenas los vio pasar rumbo al matrimonio, buena que va a estar la fiesta! . Los tres celebraron a carcajadas el apunte.

Una vez se acabó la ceremonia religiosa, los esposos Ramírez Rodríguez salieron con la nueva pareja hasta la casa de los suegros, ubicada a medio camino entre la población y la casa donde estaban Diego, René y Asdrúval. Yo realmente quería seguir derecho, pero nos convencieron de que los acompañáramos un rato más , se lamenta Luz Mary. En la reunión familiar, los invitados oyeron música, charlaron, se rieron y comieron arroz con pollo.

Como a las diez de la noche, dice la mujer, me entró un afán terrible por irme. Mi suegra me dijo: Ya le entraron las churrias . De nuevo la convencieron para que se quedara hasta la repartición de la torta. Pasada la medianoche, los Ramírez salieron rumbo a la casa. El casado se ofreció a llevarlos en su Renault 6 rojo.

Luces encendidas Yo les llevaba tortica para que comieran , dice Luz Mary. Nos despedimos de mi hermano , interviene el atribulado papá. A Luis Alfonso le pareció extraño que todas las luces de la casa estuvieran encendidas. Que el candado del portón estuviera abierto. Y la habitación del mayorcito. Y la cocina. La alcoba de la pareja, en cambio, estaba entreabierta. Un poco ajustada.

Llegué a besar a mis hijos. A despertarlos para que comieran torta , dice Luz Mary. Este chino , dijo en broma Luis Alfonso refiriéndose a Asdrúval, está como muerto . Muertos estaban sobre una cama de trébol marmolizada. Luz Mary, con John de brazos, gritaba como loca. Los asesinos habían hurgado las dos mesas de noche. El chifonier estaba revolcado. Luis Alfonso salió a gritarle a la noche. Se dirigió a Puerto Machete a pedir auxilio. Nadie le abrió. El carro de su hermano se lo había tragado la oscuridad. Corrió dos kilómetros y medio, hasta el pueblo, a avisarle a la policía. El teniente Alexánder Gutiérrez, por ser el Sumapaz zona roja, sólo se pudo movilizar hasta las seis de la mañana. El alcalde se apersonó del asunto.

Los niños presentaban moretones en el cuello. Los asesinos se habían robado un betamax Samsun y una licuadora plástica Samurai, ahora en poder del CTI de Fusa. Un bafle del equipo de sonido lo habían abandonado en el patio. Hoover, un cachorro french poodle propiedad de los Ramírez, había ladrado entre las 11 y las 11:30, según comentó Clara González, esposa de Vicente Muñoz, propietario de Puerto Machete. Carmen González, una señora negra de cabello lacio que habita la hacienda El Borneo, encontró en una cuneta la licuadora y el betamax. Los asesinos habrían amanecido durmiendo en la tolva de una desfrezadora de café abandonada en su patio.

El lunes seis de marzo, a eso de la medianoche, un anciano de la población de Pandi, llegó hasta el comando de policía para avisar que Guillermo Alarcón, uno de los sindicados, había reaparecido. A las tres de la madrugada activaron un plan para su captura. A las cinco lo retuvieron en su casa. Eliodoro, su hermano, quien también había desaparecido después del crimen, fue detenido en Tenjo. A William Ortiz, el primo de los dos, en una finca en Sabaneta. Las autoridades están tras la pista de un cuarto hombre, Ever Romero, sobrino de los Alarcón.

Ellos dice Alix Torres, profesora de la Escuela Rural Sabaneta Baja eran muchachos normales. Guillermo tenía problemas de habla y Lolo (Eliodoro) hacía pataleta, pero no daba patadas. Los papás de los Alarcón son buenas gentes. Los de William están separados , advierte quien fuera profesora hace diez años de los dos hermanos y el primo sindicados del múltiple homicidio y también, hasta hace dos semanas, de los dos hermanitos y el primo asesinados.

Esta semana deberán comparecer ante la Fiscalía 18 personas vinculadas al proceso. Desde 1998, los 4.500 habitantes de Venecia no se estremecían con una noticia como esta. Entonces, el padre Jorge Luis Botero Henao, el mismo que casó a la pareja Ramírez Rodríguez y quien había bautizado a los niños protagonistas de esta historia, fue ultimado a balazos cuando salía de oficiar una misa en el hogar infantil de la población. Sólo la Fiscalía podrá esclarecer el caso, pero los padres de los menores, quienes alquilaron una casa en la población para no volver al escenario del crimen, están seguros: Los mataron porque los niños los reconocieron .

FOTOS 1. Luis Alfonso Ramírez con su hijo John Wilmer, de dos años, en el escenario del crimen. A la izquierda, la alcoba del matrimonio donde fueron estrangulados los tres menores. La casa fue abandonada por los padres de las víctimas.

2. Luz Mary Rodríguez y John Wilmer, el menor que se salvó por haberse ido con sus padres a la fiesta.

Foto William Fernando Martínez/EL TIEMPO DESTACADOS 1. Pasada la medianoche, los Ramírez salieron rumbo a la casa. El casado se ofreció a llevarlos en su Renault 6 rojo.

2. Esta semana deberán comparecer ante la Fiscalía 18 personas vinculadas al proceso.

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