EL NIDO DE LOS PROBLEMAS

EL NIDO DE LOS PROBLEMAS

De tantas caracterizaciones que suelen hacerse, hay una que hemos encontrado de sopetón en medio de la lucha que libramos para construir hechos de cooperación; son rasgos que se han vuelto evidentes, casi un lugar común.

01 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Aunque en estos temas nada es absoluto, pensamos que existen, además de los indolentes, tres tipos de personas: aquellas que sólo tienen problemas, aquellas que dicen tener soluciones y aquellas que teniendo problemas están conscientes que deben ser parte de la solución. Es claro que las dos primeras se nutren mutuamente; quienes tienen problemas desarrollan dependencia de quienes prometen ser solución y estos a su vez viven de vender esperanzas a los desesperanzados. Lo grave de esta viciosa y hasta morbosa relación es que no conduce nada, después de tantos ires y venires al final se cae en cuenta que se ha caminado en círculo y se está en el punto de partida, que los problemas subsisten con mayor intensidad, que la fe se ha menguado y el escepticismo está invadiendo la voluntad colectiva. Este es nuestro drama! En Colombia -en el Tolima ni se diga- se protesta por todo cuanto nos afecta, protestamos contra los patronos, la guerrilla, los Estados Unidos, los políticos, los gobiernos, los monopolios, la justicia, los paramilitares, los banqueros; en fin, acumulamos años y generaciones protestando y como respuesta sólo obtenemos una situación más precaria cada día. Entendemos, claro está, que la protesta es necesaria, es más, la protesta es casi el único medio para que se le paren bolas a los problemas; pero definitivamente no creemos que la protesta sea el único medio pues está demostrado que casi siempre termina en parada de bolas y nada más. Pensamos que no puede haber protesta sin propuesta y la propuesta requiere mucho más que un espíritu contestatario. Hoy como nunca, se impone la urgencia de los grandes hechos de convergencia de todos los sectores en dificultades -que en ultimas somos todos- para examinar los defectos estructurales y asumir papeles protagónicos de solución. Necesitamos entender que atacando problemas sueltos poco o nada conseguimos -a veces terminamos chocando entre nosotros mismos- y por ello la búsqueda debe dirigirse al nido de los problemas. Sabemos que no es fácil, porque tenemos debilidad de liderazgo y visión de corto plazo, además hemos sido sentenciados a la pasividad y la paciencia por una educación que nos impuso como mayor virtud la resignación y la pobreza y nos confunde para que no asumamos los desafíos del progreso. El falso esquema de vivir esperanzados en quienes viven de la venta de esperanzas debe superarse para dar paso a los espacios de análisis colectivo, a los pactos sectoriales y sociales que tengan una direccionalidad, a las consultas hechas con honradez y seriedad para conocer el sentir de los demás y, algo muy importante, que lamentablemente nuestros dirigentes han evadido: la construcción de una visión colectiva de futuro, unos imaginarios que nos unan en el propósito de romper el círculo vicioso del atraso y le den sentido y orientación a los esfuerzos compartidos.

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