PRESIDENTE CHIBCHA!

PRESIDENTE CHIBCHA!

Amenacé en mi artículo Indio cochino que iba a continuar el tema. Como buen colombiano, aquí estoy cumpliendo la amenaza. Decíamos que los colombianos carecen ( yo no!) de identidad nacional. Se entiende por tal, tener raíces y sentido de honda pertenencia a Colombia y a todo lo que ella significa y entraña. El que no tiene raíces es víctima de todas las ventoleras.

21 de marzo 2000 , 12:00 a.m.

Me gustan los ejemplos. Llega un futbolista argentino y la prensa habla del deportista gaucho, y el hombre se ufana de serlo. Nos visita un boxeador guatemalteco y los medios lo llaman el pegador maya, con gran contento suyo. Llega Vargas Llosa y la televisión habla del escritor inca y el hombre se siente orgulloso. Viene el Presidente de Brasil y lo llamamos carioca y el mandatario sonríe satisfecho. Aparece Verónica Castro y la llaman artista azteca y la mujer saca pecho ( y qué pechazos, my God!). No he oído que llegando nuestro Presidente a otro país la prensa lo llame Presidente chibcha. Eso, incluso, podría tomarse a insulto. Lo dicho: a los colombianos nuestro origen nos averguenza. A nuestro equipo de fútbol tampoco lo llaman combinado chibcha. Con un pueblo de acomplejados nunca forjaremos una nación grande.

Que viajen al extranjero quienes han recibido amenazas de muerte o de secuestro es apenas lógico. Pero se han ido del país cientos de empresarios, no porque estén perdiendo dinero, sino porque no ganan las millonadas de antes. Se van víctimas de su propia codicia. Otros no se irán porque las circunstancias no se lo facilitan. El amor a la patria, como la amistad sincera (no la interesada), se prueba en los momentos difíciles.

Los Caminantes del Retorno un grupo serio de ecoturismo llevaban a unos niños a visitar una laguna; los muchachitos iban todo el tiempo hablando en inglés. Los Caminantes preguntaron por qué y recibieron esta respuesta: Hablar castellano, qué oso! . En otras palabras, hasta hablar nuestro idioma nos da verguenza.

Se quema una ladera de Machu Picchu y la Unesco envía ayuda a Perú para conjurar el desastre. Vi a un borrachito dañar una piedra de una pirámide de Teotihuacán; la prensa publicó la noticia con gran despliegue; todo el universo de la cultura ofreció ayudar a México para restaurar el monumento. Al David de Miguel Angel un loco le dañó una uña. El mundo acompañó a Florencia y a Italia en su dolor y ofrecieron técnicos para restaurar la estatua.

Mi pregunta es: qué tienen (tenemos) los colombianos, que, dañado por terrorismo, afectado por un fenómeno natural, deteriorado por el tiempo, suscite la ayuda internacional? Nada. Porque nada tenemos como sagrado. Acaso la primera dama de este país, esposa de un ex presidente bastante reciente, no solicitó que le dieran la balsa de oro de El Dorado y el poporo de oro quimbaya para regalarlos, la primera a la reina de España y el segundo a la emperatriz del Japón, con motivo de los 500 años? Hubo conmoción nacional, hubo casi revuelta, hubo acalorados y sangrientos debates? Nada.

Yo troné día y noche contra esa locura, ese despropósito, esa imbecilidad. Menos mal que el Banco de la República se mantuvo firme. De otro modo, por culpa de la mismísima Presidencia de la República hubiéramos perdido nuestros tesoros más preciosos. Y tampoco hubiera pasado nada. (Este alegato debe forzosamente continuar algún día.)

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.