LO QUE CORRE POR DEBAJO:

LO QUE CORRE POR DEBAJO:

21 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Uno de los cien operarios que destapan alcantarillas en Bogotá se llama Manuel Hernández. Por cierto, pomposo nombre de poeta, aunque su trabajo no sea motivo de inspiraciones. Y menos de aspiraciones. Pero a él le gusta. O es mejor decir, en este caso, está conforme, y siente que hace el bien, sin mirar a quién.

Estudió culinaria, pero con este desempleo, él y muchos más tuvieron que pasar a las aguas negras, a esas ollas podridas que cocinan los bogotanos a diario, en las que se revuelven con olores muy lejanos al buen guiso los más insólitos elementos. Puede aparecer un caballo muerte cobijado con un grueso abrigo que una señora resolvió lanzar al caño; juguetes, pañales, una retorcida bicicleta, llantas, termos, desechos de construcción, el infalible chandoso muerto, porque los de pedigrí reciben sana y cristiana sepultura.

Ningún trabajo es deshonra y todos dignifican al hombre aunque otros, como estos, dignifican los trabajos , siempre habrá alguien que lo desempeñe, así sepan, como en este caso, lo que les corre pierna arriba; pero ojalá estos sean reconocidos, mejor remunerados. Y también valdría la pena crear un concurso a ver qué objetos más raros y de más tamaños metemos en el sifón. A lo mejor alguien logra meter el colchón. Inclusive con un amante a bordo, en casos de emergencia.

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